Evolución del sistema de partidos español

EDUARDO BAYÓN | La evolución del sistema de partidos en España, ha evolucionado de tal forma, que puede resumirse en las siguientes fases:

  1. Durante la transición (1977-1982). En este periodo se estableció un sistema de pluralismo limitado, sobre los postulados izquierda-derecha, existiendo predominio de los partidos moderados a cada lado del espectro ideológico, correspondiéndose el de la derecha con la UCD, y el PSOE en la izquierda.
  2. Desde las elecciones generales de 1982, hasta las de 1993, existió un sistema de partido predominante, con un PSOE que cosechó tres victorias electorales por mayoría absoluta.
  3. Entre las elecciones de 1993 y 2000, se corresponde con un sistema bipartidista imperfecto, en el que se necesitaba el apoyo de partidos nacionalistas para formar gobierno. Ocurriendo así, tanto en la última legislatura de Felipe González, como la primera de Aznar y del PP.
  4. Mayoría absoluta del PP, 2000-2004. Con el amplio triunfo electoral del PP en el año 2000, se inauguraba de nuevo una época de partido predominante, esta vez a cargo de la derecha español. Pero esto solo duraría la segunda legislatura de Aznar.
  5. Con el triunfo electoral de Zapatero y del PSOE en 2004, se volvía a un sistema de bipartidismo imperfecto, que duraría hasta noviembre de 2011, y durante el cual volvieron a ser necesarios los pactos con los partidos nacionalistas.
  6. Partido predominante a cargo del PP, tras las elecciones generales de noviembre de 2011, en las que cosecha una amplia mayoría.

Durante la transición española (1977-1982), el sistema de partidos imperante, fue el resultado de la distribución del apoyo electoral en las primeras elecciones democráticas de 1977, en las cuales, el PSOE pasó a hacerse con la posición dominante en el centro-izquierda, mientras la UCD hacía lo propio en el centro-derecha. Resultado de estas elecciones, fue una distribución del voto, que en cierta medida resultaba bastante simétrica, pues más allá de las dos fuerzas políticas mencionadas, y según nos alejábamos del centro en el espectro ideológico, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, nos encontramos con los sectores que habían sido más protagonistas durante el franquismo, o lo que es lo mismo, con el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo, y con Alianza Popular, donde se encontraban entre otros Manuel Fraga, o Arias Navarro.

La debilidad del PCE tras las elecciones de 1977, no solo era significativa porque había sido el principal opositor del régimen durante 40 años de dictadura, sino que también lo era, porque no se correspondía con la fuerza que tenía en aquel momento Comisiones Obreras en el ámbito sindical, y que buena cuenta da de ello el triunfo en las elecciones sindicales de 1978.

Pese a la ventaja conseguida por CC.OO. y que buscaba implantar un partido comunista fuerte en España, a través de un movimiento sociopolítico en el que se había convertido el sindicato en la época, siguiendo así los modelos portugués e italiano, pero pese a ello fracasó, y lo hizo básicamente por dos cuestiones:

  1. Una clase obrera joven en cuanto a edad, poco organizada, y como consecuencia de ello, escasa movilidad hacia una ruptura total con el régimen anterior.
  2. La imagen que ofrecía el PCE no era atractiva para la opinión pública. Y no lo era por dos cuestiones esenciales, la primera de ellas es que, gran parte del miedo a los comunistas inculcados a la sociedad española durante 40 años había calado hondo, y la segunda, que esto además, se veía acentuado ante la inexistencia de un congreso de ruptura con la generación de la guerra civil, que por ejemplo si había tenido el PSOE en Suresnes en 1974, poniendo al frente del partido a una generación joven encabezada por los sevillanos Felipe González y Alfonso Guerra.

Con todo esto, finalmente tras traducir en escaños los votos de 1977, se instauraba un sistema donde los principales protagonistas a ambos lados de la izquierda y la derecha, eran los sectores más jóvenes y moderados, dejando muy reducidos al PCE y a AP, además del PSP de Tierno Galván, que finalmente acabaría integrándose en el PSOE en 1978.

Tras esta primera fase, se pasa a un sistema de partido predominante del PSOE en los años 80, por dos factores decisivos:

  • La autodestrucción de la UCD.
  • La política pactista de la UGT, basada en la moderación y la negociación, la llevó a equipararse con CC.OO.  logrando posicionarse por delante tras las elecciones sindicales de 1982.

Así, a partir de 1982, el PSOE no tuvo competencia real hasta el año 89, por lo que durante la década pudo centrarse en tres grandes objetivos: 1º-el saneamiento económico, 2º-la consolidación democrática y 3º-la integración europea.

Todo ello cambio en las elecciones de 1989, donde el PSOE, que había empezado a aplicar políticas redistributivas de mayor intensidad, con el consiguiente aumento de la presión fiscal, se topó con una Alianza Popular, reconvertida en Partido Popular, en un intento de captar a sectores sociales, hasta entonces ajenos a la figura de Fraga. Además de todo ello, debemos tener presente, como el Partido Socialista perdió el entendimiento con los sindicatos, no solo en la huelga de 1988, sino a lo largo de todo este último periodo, y que acabaría siendo decisivo en la pérdida de la mayoría absoluta en 1993.

La tercera fase (1993-2000), se caracteriza por un cierto equilibrio del voto entre derecha e izquierda, y de pactos con los partidos nacionalistas, quienes se convertirían en clave de la situación política. Cabe destacar, como más allá del entendimiento con los nacionalistas, el Partido Popular supo, por necesidad, durante su primera legislatura, poner en marcha una profunda estrategia de negociación con los agentes sociales, que luego acompañada de la mayoría absoluta del año 2000, abortaría por completo.

La cuarta fase, de partido predominante, protagonizada por el PP, acabaría tras la nefasta gestión de los atentados del 11 de marzo, dando lugar a un sistema de partidos, semejante al surgido en los años 90.

Con el triunfo de Rajoy el 20 noviembre de 2011, se volvió a un sistema de partido predominante, que parece, según todo lo hace indicar, que no tendrá continuidad en las próximas elecciones generales, en las cuales se abrirá una nueva fase, donde el desgaste de los que hasta ahora eran los dos grandes partidos (PP y PSOE), pone de manifiesto la aparición de un nuevo paradigma electoral en nuestro país. Como consecuencia directa de la crisis económica, y también política e institucional, todo hace indicar que surgirá una fragmentación parlamentaria, acompañada de una gran abstención electoral (estaríamos hablando del 55% de participación), producto directo de la desafección política que sufre el país.

Los cuatro principales partidos (PP, PSOE, IU y UPyD), se repartirían de esta forma los escaños que antes hacían PP-PSOE, dibujando así un arco parlamentario donde los pactos, e incluso los gobiernos bi o multicolor se harían necesarios.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo. Doctorando en Marketing Político, Actores e Instituciones en las Sociedades Contemporáneas por la Universidad de Santiago de Compostela y Graduado en Ciencia Política y Administración por la UNED; así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Licenciado en Derecho y Máster en Derechos Fundamentales. Especializado en sistemas y partidos políticos, asuntos electorales y por la comunicación política.

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