Putin vs Obama

SILVIA BRASA | El 30 de octubre de 2013 la lista Forbes nombraba a Vladimir Putin como persona más poderosa del año desbancando a Barack Obama que había ostentado este título desde la creación el ranking en 2009, a excepción de 2010 en que fue superado por el presidente chino Hu Jintao.

Para elaborar la lista se tienen en cuenta principalmente cuatro factores: número de personas sobre las que se ejerce el liderazgo, recursos financieros que controla, las múltiples esferas en las que el candidato es poderoso y la utilización activa de su poder.

La revista Forbes ese mismo día se cuestionaba en un artículo si verdaderamente Putin era más poderoso que Obama aclarando que no se ponía en duda el poder de Estados Unidos como nación si no a su presidente.

Putin y Obama son dos líderes mundiales que representan sin ningún género de duda el cambio en las relaciones internacionales y en sus propios países. La comparación resulta tan curiosa como interesante.

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¿Quién es quién?

Vladimir Putin nació en Leningrado hace 62 años. Fue nombrado por Boris Yeltsin tras la desintegración de la URSS como presidente interino en 1998 tras un meteórico ascenso al poder y elegido presidente de la Federación Rusa de 2000 a 2004, revalidando ese año su cargo hasta 2008. Sucedido por su vicepresidente Dimitri Medvedev, continúo como Primer Ministro hasta que en 2012 fue nuevamente elegido presidente.

Es calificado como un hombre frío, de trato difícil; son conocidas sus durísimas declaraciones especialmente por su gestión en el hundimiento del submarino Kursk, la crisis de rehenes del Teatro Dubrovka y su forma de resolución de los conflictos con Chechenia y Georgia en su primer mandato. Hace oídos sordos en lo que se refiere a las críticas recibidas por su falta de respeto por los derechos humanos y hasta el momento ha hecho piña con China en las decisiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Barack Obama nació en Honolulu. Tiene 52 años y lleva ejerciendo cargos políticos desde 1997. Fue senador por Illinois y el quinto senador afroamericano de Estados Unidos de 2005 a 2008, año en que fue elegido por el partido demócrata como candidato a la presidencia. El 4 de noviembre de 2008 Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro de Estados Unidos. Al finalizar la legislatura fue reelegido en 2012 coincidiendo así con Putin en la presidencia de sus respectivos países.

Sus dotes comunicativas y su simpatía le convirtieron tras su primera elección, en el líder más solicitado por todos los países del mundo, ya que representaba el cambio hacia el fin el belicismo de la etapa Bush pero, esto revirtió en duras críticas en su país que le tachan de débil por haberse mantenido en un segundo plano en política internacional en conflictos como el de Libia o por su falta de determinación ante el Congreso liderado por la oposición republicana para llevar a cabo su programa electoral de carácter más social que el de su antecesor.

Lo único que parecen tener en común es que ambos estudiaron derecho y proceden de familias humildes

2012. Juntos pero no revueltos

Una de las propuestas más atractivas de Obama en su programa electoral fue el inicio de la Política de Reset con Rusia para promover un acercamiento que finalizara con las relaciones heredadas de la Guerra Fría y conseguir un nuevo compromiso de desarme nuclear de ambas potencias. De este modo se cumplían las continuas solicitudes de Rusia de ser tratada de igual a igual por Estados Unidos. Con Medvedev a cargo de la presidencia y a pesar de que se le consideró por la comunidad internacional y por su propio país, como un títere de Putin, las relaciones se descongelaron y se produjeron importantes acuerdos en materia de seguridad y defensa que tuvieron como punto culmínante la firma del START III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas por sus siglas en inglés) que equilibraba estratégicamente a ambas superpotencias.

El 1 de mayo de 2011, Osaba Bin Laden, el hombre más buscado el mundo y líder de Al Qaeda, era asesinado en Pakistán en una operación militar acallando las voces de los que tachaban de blando al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, aumentando su popularidad en once puntos tras el anuncio de la captura, aunque seis de cada diez estadounidenses se mostraban preocupados por las posibles represalias.

