Federalismo

DANIEL ORDÁS | La palabra de moda que se lleva este verano en España es el “Federalismo” este “curalotodo”, sirve por lo visto para todos los males de España, evita la corrupción, el despilfarro, el separatismo y el desarraigo político.

En los últimos meses ha sido sobre todo el PSOE el que ha citado una y otra vez esta panacea sin darle ningún contenido, por miedo a que al concretizar se rompiera el encanto interno y se expusiera la criatura a ataques externos.

De entrada tengo que reconocer que soy federalista hasta la médula y vivo en un país de larguísima tradición federalista. Mi crítica constructiva en este artículo no va dirigida ni mucho menos contra el federalismo, sino contra el pánico que tienen los políticos a concretizar propuestas durante la legislatura.

Para entender las ventajas del federalismo y del principio de la subsidiariedad que conlleva hay que explicar lo que son. El federalismo es el modelo de estado en el que varios estados se asocian, para coordinar ciertas materias que delegan en una unidad superior. La fuente de todas las competencias es inicialmente el Estado Asociado que delega voluntariamente, y de acuerdo con sus socios, poderes y competencia al Estado Federal. Si se rige por el principio de la subsidiariedad, delegará la menor cantidad de competencias posible, ya que siempre es mejor resolver los problemas pequeños en el municipio, si fuera necesario los más grandes en el Estado Asociado y solo en los casos que sea imprescindible una coordinación general en el Estado Federal.

¿Que significaría esto aplicado a España?

A primera vista España, dada su historia, no puede ser un Estado Federal puro, ya que no existen Estados soberanos que se pudieran asociar. No obstante se puede re-federalizar mediante un ejercicio mental en el que se le concederían durante un instante a los Estados Asociados todas las competencias estatales e inmediatamente se delegarían ciertas competencias de nuevo al Estado Federal. Es importante entender esto, ya que el Estado Federal se hace de abajo hacia arriba, delegando los Estados Asociados las competencias que no se sienten capaces de cumplir a un ente superior, la percepción actual en España es que el poder está en Madrid y que cuan acto de gracia concede competencias al que más patalee. Lo esencial de un Estado Federal es que las competencias son repartidas y a ser posible no compartidas, para evitar conflictos de competencias, despilfarro, redundancias más perdidas de energía y tiempo.

El federalismo tiene un efecto entre el Estado Federal y los Estados Asociados pero también entre los Estados Asociados entre si. En la relación Estado Federal – Estado Asociado define las competencias y obligaciones de cada cual, primando -siempre que no esté estipulado de otra forma- la competencia del Estado Asociado. En lo que se refiere a los Estados Asociados entre si, estos por un lado son competidores y por otro lado son socios y aliados. El dinamismo de un Estado Federal consiste en que los Estados Asociados están en competencia continua y por ende intentan ser mejor que los otros, de modo que el nivel general de productividad y bienestar aumenta (a veces es necesario poner ciertos límites, para evitar el efecto Low Cost).

Por otro lado se deben un cierto nivel de solidaridad y apoyo que debe de ser predefinido para evitar malos entendidos. El máximo apoyo se deben los Estados Asociados a nivel militar, ya que por general suelen delegar las competencias de defensa del territorio al Estado Federal. Otro apoyo que no suele ser muy cuestionado es el socorro en casos de catastrofes naturales, en general no suele ser competencia del Estado Federal, pero este asume un papel coordinador cuando fuera necesario.

El nivel más discutido de la solidaridad entre los territorios es casi siempre el económico. Por un lado los Estados Asociados suelen delegar al Estado Federal la competencia de cobrar ciertos impuestos como pueden ser el IVA o los impuestos especiales sobre el alcohol y el tabaco. Incluso en algunos países, los Estados Federales cobran un parte de los impuestos sobre los ingresos de las personas físicas y los beneficios de las empresas. La mayor parte de los impuestos los cobran sin embargo los Estados Asociados a raíz de lo que consideren razonable los ciudadanos del Estado Asociado o su parlamento. Según su posibilidad de recaudar impuestos los Estados Asociados pueden gastar más o menos o endeudarse en la medida que consideren oportuna. Para apoyar a los Estados Asociados menos fuertes, el Estado Federal fija -en colaboración con sus Estados Asociados- una cuota solidaria que cada Estados Asociado tiene que contribuir o puede cobrar, según lo que se acuerde anteriormente. De esta forma cada Estado Asociado ejerce su responsabilidad y es amo de su destino, pero sabe, que si algo le sale muy mal o en caso de emergencia, puede recurrir a una ayuda preestablecida que le prestan sus socios a través del Estado Federal.

Insisto de nuevo en que yo soy un defensor convencido del federalismo y me parece fantástico el sistema, pero creo que antes de venderlo a los españoles como remedio de todos los males, los políticos deberían de explicar de que están hablando y probablemente la euforia sería menor.

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Daniel Ordás Menéndez (Basilea, Suiza, 1974) es un abogado, autor y político suizo de origen español. Licenciado en Derecho por la Universidad de Basilea. Parte de sus estudios los realizó en la Universidad de Berna. En 2003 fundó el bufete de abogados Advokatur & Rechtsberatung TRIAS con dos socios www.advokatur-trias.ch. Desde 2011 es socio de otros tres bufetes en diferentes ciudades suizas. En 2012 fue editor de la revista política Statements. En varias entrevistas en medios españoles propuso introducir en España la democracia directa, pero no fue hasta 2012 cuando en plena crisis económica y política su reivindicación tuvo eco. A raíz de varias entrevistas y de múltiples conferencias publicó el libro 'España se merece… Democracia directa'. En 2013 publicó junto a Juan Cortizo el libro 'España se merece… una re-Constitución'.

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