Contestación ciudadana

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SALVA DÍAZ | Lo qué pueden hacer las empresas y el Estado para acabar con la actual crisis es muy distinto de lo que realmente están haciendo, pues estamos bajo un sistema económico cuya política monetaria y fiscal no es imparcial sino que está corrompida por el Señor de Verde más conocido como dólar.

Los intereses de los distintos agentes son muy distintos, pues mientras los trabajadores nos conformamos con poder sobrevivir, los políticos que son nuestros legítimos representantes, elegidos de manera más o menos acertada, están perdiendo credibilidad gracias a los corruptos que atacan a cara descubierta a nuestro imprescindible Estado del Bienestar.

Necesitan ganar las elecciones y no vacilarán en favorecer a las empresas, que no votan pero mal financian los caprichos de los poderosos. Por otro lado, los altos ejecutivos caen cada vez más bajo al darnos lecciones sobre como vivir nuestra vida cuando no hacen otra cosa que limitarla creando desempleo, pobreza nacional y caos. Tan sólo hay que recordar a los ejecutivos de la famosa Lehman Brothers que tras ser la gota que colmó el vaso de la crisis al declararse insolventes por banca rota, fueron premiados con meteóricas cantidades de dinero difíciles de pronunciar.

Alternativas hay, sólo hay que buscarlas

No olvidemos que hay alternativas como implementar la conocida Tasa Tobin que consiste en aplicar una simbólica tasa de entre el 0,05-0,1 % sobre toda transacción financiera de carácter especulativo, sobre todo, la compra de divisas y las operaciones de cambio a corto plazo.

También se puede fomentar la banca pública o al menos el ICO (Instituto de Crédito Oficial) que siempre será más eficaz que concederles un préstamo a los bancos para rescatarlos mientras sus ejecutivos no padecen esta crisis de falta de liquidez.

Reactivar los microcréditos o fiscalizar el patrimonio de las clases altas a la vez que introducir nuevos tramos en el IRPF, también son otras ideas alternativas.

La Economía de un país no debe basarse ni en el liberalismo capitalista ni en la planificación comunista. Debe de existir una armonía general entre las empresas y el Estado, siempre bajo la lógica de la razón y nunca de los mercados, y por encima de todo, teniendo presente al legítimo dueño de cuanto nos rodea, el CIUDADANO. Y puesto que no se le exige al empresario repartir de forma ecuánime  los beneficios netos que llegase a conseguir su empresa, tampoco se le de debería permitir repartir del mismo modo las pérdidas en las que se incurriera. La solución a esta crisis no puede basarse en el despido masivo y la contratación arbitraria (actual reforma laboral) cuando el error reside en el mal político, que favorece lo injusto, o en el empresario, que no supo diseñar una estrategia operativa acertada a la hora de contratar excesiva mano de obra mal cualificada y desecharla como un clínex cuando ya no le hace falta.

Son estas medidas desproporcionadas y depredadoras las que hacen que se desconfíe de la clase política y del capitalismo exacerbado representado por las grandes multinacionales, y son las mismas quienes nos alientan a intentar de algún modo caminar por la vía social y del bienestar.

La ideología es difícilmente separable a la hora de tomar las decisiones adecuadas, sobre todo si existe una burocracia supranacional e imperfecta como es el FMI o el Banco Mundial que hacen que los países en vías de desarrollo no terminen de desarrollarse o que países tan distintos y con gobiernos de ideología tan opuesta no finalicen su etapa de recesión.  Los líderes políticos están viendo como sus fortalezas son mermadas y su credibilidad desaparece ante un sistema económico dominado por el todopoderoso Mercado.

¿Los economistas usan trabalenguas?

En cuanto a las respetables empresas, la solución no es decir “tenía 1000 trabajadores y ahora tengo 800” reduciendo de este modo su capital humano, sino que la solución debería ser “tenía 1000 trabajadores y sigo teniéndolos, pero mi beneficio neto se ha reducido en un 20%.” También se puede reducir la masa patrimonial si se necesitase liquidez, pero siempre apostando por el factor humano por encima del factor capital. De este modo lógico y razonable no se castiga a los trabajadores cuando hay pérdidas, pues nunca se les recompensó cuando había beneficios.

Es teóricamente imposible aumentar los beneficios reduciendo la plantilla pues esto tan sólo aumenta el desempleo reduciendo drásticamente la demanda, favoreciendo el ahorro y no el consumo. La reducción de plantilla reduce los gastos y a largo plazo reduce también los ingresos, y aunque aumenta los beneficios en un corto plazo, no los aumenta a largo. Hay que tener en cuenta que para aumentar los beneficios, que al fin y al cabo es el primer axioma constitutivo de toda empresa, hay que aumentar la demanda o consumo y para ello es necesario disminuir el desempleo que viene relacionado con el aumento del nivel de renta o producción. Por lo que si se contrata, los trabajadores consumen y se aumenta la demanda y por ende el beneficio.

Esto no es nuevo, es la solución del modelo neoclásico de todo sistema capitalista pero que siempre se incumple a la hora de la verdad: la ciclicidad de las crisis.

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