En 2012, el principal punto de controversia en la agenda internacional mundial era la guerra civil en Siria. Las potencias occidentales apoyaban a los rebeldes sirios que quieren apartar al presidente Al-Asad del poder, mientras que Rusia y China vetaban sistemáticamente cualquier resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que diera vía libre a una intervención que acabara con la masacre de civiles sirios.

Aunque tanto Estados Unidos como Rusia son países en liza permanente por el liderazgo mundial desde mediados del siglo XX y su visión de nación y patriotismo está protagonizado a menudo por la retórica de confrontación y lucha por la supremacía, la manera de entender la democracia es muy diferente. Estados Unidos por su propio sistema político está al servicio de las instituciones y la legalidad instaurada desde su creación en 1776  para fortalecerse internamente. Su política exterior se ha basado históricamente en mostrar su hegemonía a través de la superioridad de medios para ejercer su poder con o sin consenso internacional buscando congratularse con países a los que convertir en aliados, algo que se ha visto reforzado en las dos ocasiones en las que Europa reclamó su ayuda para resolver sendas Guerras Mundiales iniciadas en el viejo continente y en los posteriores conflictos que han tenido lugar en otros puntos el planeta y que afectaban a intereses propios o ajenos.

Rusia sin embargo, tras la desintegración de la URSS y la caída del sistema comunista tiene una visión de la democracia que se basa más en la estatalización del sistema político, se sirven del gobierno para manejar las instituciones y fortalecer el Estado en un ejercicio de retroalimentación que le devuelva la fortaleza que tuvo como país durante la Guerra Fría. Así, las leyes han sido modificadas a lo largo de los últimos veinte años atendiendo tanto a la apertura a la ciudadanía hacia la participación política, como para mantener privilegios por parte de la cúpula dirigente que no ha variado más de lo que inicialmente Yeltsin y luego Putin ha permitido.  Putin fue reelegido en 2012 tras una modificación legislativa que derogaba la imposibilidad de que se presentara nuevamente como candidato. En Chechenia obtuvo un más que dudoso 99, 97% de los votos emitidos y la OSCE denuncio graves irregularidades en el recuento de votos en todo el país. Su política exterior se ha basado desde el nacimiento de la nueva Rusia democrática, en recuperar su liderazgo, aprovechar su supremacía como país dueño de las mayores reservas energéticas el mundo, así como la procura de la confianza de la comunidad internacional. Hoy las relaciones entre Rusia y Estados Unidos son mucho más fluídas que entre Rusia y la Unión Europea.

Apostando por la paz

En octubre de 2009 y cuando aun no hacia ni un año que Obama había sido elegido presidente de los Estados Unidos por primera vez, el Comité de los Premios Nobel anunciaba que se le otorgaba el Premio Nobel de la Paz «por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos» destacándose por su «visión de un mundo sin armas nucleares». El galardón estuvo rodeado de grandes debates que mostraban su desacuerdo por la falta de merecimiento de dicho premio que parecía más un impulso para que el presidente llevara realmente a cabo una política internacional que tendiese hacia el acuerdo y menos al recurso de las armas y una invitación a las negociaciones que acabaran con los problemas en Oriente Medio así como el conflicto Palestino-Israelí.

En 2013 Putin fue propuesto como Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para conseguir un arreglo pacífico el conflicto sirio.

Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que pasaron por difíciles momentos cuando Edward Snowden, exempleado de la CIA y de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional por sus siglas en inglés) reveló la existencia de programas de vigilancia indiscriminada por parte de los Estados Unidos, haciendo públicos documentos clasificados como de alto secreto y provocando un conflicto diplomático de escala planetaria. Snowden fue a refugiarse a Moscú en julio de 2013 donde finalmente Putin le dio asilo temporal de un año aunque inicialmente trataron de deshacerse de él.

