La política exterior de España y la crisis económica y social en la UE

EDUARDO BAYÓN | Durante todos estos años de participación de España en el proceso de integración europeo, el resultado del mismo, ha supuesto para nuestro país una alta europeización de su política exterior, tanto por su convergencia con respecto a nuestros socios europeos, como por la transferencia. La convergencia de la política exterior ha conllevado la inserción de España en las instituciones europeas, así como el final del aislamiento, añadiendo de esta forma una nueva dimensión multilateral y nuevos intereses.

En un contexto donde los grupos sociales de cada país, se encuentran de redefinición de su propia identidad dentro del proceso colectivo de construcción europea, los españoles, cuya participación electoral en el Parlamento Europeo es de los más bajos, sin embargo, para la mayoría de los españoles ven como un éxito el proceso de integración europea, al que vinculan la completa modernización socio-económica ocurrida en el país en los últimos treinta años.

Hoy en día, la política exterior no es solo una política pública cuyo objeto sea la maximización de las oportunidades, sino que además debe gestionar y defender intereses económicos, de seguridad, así como articular proyectos colectivos de sociedad civil, vinculándose así la política exterior con la identidad colectiva.

Con la entrada en vigor el 1 de diciembre de 2009 del Tratado de Lisboa, se avanzo notablemente en el proceso de integración, dotándose la Unión del marco jurídico y de los instrumentos necesarios para caminar hacia una Europa más democrática y transparente, así como más eficaz.

Así mismo, cabe identificar el objetivo de la política exterior española, con el mismo que persigue el Tratado de Lisboa, de buscar y conseguir que Europa sea un actor decisivo en la escena global. Para ello, deben ampliarse y fortalecerse los instrumentos con los que cuenta la Acción Exterior europea.

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En lo que respecta a la crisis social y económica, Europa lleva varios años sufriendo la crisis del Euro, que ha superado el ámbito económico y financiero del viejo continente. Es también una crisis política y social, acompañada además por la incapacidad de los Estados miembros para competir con las potencias emergentes, por las cuales nos hemos visto superados. A consecuencia de todo ello, se ha buscado y encontrado un culpable, que no es otro que la propia Unión, a la cual se le acusa constantemente de habernos traído la crisis del Euro, cuando en realidad los culpables son los Estados Miembros.

Existe actualmente un continuado cuestionamiento del proyecto europeo, cuando en realidad, lo esencial en este momento es realizar el camino hacia superar la obsoleta noción de los Estados nación y de quienes siguen viendo en ellos toda la cura a nuestros males, cuando en realidad es desde los mismos, imposible entender y desempeñar un papel principal en el contexto actual de la globalización.

Los países de la eurozona, que deben gran parte de su prosperidad de los últimos años a la creación y existencia del Euro, el mismo que se ha visto amenazado con desaparecer, y que con él fue posible superar los obstáculos monetarios existentes hasta entonces en el comercio europeo, olvidar las diferencias de cambio y desarrollar más el propio comercio de los Estados miembros. Además de otras ventajas como la propia moneda única en sí misma, la baja inflación o los tipos de interés baratos. Pero no todo el proceso ha sido desarrollado con acierto, al contrario, sus más graves problemas perviven desde su creación, cuando subiéndose al carro de la moneda única y sus ventajas, se dejaron de lado, por falta de acuerdo, seguir una política económica y financiera común e igual para todos.

Además, resulta necesario para salvaguardar nuestro bienestar social y nuestra prosperidad, pues desde que estallase la crisis, los Estados miembro no han sido capaces de evitar la deslocalización y mucho menos de preservar nuestros Estados de Bienestar en el mundo globalizado en el que nos movemos, buen ejemplo de ello son las políticas llevadas a cabo en España, Portugal y Grecia. Solo la propia Unión podrá competir a nivel mundial y así garantizar los derechos sociales de todos los ciudadanos europeos, a la vez que sus democracias, y sus aspectos sociales y culturales.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

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