El modelo municipal en Estados Unidos

JORGE ALEXANDRE GONZÁLEZ | Vivimos en España un período de reflexión política sobre la idoneidad de nuestras instituciones y en el que casi a diario se realizan proposiciones más o menos curiosas sobre modelos alternativos para la regeneración política. En este marco, como parte de una dinámica divulgativa me parece interesante hablar, de forma aproximada, del modelo municipal en los Estados Unidos de América.

Estados Unidos, con un sistema federal, a partir de la declaración de la décima enmienda de su Constitución [The powers not delegated to the United States by the Constitution, nor prohibited by it to the States, are reserved to the States respectively, or to the people / Los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, ni prohibidos por ella a los Estados, están reservados a los Estados o al pueblo] ha desarrollado 3 niveles de gobierno: el Federal, el Estatal y el Local, subdivido éste generalmente entre el nivel Condal -entes territoriales de nivel inferior a los Estados- y el nivel Municipal.

Aunque vamos a señalar ahora las características generales de la organización municipal en los Estados Unidos es importante recordar que sus competencias, aunque amplias generalmente, no son las mismas en todos los Estados y tampoco dentro de éstos. Aun así es frecuente que la figura del condado tenga escasas competencias administrativas sobre las ciudades y que, en general, solo gestionen servicios de áreas pequeñas que no han llegado a constituirse como municipios (áreas no incorporadas). Ésta es una diferencia remarcable con nuestro sistema: no todo el territorio del condado está subdivido en municipios, sino que las áreas de menor población o cuyos recursos no les permiten el autogobierno son gestionadas directamente por el gobierno del condado.

san diego

Mapa del Condado de San Diego, California, donde se pueden apreciar los municipios [con amplias competencias y autonomía] y los territorios no incorporados [plenamente dependientes de la administración del condado].
Hablando ya de los municipios constituidos como tales, existen dos formas frecuentes de gobierno: el Council-Manager Goverment y el Mayor-Council Goverment. Ambos tienen en común la elección de los miembros del Council o Consejo a través de elecciones. Lo que podría asemejarse con la elección de los concejales en España, pero no así de su Alcalde (Mayor). El Alcalde es elegido en elecciones diferentes y, ahora sí, puede tener dos papeles muy diferentes. Mientras que en el Mayor-Council Goverment el Alcalde tiene amplios poderes ejecutivos, en el Council-Manager Goverment éste tiende a ocupar una posición simbólica, asumiendo el poder ejecutivo el propio Council a través del nombramiento de una persona que se encarga de la gestión municipal (Manager). Es decir, este segundo sistema deja en manos de un profesional la gestión del ayuntamiento, pero siempre sometido a las directrices de los miembros del Council que lo han elegido y que pueden relevarlo. En general se tiende a elegir a personas con amplios conocimientos y buena reputación, normalmente alejados de la primera línea política.
En todo caso en ambos sistemas los cargos electos para el Council son pocos en comparación con nuestro sistema municipal. Por ejemplo, la ciudad de Nueva York con una población de más de 8 millones de habitantes elige a 51 miembros (la ciudad de Madrid, con algo más de 3 millones de habitantes elige 57 concejales); San Diego con casi 1 millón y medio de habitantes elige 9 miembros (Barcelona con una población algo mayor elige 41 concejales). Una de las diferencias más significativas es que, al ser elegidos por un sistema electoral mayoritario, dividido en distritos, cada miembro del Counciles elegido sólo por una parte del municipio, es decir, aproximadamente a cada 150.000 habitantes le corresponde la elección de un miembro, que se presenta sólo en ese distrito. Por otro lado, la elección del Alcalde cuando así lo establece la estructura (Mayor-Council Goverment) se realiza en unas elecciones separadas, en las que sólo se elige a éste, de tal forma que puede darse un Council relativamente contrario a las políticas del Alcalde.
Es importante señalar que aunque estas son las descripciones generales, todos los municipios tienen diferencias en su organización, más si cabe cuando hablamos de municipios en Estados diferentes. Sin embargo, ambos sistemas comparten la idea de eficiencia y ejecución de políticas determinadas, en detrimento del debate y el control al gobierno municipal. Esto, en todo caso, puede ser fuertemente contrarrestado por la frecuencia de elecciones a miembros del Council (que no suelen ser simultaneas en todos los distritos), por la utilización frecuente del referéndum por parte del Alcalde para decidir aspectos concretos de la gestión municipal, por otras figuras como el impeachment o juicio político, así como por la vinculación directa entre los representantes y su distrito electoral, que permite una identificación real entre el candidato electo y su electorado, lo que le exige una lealtad política a éste por encima de su partido (en caso de pertenecer a alguno) si pretende ser reelegido en un futuro.
También es cierto que el modelo estadounidense en general elimina cargos representativos en favor de cargos de confianza -lo cual hoy en día parece contrario al sentimiento generalizado en España-, pero es igualmente cierto que, en realidad, nuestro sistema no se está caracterizando precisamente por la moderación en el nombramiento de asesores, consejeros y otros cargos de confianza por parte de los cargos representativos, lo que al final redunda en la multiplicidad de personal al servicio de la administración y genera las dudas sobre su eficiencia y sostenibilidad que se vienen denunciando en los últimos tiempos. En conclusión, en el sistema estadounidense el electorado da a unos pocos representantes el poder de dirección y estos pocos representantes son los que deben rodearse de personal, no sólo de confianza, sino altamente cualificado, para llevar a cabo su labor. Esto se complementa, además, con el nombramiento de otros cargos municipales por vía de elecciones, en lugar de por la vía del nombramiento directo, como pueden ser la del jefe de policía, el auditor, el procurador, etc.
En todo caso, como un buen profesor me dijo una vez, las instituciones que funcionan bien en un lugar no tienen necesariamente porque hacerlo en otro. Cada sistema es bueno bajo unas circunstancias sociales, demográficas y políticas que tienden a ser diferentes en cada lugar. Aun así, lo que parece claro es que nuestro sistema municipal -como tantos otros- ha dejado de generar confianza en la sociedad y, sea el sistema que sea el que se proponga implantar, debe en último caso tratar de recuperar la confianza en las instituciones que ahora parece haberse desvanecido.
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Jorge Alexandre González (Madrid, 1985), es Doctor cum laude en Derecho por la UCM, así como Máster en Derecho Parlamentario, Elecciones y Estudios Legislativos y Máster en Derecho Público. Experto en Compliance por la UC3M y la UPF, ha centrado su carrera en los ámbitos del Derecho penal y constitucional. Abogado de profesión, ha sido colaborador honorífico del Departamento de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la UCM y fue Secretario General de Grupo en el Congreso durante la X Legislatura.

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