Después del éxito diplomático con Siria e Irán, ¿es el momento de volver al diálogo con Corea del Norte?

JAVIER MARTÍNEZ | Hoy el mundo, o al menos gran parte de él (con la excepción de Arabia Saudí e Israel), se frota las manos con el acuerdo alcanzado durante la noche del domingo entre Irán y las potencias occidentales. Después del trascendental desarme químico de Siria y a pesar de que el nuevo acuerdo sobre el programa nuclear iraní se aplicará durante los próximos seis meses, el pacto supone un hilo de esperanza para otro de los países que su programa atómico supone un grave quebradero de cabeza para la comunidad internacional: Corea del Norte.

No cabe duda de que este acuerdo puede suponer un precedente para retomar la senda de las negociaciones a seis bandas en el caso de la desnuclearización de la península coreana, donde intervienen seis países: China, Rusia, Japón, Corea del Sur, EEUU y Corea del Norte. De todos ellos, los dos primeros son los que se han mostrado más proclives a retomar la senda del diálogo, conscientes de que es la mejor manera de evitar desagradables incidentes como el que llevó a la península coreana al borde de una nueva guerra en marzo de este año, después de que Pyongyang pusiera en marcha su tercer ensayo nuclear y declarara el estado de guerra con Seúl.

Así, y con Corea del Norte como discípulo rebelde y carente de cariño dentro del tablero de piezas en el que se ha transformado el este de Asia, Pekín y Moscú surgen como los progenitores atentos y pacientes ante el díscolo alumno. De hecho, fue el mismo presidente Putin el que durante la semana pasada animó en una entrevista a que se volviese a recuperar la etapa de negociaciones, sin que haya ningún tipo de condición previa o concesión, como se suele pedir desde Washington. Por su parte, China siempre ha sido la que ha mostrado un empeño sustancial en atraer a Pyongyang al diálogo, no sólo por cuestiones de paz, sino porque China sabe de sobra que en el caso del estallido de un hipotético conflicto, su estabilidad en las zonas aledañas a la frontera con Corea del Norte se vería seriamente afectada por la huida masiva de refugiados hacia su territorio. Además, China tampoco quiere oír hablar de tener a las Fuerzas Armadas de EEUU a las puertas de sus fronteras, siempre sabiendo que en caso de conflicto Corea del Norte sería rápidamente derrotada por Corea del Sur y Estados Unidos y se retomaría la unificación inmediata del país al estilo occidental.

En cambio, no parece que Pyongyang, a través de su nuevo y jóvencísimo líder Kim Jong-un, esté dispuesto a ceder en lo más mínimo para retroceder. De hecho, y a pesar de la aparente paz reinante en la península coreana, son cada vez más las voces de expertos que avisan de un nuevo episodio en la escalada nuclear de Corea del Norte. Hace un par de semanas, se alertaba desde EEUU de la posible puesta en marcha del cuarto ensayo nuclear en 2014 por parte de Pyongyang como medida de reclamo para reanudar el diálogo a seis bandas sobre sus planes nucleares. En esta misma línea, durante la semana pasada, el mismo ministro de Defensa de Corea del Sur hacía referencia en el Parlamento de su país de la posibilidad de que su vecino y más ferviente enemigo ya disponga de capacidad total para poner en marcha armamento nuclear enriquecido con uranio. De esta manera, el punto sobre el que podría girar todo el programa de uranio norcoreano se encontraría en la central de Yongbyon. Este reactor nuclear, único capaz de producir uranio, suspendió su actividad en 2007, aunque en los últimos meses se ha demostrado que ha reanudado su producción tras la comprobación a través de imágenes por satélite. Además, la KCNA, agencia de noticias norcoreana, también comunicó que tenía previsto reiniciar la actividad de su reactor.

Con todo ello, la situación se antoja complicada, pero no tanto como lo ha sido durante décadas con el régimen iraní. Quizá lo que haga falta es voluntad política, como ha ocurrido con el nuevo presidente, Hassan Rohani. Iniciativa que no ha existido desde hace tiempo con Corea del Norte, que también ha obrado mal en su intento de mantener a ultranza su anquilosado régimen sobre todo con incidentes como las tres pruebas nucleares que se han realizado desde 2006, además del hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan en 2010.

En este caso, es posible que la posible fuerza que se transmite desde Moscú y Pekín sea trascendental para retomar las negociaciones sobre los planes nucleares de Corea del Norte. Aunque no se debe esperar que todo vaya tan rápido como ha ocurrido con el caso iraní, existe un hilo de esperanza porque en el fondo, el régimen norcoreano sabe que la única posibilidad de la que dispone para seguir gobernando el país es recortar su programa nuclear y mostrar una actitud menos beligerante con su vecino del sur. Ahora falta saber si este nuevo desafío nuclear, el único que ahora mismo queda pendiente del llamado por George Bush como “eje del mal”, será un nuevo éxito de la diplomacia internacional sin que haya tenido que derramarse ni una sola gota de sangre ni haber cargado a tanques y cazas con la munición para entrar en combate.

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