Kennedy: 50 años después de los 1000 días

El 22 de noviembre de 2013 se cumplen cincuenta años del asesinato del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. La vida y muerte de JFK ha dado lugar a toda clase de teorías conspiratorias, publicaciones, películas y documentales basadas mayoritariamente en ese fatídico día en el que el presidente fue abatido por las balas de un rifle de 15 dólares en Dallas.

Esos mil días de presidencia han sido valorados con el sesgo de su trágico final pero, muchos se han preguntado que hubiera ocurrido de haber terminado Kennedy su mandato e incluso haberlo renovado en la siguiente legislatura. Todo serán por siempre especulaciones.

Kennedy sustituyó a un anciano Eisenhower, ganándole la candidatura demócrata a un experimentado Adlai Stevenson y nombrando vicepresidente a uno de sus principales detractores y rivales Lyndon B. Johnson, que le sucedería tras su muerte.

La década de los sesenta comenzaba con la necesidad social de todo el planeta de los vientos de cambio que comenzaran a erosionar el temido Telón de Acero, despertarán a Europa del letargo de una larga postguerra marcada por la dependencia económica y política de Estados Unidos y desarrollaran un avance tecnológico más allá del armamentístico.

La campaña electoral de Kennedy supuso en si misma, una revolución en cuanto a comunicación política. Toda su familia se movilizó en sus conocidas “meriendas” para impulsar su campaña invitando a todas las personas que pudieran promover su elección. Viajó incansablemente por casi todos los Estados Americanos para hacer campaña. El debate con Richard Nixon cambió la Historia televisión siendo el primer debate político televisado y Kennedy supo ganarse a la audiencia cuidando cada detalle al máximo. Los electores de todo el país, que no tendrían la oportunidad de ver a JFK en persona, pudieron tenerle en las pantallas de sus casas en tiempo real. Curiosamente los que siguieron el debate por la radio dieron por ganador a Nixon, que no supo convencer bajo los focos y delante de las cámaras.

JFK ganó las elecciones por un escaso margen a pesar de ser joven y católico o quizás por ello. Su capacidad de seducción se incrementó con su discurso inaugural como presidente electo el 20 de enero de 1961 y muchas de sus frases son aun hoy recordadas y se veneran como paradigma de la invitación a los ciudadanos a serlo plenamente, así como su fortaleza, determinación pero invitación a la solución de la guerra fría, entonces más caliente que nunca.

La Casa Blanca fue bautizada como Camelot y la primera dama Jacqueline Kennedy, abría sus puertas a los norteamericanos a través de la televisión invitando con su elegancia a creer en un mundo nuevo en el que todo era posible, que su marido pretendía promover en cada discurso derrochando simpatía y carisma.

Supo rodearse además en su mandato por algunos de los jóvenes cerebros más respetados del país componiendo un equipo de asesores que brillaban con luz propia incluso a la sombra de JFK.

John F. Kennedy pronuncia su famoso discurso en Berlín, junio de 1963.

En esos mil días su principal logro fue contener las ansias bélicas de sus comandantes y no cejar durante 13 días hasta conseguir una solución negociada con el mandatario ruso Nikita Jruschov en la Crisis de los Misiles de Cuba . La noche del 27 de octubre de 1962, el mundo estuvo más que nunca al borde de la destrucción nuclear. Su más sonoro fracaso, la invasión de la Bahía de Cochinos en Cuba, donde su inexperiencia, pues llevaba menos de cien días en el cargo, junto con el empeño de la CIA y otros poderes perennes del estado, le obligaron a tomar la decisión de intentar derrocar a Fidel Castro. Durante su mandato, la URSS separaría durante décadas Alemania por ese vergonzoso Muro en el que Kennedy trató de infundir esperanza con su “Ich bin ein berliner” que a pesar de los miles de caídos tratando de abrazar la libertad que el joven presidente promovía con su sola presencia, dio aliento a los alemanes occidentales y sigue siendo recordado.

Kennedy ha sido duramente criticado por su compleja vida personal, con escándalos destapados tras su muerte ya que en la época los medios daban menos importancia a avatares escabrosos de índole sexual. Años después se ha sabido también de la delicada salud del presidente que aquejado de Adisson se presume que no hubiera superado la cincuentena y padeció a lo largo de su corta vida duras enfermedades, intensos y permanentes dolores, difíciles operaciones de espalda agravadas en su participación en la Segunda Guerra Mundial en la que se convirtió en héroe de guerra y donde perdió a su hermano mayor Joe.

Muchos se hacen eco de los escasos logros políticos de JFK ya que sus proyectos no fueron materializados en esos mil días aunque muchos los llevaría a cabo después su sucesor Johnson.

Cincuenta años después, sin embargo, los que no recuerdan por haberlo vivido son capaces de reconocer al que en su tiempo fue el presidente más joven de Estados Unidos, desbancado en edad por Barack Obama, el primer presidente negro de un país donde las voces que dieron el impulso definitivo para que se reformaran las leyes civiles y los ciudadanos negros comenzaran a serlo de pleno derecho, comenzó bajo la presidencia de JFK. “I have a dream” gritaba en el Capitolio Martin Luther King antes de ser recibido por John que días antes llamaba al orden sin paliativos al gobernador de Alabama, por sus medidas racistas cuando los negros aun no podían votar pero contaban con la “exclusividad” de aseos y asientos en los autobuses.

Muchas de las propuestas de John Fitzgerald Kennedy se quedaron en fantasías que parecían inalcanzables como la llegada del hombre a la luna o el paulatino desarme nuclear pero, en mil días un hombre cambió para siempre la forma de hacer política y convirtió en ilusión y en esperanza de que un mundo nuevo era posible el sentimiento de apatía de la mayoría de los americanos y muchos ciudadanos de todo el mundo.

Kennedy propuso “utilizar el tiempo como herramienta, no como vehículo”. Usó esos mil días para poner los cimientos de algo diferente y en pocos segundos, hace cincuenta años el tiempo le transportó a la eternidad convirtiéndole en una figura atemporal.

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Silvia Brasa

Estudios en ingeniería, politología y derecho. Experta universitaria en solución de conflictos y mantenimiento de la paz internacional. Mis intereses sobre todo se centran en diplomacia, relaciones internacionales, seguridad y defensa, estrategia y energía centrado en como influye en sus principales valedores y usuarios: las personas.

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