No da igual la desigualdad

RAFAEL DOMINGO | La equiparación de hombres y mujeres es una cuestión siempre polémica. Si añadimos el componente de violencia de género, la cuestión ya es totalmente abrupta.

Es difícil lograr un término medio en las opiniones, que no levanten agrias discusiones sobre ello. Por eso, en un día  como el de hoy, dedicado a señalar, una vez más,  una situación en la que hay tal desproporción cuantitativa en los autores de comportamientos maltratadores, como señalan los datos del Instituto de la Mujer,  en base a las cifras suministradas por el CGPJ, que nos dan una cifra consolidada en el año 2010 de 21.014 hombres enjuiciados, frente a 354 mujeres enjuiciadas, no está de más intentar obviar esa disputa maximalista sobre lo que es  o no es maltratar a una persona, y su verdadero impacto en la sociedad, para fijarnos en las cuestiones positivas que se van produciendo, a nivel de ciudadanos europeos, que es el ámbito en el que, de una manera más o menos crítica, quieren avanzar la inmensa mayoría de personas.

Así, temas como la brecha salarial, el acceso a puestos de responsabilidad o la conciliación de la vida laboral y personal, están siendo estudiados por el Parlamento Europeo, para promover una directiva que marque una cuotas de acceso a los puestos de responsabilidad de los consejos de administración, donde solo hay un 13,7% de mujeres, con datos de 2012. El objetivo es llegar al 40% en 2020.

Aquí surge el dilema de si la política adecuada será la imposición de estas cuotas o no. Hay argumentos en ambos sentidos que pueden ser razonables, tanto en lo referido al uso de unos valores compartidos, como expresa Rodi Kratsa-Tsagaropoulou, eurodiputada griega: Ahora es el momento de inspirar a la gente a nivel europeo, de manera que podamos tener un espacio único, en el que se apliquen los mismos valores y principios, los valores europeos”, o en lo referente al aspecto puramente económico, como nos dice Viviane Reding, comisaria de justicia de la Unión Europea: “Todos sabemos que hay argumentos económicos importantes en esta propuesta. Haciendo uso del talento femenino se mejorarán los resultados de las empresas”. 

Si bien parece lógico que la discriminación positiva debe ser utilizada en las situaciones en las que, sin esa intervención externa, la dinámica normal no parece que vaya a transformarse, a un corto y medio plazo, por sí sola, también es cierto que la imposición automática de esas cuotas puede generar algunos casos poco razonables y operativos para el funcionamiento de algunos de esos consejos de administración,  como expresa la diputada británica en el PE, Marina Yannakoudakis: “El enfoque voluntario está aumentando el número de mujeres en los consejos de dirección. Donde ha habido cuotas, y el ejemplo es Noruega, encontramos que la foto es muy falsa y en realidad no aumenta la participación femenina en el nivel ejecutivo”. 

En ese terreno mediano, donde es tan difícil ubicarse, se ha querido situar la opinión de otro parlamentario europeo británico, Timothy Kirkhope, que nos dice: “Mujeres muy capaces y hábiles, que se están moviendo a través de todos los sistemas que existen actualmente hacia posiciones de éxito en los puestos superiores de la industria, en los puestos de alto rango de la política y así sucesivamente. Sin embargo, yo creo que hay ciertos sectores donde por las circunstancias, debido a las reglas, debido a la historia, no hay suficientes mujeres representadas al más alto nivel y creo que en esos casos, estoy a favor de tomar algún tipo de acción, incluso si es una acción puntual, para hacer que ese balance sea bastante mejor”.

Ciertamente, este parece ser el argumento más razonable para avanzar, de manera conjunta, en la transformación de las pautas de comportamiento, como es el consenso casi general de la UE, que sigue teniendo el la postura del Reino Unido como país más reacio a adoptar normas de obligado cumplimiento en este asunto, a pesar de las opiniones de algunos de sus representantes, como hemos visto.

En otro terreno, más prosaico tal vez, pero que tiene, a mi modo de ver, una gran importancia a la hora de valorar el verdadero poso sexista que existe en nuestras sociedades, me ha llamado la atención esta noticia de hoy:

La Real Academia Española suprime acepciones contestadas por su machismo en 2014. 

Causa sonrojo ver que expresiones como “gozar”, o “masculino”, o “femenino”, todavía se definen en nuestro acervo expresivo como “conocer carnalmente a una mujer”, “varonil, enérgico” y “débil, endeble”, respectivamente. Su supresión en la nueva edición prevista para 2014, no hace sino restañar de manera tardía, la desacertada percepción de nuestras diferencias de género, aunque hay que decir, que la RAE solo es el guardián lingüístico de los usos sociales que todos y todas hemos admitido, de una manera o de otra, durante tanto tiempo.

En definitiva y concluyendo, deberemos seguir reflexionando sobre esta cuestión, seguramente durante mucho tiempo, pues el proceso será lento como concluye el director del DRAE, Pedro Álvarez de Miranda:  “El Diccionario tiene que reflejar la realidad y toma nota de lo que pasa del uso al desuso. Pero el Diccionario no puede acelerar el proceso”.

Así que, si queremos que la desigualdad vaya cediendo el paso a una digna relación entre individuos que son diferentes por naturaleza, pero iguales como sujetos de derechos y obligaciones, deberemos acostumbrarnos a usar un  lenguaje adecuado a ese objetivo, mientras acordamos normas de obligado cumplimiento, tipo cuotas, cuando así lo requiera el sentido común.

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Rafael Domingo

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