La caída de los gigantes

SALVA DÍAZ |  Estamos de acuerdo en que algo no funciona. Estamos de acuerdo en que no es lo que teníamos en mente cuando luchamos por ello. Estamos de acuerdo en que no podemos permitir que esto siga por este rumbo hacia la dictadura de las oligarquías.

Cuando se pensó por primera vez en la creación de un partido político, sin duda se pensaba en una herramienta para que el propio Pueblo se representase y pudiese defender sus derechos mediante el garante de la Ley. Era la única forma de garantizar que todos fuésemos iguales, ante la ley al menos. Pero parafraseando a Orwell: “todos somos iguales pero unos son más iguales que otros”.

La sociedad evoluciona vertiginosamente y las instituciones que se crearon para su evolución no son capaces de seguir el ritmo. Y mientras perdemos derechos, ya conquistados, todos los días y se nos engaña como a niños con datos subjetivos, falseados, trampeados y a veces inventados, ¿qué hacemos? Nos escondemos en la desafección política como el avestruz que esconde su cabeza esperando que todo pase. Esa no es la solución ni la actitud. La mala política se arregla con más política, democrática, abierta, participativa, renovadora.

El cambio de juego.

Estamos acostumbrados a que un grupo de oligarcas controlen y dirijan nuestros partidos, que son nuestros, y los creamos para defendernos de manera organizada ante las injusticias sociales y económicas. Pero es la hora del “cambio de juego”, es la hora de que la sociedad tome las calles, las instituciones, los partidos y todo lo que le corresponde, y que los oligarcas que dirigen los partidos como si fuesen sus empresas o sus imperios, se vayan a sus casas.

Esto sólo acaba de empezar. En noviembre tendrán lugar las primarias socialistas para elegir a la persona que se enfrentará a Rajoy y a su contrarreforma eclesiástica. No son unas primarias perfectas pues la eliminación de los avales y una segunda vuelta incrementarían la apertura democrática. Y aunque existe un “pacto de silencio temporal” ya aparecen varios nombres en las quinielas de posibles candidatos. Todos gigantes del PSOE, todos viviendo del PSOE, y que ante su inminente caída no vacilarán en maquillar sus estrategias con pintura de camuflaje para jugar al despiste. No necesitamos lavados de cara, necesitamos caras nuevas. Gente con experiencia y con solvencia probada, con determinación, con coraje para dar un giro a la izquierda necesaria y con una mentalidad abierta a la participación de la sociedad. Necesitamos a gente que no necesiten vivir de la política, necesitamos a gente que no esté en las quinielas.

Sólo quién sea capaz de generar esperanza ilusionando a los jóvenes y a los no tan jóvenes, a los formados sin empleo y a los que quieren formarse, a los que luchan por no perder sus derechos y a los que luchan por recuperar los derechos arrebatados, a los que cuidan de sus hijos por culpa de la crisis y a los que cuidan de sus padres con mayores sacrificios por de la privatización sanitaria, a todos y todas que creen que pueden contribuir y aportar participando en sociedad, sólo esa persona merece y debe ganar las primarias socialistas.

La esperanza puesta en otra Europa.

Pero ahora tenemos otra batalla. Se acercan las elecciones europeas y se pronostica que habrá una gran abstención. Un error fatal. No importa a quien se vote, lo importante es votar, ejercer nuestro derecho, participar. Algunos piensan que así se le resta legitimidad al Parlamento Europeo resultante. Es una postura sin fundamento alguno. Saldrá un parlamento elegido por unos pocos, entre ellos euroescépticos y antieuropeos, además de extremistas de diversos partidos, y en vez de tener un parlamento que promueva una UE decisiva y que actúe rápidamente, que es lo que necesitamos tras el fracaso estrepitoso de la Troika, tendremos a antieuropeos viviendo de nuestros impuestos por “trabajar” en una institución en la que no creen.

Seamos claros, una Unión Europea gobernada por el Consejo Europeo y este Consejo manejado por la canciller Angela Merkel no es la UE que necesitamos. Sin embargo, el Tratado de Lisboa otorga un papel de mayor relevancia al Parlamento Europeo, que no debemos olvidar que es la única institución comunitaria elegida por el voto directo del pueblo europeo. Y en mi opinión, Martin Schulz representa la esperanza de otra Europa más social y más justa.

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