Puntualizaciones sobre el Estado de Bienestar y el Modelo Español

EDUARDO BAYÓN | Tomando como punto de partida la clasificación realizada por Esping-Andersen de los Estados de Bienestar, basándose en su relación con la desigualdad social, delimitamos dicha clasificación entre modelos minimalistas y maximilistas.

Partiendo de esta base, queda completamente descartado considerar al EB como la última fase o culminación de los Estados Modernos, la extensión de los derechos civiles, ni mucho menos como consecuencia del desarrollo del capitalismo. El EB es por tanto, la expresión de un acuerdo o pacto social entre diversos actores sociales y/o políticos en busca de la cohesión social necesaria para el buen funcionamiento de la economía y de la sociedad en su conjunto.

Pero no todos los EB son iguales, sino que varían de un Estado a otro dependiendo de los distintos factores económicos, culturales y políticos.

En su versión más minimalista, nos encontraríamos con el EB liberal, o mejor dicho asistencial, claro ejemplo de ello es Estados Unidos, cuyos movimientos obreros han sido débiles en comparación con otros países y como consecuencia de ello, la política no ha estado especialmente influida por las organizaciones de clase. Sin que existan sistemas públicos y universales de salud y educación, este modelo confía al mercado la gestión del bienestar, dejando solo al Estado políticas puntuales con el fin de evitar el umbral de la pobreza.

Entre medias encontramos el modelo predominante en la Europa Occidental, el denominado Estado de Bienestar Corporativo, pese a contar con sistemas públicos y universales tanto en educación y sanidad, tiene el hándicap de subordinar toda la protección social a la capacidad contributiva. Por lo tanto, hace depender los derechos sociales de la participación laboral. Consecuencia de ello, convierte a los varones adultos en los principales beneficiarios, perjudicando a las mujeres por las restricciones que encuentran o han encontrado y las sitúa en una posición dependiente, y por otro lado, considera a los grupos sociales en función de su capacidad contributiva, por lo tanto reproduce las desigualdades sociales.

En una concepción maximilista del EB encontramos el modelo Socialdemócrata, el existente en los países escandinavos . Teniendo como objetivo del pleno empleo, tiene la capacidad de fomentarlo y estimularlo y en especial la incorporación de la mujer al mercado del trabajo se ha logrado en unos niveles desconocidos en el resto del mundo. Todo ello conlleva el aumento de capacidad fiscal recaudatoria, que combinada con una gran presión fiscal, facilita y permite que la aplicación de los derechos sociales funcionen con cierta independencia del mercado laboral y en términos universales. Cabe matizar, que pese a la superioridad de dicho modelo, se ha apostado más por la igualdad de oportunidades y la movilidad social, que por la reducción en si de las desigualdades.

Congreso de los Diputados, Madrid. / EDUARDO BAYÓN
Congreso de los Diputados, Madrid. / EDUARDO BAYÓN

El modelo español (que nunca ha sido un EB Socialdemócrata), responde a una variante del EB corporativo, denominada mediterránea. Se caracteriza por la dualidad entre los beneficios contributivos y la escasa importancia de las prestaciones asistenciales, así como un perjuicio hacia los jóvenes a favor de los viejos, al mismo tiempo que queda patente una tendencia a dejar en manos de las familias capacidades y decisiones que en el modelo socialdemócrata serían transferidas al Estado.

Con la complicidad por parte de sindicatos, en especial durante los años 80 de reconversión industrial, donde la urgencia por buscar salidas a tantos trabajadores de mediana edad conllevo que todos los esfuerzos sociales se volcasen en ellos, dejando de lado las prestaciones sociales juveniles como la búsqueda del pleno empleo de este sector así como de la población en su conjunto.

A la vez que la conversión en árbitros electorales de los segmentos envejecidos de la población,  cualquier posibilidad de redistribución en su contra se vuelve imposible, tanto es así, que durante la reforma de las pensiones llevada a cabo por los gobiernos de Zapatero, se prefirió tocar y reducir la cuantía de las pensiones futuras a las presentes.

Por otra parte, se hace necesario un modelo familiar claro, y más ante el desmembramiento sufrido por la cultura patriarcal predominante en los países latinos hasta hace bien poco. Por ello debe apostarse por la desfamiliarización hasta sus últimas consecuencias, tal y como ocurre en los estados escandinavos.

Con la crisis económica y el empuje neoliberal que azota Europa, se ha puesto en cuestión todo servicio público, precisamente en busca del modelo asistencial que impera en Estados Unidos.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

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