El amado y odiado sistema binominal

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CARLOTA GONZÁLEZ | El pasado 17 de noviembre se celebraron en Chile elecciones presidenciales, en las que con una participación del 48,6% las candidatas Michelle Bachellet y Evelyn Matthei pasaban a  la segunda vuelta, la cual se celebra este domingo 15 de diciembre. A pesar de la importancia de la figura del presidente en el país, quedó en un segundo plano el hecho de que ese mismo día 17 se elegían a los senadores, diputados y consejeros regionales.

La fórmula aplicada para las elecciones cambia en función del tipo de cargo que está en juego. El presidente se elige a través de una mayoría absoluta, mientras que los concejales en los municipios chilenos salen electos a través del método D´Hont. El sistema peculiar es el que utilizan para los senadores y diputados, denominado el sistema de elección binominal.

Origen

El objetivo de este sistema es asegurar la estabilidad política, dando un margen al debate y al consenso con la oposición. Tomó la idea de una reforma introducida en Polonia en la década de los ’80, diseñada por Wojciech Jaruzelski, para mantener el Partido Obrero Unificado Polaco y defenderlo frente a la oposición.

La primera vez que se aplicó este sistema en Chile fue en las elecciones parlamentarias del 26 de mayo de 1989, tras haber sido aprobado por la ley 18799, promulgada durante el Régimen Militar. Hecho, por otra parte, que ha generado mucha controversia.

¿Cómo funciona?

En el sistema binominal, los partidos o coaliciones elaboran sus listas con dos candidatos por cada circunscripción electoral. En el caso de los independientes, solo se presenta uno. La elección es directa y los electores pueden elegir los candidatos de diferentes listas. Pero al final lo que cuenta es el resultado de la votación de la lista en su conjunto: si el partido más votado dobla en votos al segundo partido más votado, los dos candidatos serán electos. En el caso en el que no consiga doblar el número de votos, serán electos un candidato por lista.

Un ejemplo, por favor.

Supongamos que tenemos 2 listas para una circunscripción electoral, cada una con 2 candidatos.

Lista Roja: Candidato A — Candidato B

Lista Azul: Candidato C — Candidato D

Caso 1

Lista Roja: Candidato A: 30% — Candidato B: 10% = 40%

Lista Azul: Candidato C: 20% — Candidato D: 10% = 30%

Al no conseguir más del doble que la lista azul, solo será electo el candidato A, mientras que el segundo candidato será el candidato C.

Caso 2

Lista Roja: Candidato A: 55% — Candidato B: 10% = 65%

Lista Azul: Candidato C: 20% — Candidato D: 10% = 30%

En este caso, la lista Roja supera el doble de la lista Azul, por lo tanto ambos candidatos obtienen el puesto de representación, a pesar de que el candidato C haya doblado el resultado del candidato B. Este fenómeno es conocido como “doblaje”.

¿Por qué amado y odiado?

Desde el retorno de la democracia en Chile se han dado detractores a este sistema de elección. Las críticas fundamentalmente se basan en la dificultad de generar grandes cambios estructurales legislativos así como un sistema bipartidista en el que se limita el acceso de propuestas alternativas. Lo cual está relacionado con otro de los argumentos en contra que es la falta de representación de las minorías.

Sin embargo, los defensores del sistema binominal resaltan la estabilidad política que ésta genera, frente a sistemas proporcionales.  Para añadirle peso a este argumento, recurren a 1970 y a la crisis política durante el gobierno de Salvador Allende.  Además no lo consideran tan discriminador con las minorías ya que no siempre se da “doblaje”, por lo que es habitual que por una circunscripción sean elegidos candidatos de dos bloques diferentes. Otra de las defensas es que en los casos en los que un candidato es electo a pesar de obtener menos votos que alguno de sus rivales (Caso 2 de los ejemplos) pasa  por el uso de las listas. Es decir, que no es un problema del binominal, sino de todos los sistemas electorales que son por lista.

Conclusión

El sistema binominal genera el clásico debate de si un sistema electoral ha de favorecer a la representatividad o a la gobernabilidad. Con mayor representatividad se crean cámaras de representación en los que el debate y el consenso son necesarios para poder desarrollar el poder legislativo. Sin embargo, ante disonancias y faltas de acuerdo, se paraliza cualquier proceso. Fomentar la gobernabilidad, por su parte, genera rapidez, la cual en ocasiones de urgencia es vital. Pero las cámara pueden estar vacías de alternativas y la ciudadanía puede sentirse no representada. Lo que queda entonces es buscar el equilibrio entre ambos.

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Carlota González

Recién titulada en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad del País Vasco. Poco después de recibir el diploma me vine a Santiago de Chile para seguir mi formación y adquirir experiencia laboral en un entorno diferente al mio. Aunque no es la primera vez que hago las maletas: me gusta mucho viajar y pasar largas temporadas fuera, como en Alemania, Inglaterra o Irlanda. Para ello estudio idiomas, hablando inglés, alemán y vasco en avanzado y con base en francés.

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