El Consenso de Washington: El causante desconocido

El Consenso de Washington, del que poco se conoce y aún menos se habla, es el nombre utilizado para denominar el listado de políticas económicas consideradas por los organismos internacionales y centros económicos con sede en Washington D.C. como la mejor receta de medidas a aplicar en los países latinoamericanos durante los años 90, las cuales se consideraban imprescindibles para abordar e impulsar el crecimiento económico.

En realidad, dicho listado, se convirtió en el programa general de principios económicos e ideológicos a llevar a cabo en muchos otros lugares.

¿Cómo surgió?

Formulado originalmente por el economista inglés John Williamsom en un documento elaborado en 1989, cuyo título era “What Washington Means by Policy Reform”.

Precisamente, 1989, año del derrumbe del Muro de Berlín y de los sistemas estatistas y planificadores. Por lo tanto, en este contexto de aparente triunfo del neoliberalismo y el sistema de libre mercado, frente a sistemas intervencionistas, surge el Consenso de Washington para marcar el camino de las reformas que debían seguir los países de América Latina para salir de la crisis de deuda externa que sufrían desde 1982.

En este contexto mundial, y ante las posturas de John Williamsom, el Instituto de Economía Internacional (perteneciente al Banco Mundial) decidió convocar una Conferencia.

En el documento elaborado por Williamsom, se formulaban diez puntos, que a la larga no solo serían un paquete de medidas para América Latina, sino generales. Son:

1) Disciplina presupuestaria: No más déficit fiscal. Presupuestos balanceados.

2) Cambios en las prioridades del gasto público: Con el objetivo de reducir el déficit presupuestario, se debe aumentar la recaudación tributaria. Así mismo se cataloga el gasto público en tres categorías diferentes: subsidios, educación y salud, inversión pública.

El objetivo era reducir los subsidios hasta llegar a su eliminación. Ese gasto en subsidios, improductivo según ellos, debería reubicarse en educación, salud e inversión pública.

3) Reforma fiscal: Buscando bases imponibles amplias y tipos marginales moderados.

4) Los tipos de interés: Dos principios fundamentales: Los tipos de interés deben ser determinados por el mercado para evitar distorsiones en la asignación inadecuada de recursos y ser positivos en términos reales para desincentivar las evasiones fiscales y fomentar el ahorro.

5) Tipo de cambio de la moneda: Se considera que debe ser determinado por el mercado, aunque lo esencial es que sea competitivo, para así promover las exportaciones.

6) Liberalización del comercio internacional: Eliminación de barreras aduaneras.

7) Eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras directas:Aunque no fue una prioridad, se pensaba que la inversión extranjera directa (IED), podía aportar capital, tecnología y experiencia para la producción de bienes necesarios para el mercado interior o contribuyendo a nuevas exportaciones.

8) Privatizaciones: Basándose en la supuesta eficiencia superior de las empresas privadas, se promovía toda privatización de las mismas para reducir la presión sobre el presupuesto, pues a corto plazo el Estado haría caja, y a la larga se evitaría realizar inversiones.

9) Desregulación de los mercados: Medida tomada por considerarse que fomentaría la competencia, en especial en América Latina donde estaban las economías de mercado más reguladas.

10) Protección de la propiedad privada: de importancia fundamental para el desarrollo de la economía de mercado.

El Consenso de Washington, cuyas medidas se aplicaron en los años 90 en toda Sudamérica, no lograron los objetivos esperados, y por lo tanto fracasaron al no lograr el crecimiento esperado, además de conllevar un aumento de la pobreza y una disminución de las oportunidades.

Hoy en día, estas medidas siguen estando vigentes, no por válidas, sino porque siguen siendo promulgadas e impulsadas por los organismos internacionales, en especial por el FMI, la Unión Europea y el excesivo peso de Alemania en la toma de las decisiones. Las similitudes llegan hasta tal punto, que si en 1982 cuando estalló la crisis de deuda soberana de México, el FMI y el Banco Mundial fueron los escogidos para poner orden en el cono sur a base de préstamos, a cambio de establecer ciertas reformas financieras. En la versión actual, es Alemania la que hace y deshace a su antojo, con la ayuda inestimable del FMI.

Pese al fracaso del Consenso de Washington, y del dogma neoliberal, se ha seguido impulsando este último, pese a la crisis que explotaba en 2008 y en especial las medidas del Consenso de Washington. Basta ver el camino que ha tomado Grecia y el resto de países intervenidos, para darse cuenta de las duras imposiciones a las que son sometidos los Estados que acuden en busca de liquidez a estos organismos, y que al final, dichas imposiciones, solo buscan que los acreedores puedan cobrar.

Momento para recordar que en los años 90 en Sudamérica, las políticas impuestas supusieron que las élites económicas conquistaran mercados y acumularan beneficios, a la vez que tenían importantes impactos negativos en las condiciones de vida de las personas y en el bienestar social. Además, tampoco garantizaron ni consiguieron el ansiado crecimiento económico o el equilibrio, sin olvidarnos que no han permitido superar los problemas de sobreendeudamiento, perpetuando e incluso agravando la crisis de la deuda externa de los países empobrecidos.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

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