Schengen: mucho más que fronteras

Schengen

ÈRIC PLAZA | El espacio Schengen es uno de los mayores logros que la integración europea ha conseguido en los 60 años de existencia de la Unión Europea. Cabe decir que aunque estemos acostumbrados a decir Schengen, por la ciudad luxemburguesa dónde se firmó el tratado, desde la firma del Tratado de Lisboa todos los beneficios Schengen se han comunitarizado. Es decir, están regulados en el propio ordenamiento jurídico de la Unión Europea.

Para la gran mayoría, el espacio Schengen es la lograda facilidad para cruzar una frontera europea ya sea por aire, tierra o mar. Los que nunca han salido de Europa probablemente aún no conocerán éste beneficio básico, pero una vez se sale de Europa es cuando realmente apreciamos éste derecho. Pero sí, el beneficio más directo de Schengen es que podemos cruzar las fronteras europeas sin necesidad de presentar ningún pasaporte, ninguna documentación, ningún visado y, también muy importante, sin tener que ser registrados o interrogados. En definitiva, cruzar las fronteras europeas ahora es como cruzar de Cataluña a Valencia: tan sólo se ven unos cuantos carteles.

A muchos estos les puede incluso parecer algo prescindible, en especial a los jóvenes. Es decir, el hecho de no haber saboreado nunca un cruce de fronteras normal, provoca que nosotros mismos no apreciemos nuestros propios derechos. Hay quien dice que cuanto más lejos estamos de Europa, más nos damos cuenta de lo mucho que nos parecemos. Pues esta frase es igualmente aplicable aquí. Nunca olvidaré en un viaje a México los 50€ que tuve que pagar para salir del país en concepto de impuesto; o los registros de maletas aleatorias (en función del color de un botón que se tenía que pulsar). Por no decir que en todo momento podíamos estar sujetos a una expulsión discrecional de las autoridades o simplemente a no permitirnos la entrada en el país. Y aún así pude ser afortunado, pues México es un país que no requiere visado a los europeos para poder entrar.

Y ya no hablemos de las grandes colas que en su día se llegaban a formar en los países europeos y muy en especial en las ciudades limítrofes con algún o varios países europeos.

Viajamos por Europa constantemente. Vivimos por Europa. Estudiamos por Europa. Es nuestro pan de cada día. Vamos por Europa como si fuéramos a la vuelta de la esquina. Y esto es un logro. Ahora bien, diferente sería si para hacer esto tuviéramos que enfrentarnos a los controles de Gibraltar.  Aunque a simple vista no lo parezca, por tanto, Schengen ha hecho muy por la integración europea. Schengen nos ha acercado a todos los europeos.

Pero Schengen es mucho más. Aunque no nos demos cuenta, la Europa sin fronteras involucra otros muchos derechos y libertades. Hablo, por ejemplo, de todos los costes y tiempo que las empresas europeas se ahorran al cruzar las fronteras europeas. Hablo también de la desaparición de los conflictos comerciales o políticos (véase Gibraltar) que se daban en su día. Y hablo también de los derechos de establecimiento, circulación de personas, mercancías, servicios y capital que, en una Europa con fronteras, ya no tendrían sentido. E incluso hablo de turismo, de este turismo (y economía) que viene de fuera de Europa y que, si consiguen una visa Schengen, pueden moverse libremente también por Europa.

Pero, incluso con esta argumentación, hay quien aún ve con buenos ojos volver a instaurar fronteras, como si nada fuera a pasar. Sin embargo, la historia reciente dice lo contrario: ¿Quién no recuerda el bloqueo de la frontera española y francesa por las protestas de los agricultores franceses? ¿Y el bloqueo de la frontera alemana? En ambas acciones, ciertos sectores de la economía quedaron completamente paralizados. Y si aún en el mejor de los casos (de entre los peores), se dejara pasar a todos los camiones de transporte, los ciudadanos nos veríamos igualmente perjudicados. Recordemos que no sólo en la carretera, sino también en los aeropuertos y puertos.

La Europa sin fronteras también ha ayudado a desarrollar la ciudadanía europea. No tendría sentido que sin poder movernos libremente en Europa, pudiéramos votar en las elecciones municipales o europeas o, como se propone para el futuro, incluso para las elecciones generales.

Podríamos hablar también de seguridad y cooperación judicial, que también se instauraron con Schengen y que, a pesar de las evidentes críticas, en especial a Frontex, funcionan. Y es tal éxito que incluso países que no pertenecen a Schengen han querido participar, como Reino Unido.

Y, por último, Schengen también forma parte del sueño europeo. Es solo una ilusión, un sentimiento, un deseo, pero no menos importante que su despliegue práctico. Schengen es la idea de Europa, la idea de esa Europa libre, democrática, sin fronteras, integradora, unida… Schengen es Europa.

No tendría sentido que tras derribar muros en 1989, los volviéramos a construir ahora.

[Artículo originalmente publicado en Territorio Europa, de @er_plaza.]

 

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Mi Erasmus lo cambió todo. A veces me pongo a pensar y no acabo de encontrar ese momento exacto en el que decidí volverme un defensor de Europa a capa y espada. Pero pienso y pienso, y recuerdo cuando, aún en Finlandia, decorábamos la sala de estar con todas las banderas y, si no habían, las construíamos con papel. Como pasó con la bandera europea. Y como pasa con Europa. Nos pasamos todo el tiempo criticando a Europa, sin darnos cuenta que aún estamos construyéndola: estamos decidiendo hacia dónde queremos que vaya. Trato de dar a conocer todo aquello que la UE hace por los ciudadanos día a día y que desconocemos; se trata de resolver aquellas dudas que muchos ciudadanos tenemos, en general, por desconocimiento hacia las instituciones europeas y, se trata, en definitiva, de generar un debate constructivo sobre el sueño europeo. No pretendo vender la Unión Europea a nadie. De hecho, que sea un europeísta convencido no quiere decir que lo sea de la actual Europa; pero sí que pretendo acercar la UE a la gente. Al fin y al cabo, somos los ciudadanos quienes debemos querer a Europa. Y estoy convencido que motivos para quererla tenemos. Y tenemos muchos motivos. http://blogeuropeo.eu/ @er_plaza

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