La cumbre el G-20 que tuvo lugar en la capital rusa a principios de septiembre de 2013 estaba marcada por el caso Snowden y la amenaza de Estados Unidos de utilizar la fuerza tras los ataques con armas químicas que Al-Asad perpetró a finales de agosto del mismo año. A partir de entonces parece haberse iniciado la reconversión de Putin en pacificador y protagonista de las resoluciones de todos los conflictos mundiales paralelo al desprecio de las acciones iniciadas por Obama que se retira a un segundo plano cuando los acuerdos están en marcha.

Manifestando en repetidas ocasiones tras los ataques químicos del régimen sirio que seguiría apoyando a Al-Asad y vendiéndole armamento, Putin recogió hábilmente el testigo cuando el jefe de la diplomacia americana John Kerry, dijo en rueda de prensa que cabía la posibilidad de una reconsideración del uso de la fuerza por parte de Estados Unidos si el gobierno sirio permitía la entrada de miembros de Naciones Unidas que investigaran el ataque y la puesta en manos de la comunidad internacional de su arsenal químico para su destrucción. Putin tardó horas en anunciar que Al-Asad se mostraba de acuerdo con la negociación. Las reuniones en Ginebra de septiembre de 2013 entre los dos jefes de exteriores de Rusia y Estados Unidos, Lavrov y Kerry, sirvieron para cerrar el acuerdo y así dar vía libre al Consejo de Seguridad para destruir el armamento químico y condenar a Al-Asad por su uso. Obama había marcado como línea roja el empleo de este tipo de armamento como fin de la inacción de la comunidad internacional en el conflicto sirio que alcanza cotas de desastre humanitario más que alarmantes y Putin se dio cuenta de como podía cambiar su imagen exterior de la noche a la mañana aceptando el órdago.

Otra línea roja fue la que dibujo sobre una suerte de bomba marca ACME Banjamin Netanyahu, presidente de Israel, escenificando en la Asamblea de Naciones Unidas de septiembre de 2012 la alerta sobre las pretensiones nucleares bélicas de Irán. Esta misma semana y tras mas de una  decada de negociaciones infructuosas y durísimas sanciones económicas y comerciales de Naciones Unidas y la Unión Europea sobre Irán, se llegaba un acuerdo por parte de los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia) y Alemania, el llamado 5+1, la Unión Europea y el régimen de los Ayatolas. Es inexplicable que habiendo tantos actores en el escenario de la negociación, nuevamente Putin se haya erigido en valedor de la resolución exitosa.

Putin sabe que ser aliado de Estados Unidos no da votos, sin embargo también es consciente de lo que puede suponer cambiar la retórica antioccidental por el liderazgo mundial, aunque siga sin atender los reclamos de su población que sigue manteniendo su nivel de subsistencia por encima el salario mínimo y la pensión media entre otros muchos males. Hasta 2016 no se enfrentara a unas nuevas elecciones en Rusia en donde queda mucho por hacer. Mientras tanto Estados Unidos sigue protagonizando los inicios de conversaciones que están haciendo cambiar situaciones muy enquistadas en la diplomacia mundial. Obama, al que le quedan tres años de mandato no renovable y mucho por hacer en política interior, tal vez vea reconocidos sus logros en el exterior en el futuro a pesar de su supuesta debilidad.

Mientras tanto es esperanzador ver como la disputa por el titulo de hombres mas poderosos del mundo entre los mandatarios de las dos superpotencias que durante décadas han recurrido a la disuasión del recurso de la fuerza con escaladas que amenazaban a la humanidad se decide hoy con la lucha por la consecución de la paz.

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Silvia Brasa

Estudios en ingeniería, politología y derecho. Experta universitaria en solución de conflictos y mantenimiento de la paz internacional. Mis intereses sobre todo se centran en diplomacia, relaciones internacionales, seguridad y defensa, estrategia y energía centrado en como influye en sus principales valedores y usuarios: las personas.

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