La trastienda de las multinacionales

SILVIA BENAVIDES | Las ONGS “China Labor Watch” y “Peuples Solidaires/Action Aid han lanzado una campaña recientemente bajo el slogan “Soy la Barbie obrera. Como cientos en China, trabajo en cadenas de fabricación de juguetes de Mattel, bajo condiciones indignas”. Esta campaña intenta aprovechar la campaña de Navidad para concienciar en Francia sobre las condiciones de trabajo en las factorías de Mattel en China. Durante años se vienen denunciando por parte de organizaciones no gubernamentales, a través de informes y campañas, la explotación laboral de los trabajadores y trabajadoras  de multinacionales instaladas en todo el mundo.

En primer lugar, decir, que una multinacional es una empresa transnacional que está constituida por una sociedad matriz creada conforme a la legislación del país en que se encuentra instalada, que se implanta a su vez en otros países mediante inversión extranjera directa, sin crear empresas locales o mediante filiales, de acuerdo a las leyes del país de destino. Pero  ¿Qué se esconde detrás de estas grandes multinacionales? ¿En qué radican sus suculentos beneficios?

Es en la deslocalización hacia países menos desarrollados donde están empresas gozan de exenciones fiscales y subvenciones donde van en búsqueda de una mano de obra  barata, dando lugar a condiciones laborales infrahumanas  y donde explotan los recursos naturales con costes muy bajos. Estas empresas exportan precariedad  ya que  los países de destino cuentan con una regulación menos estricta con respecto a la protección del trabajador y del medioambiente. Además son constantes las injerencias políticas a través de conflictos armados sobre todo en territorio africano, o bien porque han pactado con alguna de las partes del conflicto para facilitar sus operaciones o porque son parte del conflicto por la oposición de los  pueblos donde se instalan a la extracción de sus recursos naturales. El argumento de los gobiernos para promover la instalación  de las multinacionales en sus territorios es la creación de empleo pero en la mayoría de los casos lo que hacen estas empresas es comprar activos de las ya existentes, creciendo económicamente pero no en tamaño real. Aumentan la pérdida de trabajo en industrias tradicionales, así como los procesos de reducción de costes y despidos, no compensando el ritmo de creación de trabajo por la multinacional. De esta forma, como explica Antunes a pesar que “ser un agente económico central de los tiempos modernos, ninguno ordenamiento jurídico hasta hoy ha logrado llegar a un modelo que se aplique al control de esas organizaciones”

 Las denuncias se extienden por muchos países y de este modo la Federación Setem a través de la publicación del informe “La moda Española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección”, y que estaba financiado a su vez por el Ministerio de Asuntos exteriores, y coordinado por la campaña Ropa limpia, denunciaba  que la mayoría de empresas importantes de ropa, como Inditex, Mayoral, El Corte Inglés e Induyco y Mango, tienen factorías o proveedores de ropa en Marruecos ,donde sus trabajadores en su mayoría mujeres están expuestos a largas jornadas de trabajo. Así los resultados muestran, según este informe, cómo “la jornada habitual del 68% de las obreras ocupadas en factorías proveedoras de Inditex es de entre 45 y 54 horas”, horas extras que no se remuneran, contratación arbitraria, abusos verbales y físicos, obstáculos a la asociación sindical, entre otras, debido en gran parte a la  presión derivada de la competencia asiática y agravada por la crisis mundial. A su vez, destaca que “España es el cliente más importante de las exportaciones de ropa marroquíes desde 2006”. Muchas asumieron códigos de conducta y compromisos, pero a pesar de las medidas de Responsabilidad Social Empresarial, muchas trabajadoras marroquíes siguen viviendo situaciones de pobreza al tiempo que cumplen con una jornada laboral extremadamente larga. En la India con el derrumbe de una  fábrica textil en Bangladesh, dejando cientos de muertos y al menos mil heridos, ponía en evidencia la situación que venían reclamando las organizaciones sociales ya que estos trabajadores son los que reciben los sueldos más bajos del mundo, malas condiciones laborales y de seguridad, jornadas de trabajo interminables, y limitaciones a la organización sindical que se vive en las fabricas que abastecen de ropa a famosas multinacionales occidentales, las cuales presionaron unos día antes del siniestro al gobierno indio, para que bloqueara una ley que tendía a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores.

También en el continente americano en la frontera de México con Estados Unidos existen las maquilas que son zonas francas para la exportación. Aprovechando que no tienen que pagar impuestos y no hay legislación sindical, ni medioambiental, contratan a chicas muy jóvenes y mujeres que suben de México a la frontera para trabajar en estas maquilas, donde se produce en cadena, bajo condiciones de explotación y con sueldos muy bajos. Aquí se han denunciado su exposición a sustancias tóxicas muy perjudiciales para la salud sobre todo en maquilas electrónicas y a hostigamientos sexuales por parte de los jefes en el trabajo.

 Pero esta situación se repite en el sector electrónico. Según denuncia la ONG China Labor Watch, en la empresa taiwanesa Foxconn, un grupo inmenso que probablemente es el mayor fabricante mundial de aparatos electrónicos que suministra a compañías como Apple, Amazon, Dell, Hewlett-Packard, Nintendo, Nokia o Samsung, se produjeron una ola de suicidios por las condiciones de explotación de sus trabajadores. Aquí se incumplían notablemente las leyes laborales y hasta agredía la dignidad de sus trabajadores con el único fin de producir aparatos electrónicos, de la forma más rápida y barata posible. Últimamente, según la ONG hay otro proveedor, Pegatrom que no sólo mantiene las penosas condiciones laborales en sus plantas de las que ya fue víctima de denuncias de Foxconn , sino que éstas son todavía peores.

Desde este panorama, un grupo de socios europeos de Good Electronics lanzó  la iniciativa Electronics Watch, en colaboración con organizaciones de defensa de los derechos laborales de países que ofrecen mano de obra barata, pretendiendo la mejora de los derechos laborales en la industria electrónica global, a partir de la compra pública responsable europea de productos de electrónica. Estas organizaciones hacen un llamamiento a las administraciones públicas, para que se impliquen en la defensa de los derechos humanos en toda la cadena de suministro del sector de la electrónica, ya que son consumidoras a gran escala de todo tipo de productos electrónicos.

Es interminable las lista de multinacionales denunciadas por explotación laboral, pero hay que resaltar que los sistemas internacionales no están diseñados para las denuncias de las prácticas empresariales. La mayoría de las auditorías sociales se realizan de forma apresurada, superficial y con aviso previo a los propietarios de las fábricas. En consecuencia, se han mostrado claramente ineficaces para detectar las dobleces en las políticas salariales y los fraudes en el registro de horarios, así como para tratar de clarificar las largas cadenas de subcontratación diversas de los países en que desean instalarse. Cuando las metodologías utilizadas por las empresas auditoras prevén la realización de entrevistas aleatorias con las obreras, los empleadores infunden el miedo a quedarse sin trabajo a las personas que van a entrevistar a causa de un posible despido o de la ruptura de contratos con inversores internacionales si los resultados de las auditorías no son correctos. En el libroLooking for a quick fix” se argumenta en las conclusiones de los estudios realizados en diferentes  países, “que un sistema de verificación que no tenga en cuenta las organizaciones de personas trabajadoras y que no cree canales para detectar problemas e incumplimientos de los códigos de conducta que queden abiertos entre rondas de auditoría, no puede detectar si los documentos se corresponden con la realidad, ni la existencia de prácticas antisindicales”.

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Silvia Benavides

Socióloga, asesora en creación de empresas, género, interesada por una economia solidaria, el medio ambiente y la justicia social.

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