Gestación Subrogada: Una breve reseña sobre la importancia de la elección de las palabras

BÁRBARA URBAN | La ciencia social es una disciplina que exige utilizar los términos adecuados en cada caso para evitar ambigüedades. En la vida cotidiana también debería ser así, pero a veces nos encontramos con escollos como el siguiente.

viente palabras alquier dinero

Lakoff y Johnson, en su libro Metáforas de la vida cotidiana[1], hacen un pormenorizado estudio sobre la elección de las palabras y cómo se relaciona este hecho con la cultura, el entorno, la ideología y el pensamiento inconsciente.

En este artículo se pretende poner de relieve el problema de llamar a las cosas de cualquier manera, menos por su nombre, y concretamente nos vamos a referir a la gestación subrogada.

Actualmente en España hay un importante movimiento que promueve la legislación y, por tanto, la legalidad, de la gestación subrogada. Probablemente, muchas personas no sabrán a qué nos referimos con esta expresión, y esta es la primera muestra de que no estamos utilizando las palabras correctas para denominar un hecho social.

La gestación subrogada también se conoce como vientre de alquiler, madre de alquiler o maternidad subrogada. Ninguna de estas es una expresión correcta para referirse al proceso social y biológico por el cual una mujer gesta al hijo de otra pareja. Es decir, que tendríamos un padre biológico, una mujer gestadora y una madre donante de óvulos. El fin último de esta técnica de reproducción asistida es que una mujer que no puede gestar, sí pueda tener un hijo con su propia carga genética en el caso de que sus ovarios sean sanos y funcionales.

Existen muchas trabas culturales a este nuevo modo de hacer familias, pero a eso estoy dedicando todo un trabajo de investigación, y no me quiero extender más de lo necesario. El caso es que una de esas trabas culturales es el lenguaje.

Lo que acabo de describir se llama gestación subrogada, y no de otro modo. No se llama vientre de alquiler, porque vientre denota objeto, y alquiler implica beneficio económico. En la gestación subrogada, ninguno de los elementos que intervienen son objetos, y la finalidad de la gestante por subrogación tampoco es ganar dinero[2]. Con esta expresión mal empleada lo único que conseguimos es cosificar y mercantilizar un hecho  que nada tiene que ver con esos dos conceptos.

Tampoco podemos decir que se trate formalmente de una maternidad subrogada, o madre de alquiler, puesto que la gestante en ningún momento ejerce de madre. Y aquí entraríamos en la eterna polémica sobre si una madre es la que pare, la que cría o la que pone el óvulo.

A estas alturas de siglo XXI va siendo hora de reconocer y aceptar que las familias adoptan múltiples formas, y se crean de maneras muy diversas. No aceptar este hecho pone de manifiesto un pensamiento retrógrado e inadaptado a la realidad social. No es una cuestión de opiniones, es una cuestión de educación.

Tantos los medios de comunicación como las personas que nos dedicamos a la ciencia social tenemos la obligación de usar las palabras adecuadas. Llamar a la gestación subrogada vientre de alquiler puede, dependiendo del contexto, ser incluso peyorativo. Además pone de relieve la falta de conocimiento del proceso de la persona que habla. Simplemente, no es la expresión adecuada.

Hemos de tomar consciencia de la importancia de elegir las palabras. Hace 50 años, la palabra maricón era más que habitual. Poco a poco hemos conseguido sustituirla por otra no peyorativa, y este fenómeno ha ido acompañado de grandes logros sociales para el colectivo LGTB.

Las palabras son un fiel reflejo de la sociedad en la que se intercambian, y con ella evoluciona el lenguaje.

Fuente: ssociologos.com


[1]    George Lakoff y Mark Johnson, Metáforas de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid 1986.

[2]    En la ILP que podéis ver en este enlace, se establece que la gestante recibirá una compensación económica por las molestias causadas, muy lejos del afán lucrativo:http://www.xn--gestacionsubrogadaenespaa-woc.es/index.php/2013-10-16-13-08-07/texto-ilp . Además esta compensación se pretende que sea regulada por el Ministerio de Sanidad, quedando así fuera de las leyes de la oferta y la demanda.

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