Populismo mediterráneo, ¿una alternativa?

SERGIO PÉREZ DIÁÑEZLa gestión de la crisis económica, la corrupción y el abismo entre representantes y representados brinda una oportunidad a formaciones políticas que hacen del populismo su arma indispensable.

La imposición de recetas neoliberales desde organismos internacionales no electos democráticamente (ejemplo: Fondo Monetario Internacional) basadas en la reducción del déficit y en la desregulación de la economía limitando la intervención del Estado, además de perpetuar el declive económico de los países del sur de Europa y mermar profundamente el avance social de los últimos años, ha debilitado la democracia representativa. Y ello ha sucedido en la medida en que la voluntad de los ciudadanos no se ha visto reflejada en la actividad de los gobiernos, produciendo una ruptura de la relación entre representantes y representados.

En este contexto surgen algunas voces que, lejos de pronunciar un discurso para reforzar los mecanismos de la democracia representativa moderna o poliárquica, como le gustaba llamarla a Robert Dahl en On Democracy (1988), avocan a la democracia asamblearia; medianamente practicable en pequeñas unidades locales pero inviable a gran escala, como también señaló este catedrático de Ciencia Política.

Tampoco arrojan luz sobre la dramática situación económica actual. Salir del euro, no pagar la deuda, cuantiosas rentas básicas para todos los ciudadanos cuya implementación son incapaces de defender razonadamente ni tan siquiera en el medio y largo plazo…

Todo vale para desmarcarse de un sistema, en el que ahora no obstante participan, recurriendo si es necesario a una banalización de la política construyendo una historia de buenos y malos, y si se acaba con los malos… se solucionan los problemas.

En Italia, tienen la campaña de Grillo y el ‘Movimiento 5 Estrellas’ de mandar a “todos los políticos”, sin excepción, “a casa”. En España, Iglesias y ‘Podemos’ optan por desalojar a “la casta” (término que también utilizan sus homólogos italianos), aunque de momento, se van conformando con hacerle un roto en el suelo electoral a los dos principales partidos a nivel nacional (sobre todo al PSOE que es con quien compiten por pura proximidad ideológica; al que Iglesias le deseó una desaparición similar a la del PASOK griego).

La hostilidad de estos partidos se extiende incluso al régimen constitucional, considerándolo en buena parte una artimaña de las élites político-financieras para el mantenimiento del statu quo.

Un discurso pantanoso con salidas poco claras, pero catapultado al éxito y embalado por la desafección, totalmente justificada, hacia la clase política corrupta y más deplorable, que lejos de sentir la más mínima vocación de servicio público, hacen de la política lo contrario a lo que debiera ser; algo obsceno y desmerecedor de toda confianza.

En definitiva, en España, Italia y también Francia (en una peligrosísima versión ultra-derechista), se robustece un populismo “de barra de bar”, que está siendo rentable en lo electoral pero que tiene poco recorrido en la mayoría de los ámbitos.

Estos movimientos no surgen solos, ni tan siquiera pese al enorme descontento que suscitan crisis y corrupción.

Al descrédito de la política, el Estado y sus instituciones, también ha contribuido la hegemonía de la ideología neoliberal en la década de los ochenta con Margaret Thatcher y Ronald Reagan a la cabeza, que construyeron su liderazgo considerando el Estado como parte del problema y no como parte de la solución; el Estado como un obstáculo que torpedeaba el crecimiento económico y lastraba el bienestar de la clase media.

No cabe ninguna duda, la fórmula DLP (Desregulación-Liberalización-Privatización) ha contribuido al ascenso de la antipolítica, que ahora se materializa mayoritariamente a través de esa vertiente populista que encuentra pocos obstáculos a la hora de afianzarse como alternativa en el panorama político.

No obstante, es de justicia agradecer a algunos de estos partidos populistas (‘Podemos’ y el  ‘Movimiento 5 Estrellas’) algunas valiosas propuestas de regeneración democrática  y que hayan hecho despertar de su letargo a los partidos políticos tradicionales.

Medidas concretas para romper con algunos privilegios de la política muy bien vendidas a través unos líderes mediáticos que, con un lenguaje contundente y fácilmente comprensible por los ciudadanos, han logrado despertar también a muchos tradicionales abstencionistas. Nadie negará que resulta toda una proeza construir campañas electorales tan fructíferas en tiempos en los que sólo se valoran los hechos y poco o nada las propuestas.

Si estas formaciones perdurarán o no en el tiempo dependerá de qué decidan hacer con la confianza que se les está otorgando; sumar en coaliciones a cambio de conseguir algunos de sus objetivos programáticos o permanecer inflexibles y acabar arrinconados cuando conservadores-liberales y/o socialdemócratas recuperen su fuerza (como parece estar sucediendo ya en Italia con el ascenso de Matteo Renzi y su reforma electoral para restar poder a los partidos minoritarios).

El tiempo dirá, aunque no es descabellado pensar que les será más cómodo ser una piedra en el zapato del sistema de partidos que remangarse y gobernar, empezando así a desinflarse como todos los demás…

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Sergio Pérez Diáñez

Estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración y optimista a tiempo completo. Fiel defensor de la política como el arte de solucionar los problemas. Autor de Entre Camaleones (http://www.bubok.es/libros/216342/Entre-Camaleones).

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