Las políticas privatizadoras en Sanidad pasan factura a la Comunidad de Madrid

PABLO ESPADA | El silencio en cuanto a responsabilidades políticas en la Comunidad de Madrid y en el Gobierno sigue su curso.

Ni la Ministra de Sanidad, la señora Ana Mato, ni el Presidente de la Comunidad de Madrid, el señor Ignacio González, han conseguido calmar a la población tras el primer contagio del virus del ébola en España y en el continente europeo.

Ni siquiera algunos médicos conocen la causa por la cual se infectó la enfermera. La razón puede ser clara para algunos ciudadanos y expertos sanitarios, pues todos hemos visto fotos de los trajes especiales con cinta aislante, cortinas y sábanas a modo de compuertas, o la dejadez de la tripulación en cuanto a la vestimenta que usó a la hora de repatriar al Padre Pajares en agosto de este año.

Son hechos probados con fotos, vídeos y testimonios de los propios voluntarios y trabajadores de los hospitales. Pero pese a todo, algunos medios de comunicación insisten en culpar a la trabajadora del contagio en vez de buscar culpables en consejerías, ministerios y responsables políticos al ser cómplices en el desmantelamiento de los hospitales públicos de Madrid, que conlleva al recorte de presupuesto y posterior eliminación de programas de prevención de epidemias.

Desde lo sonado en distintos medios de comunicación, es de destacar que los trabajadores del Hospital de Alcorcón fueron informados por los pacientes del mismo, en lugar de ser la entidad quien realizará esta tarea. Incluso la enfermera contagiada conoció antes su diagnóstico por medios periodísticos, que por el centro sanitario. Los propios trabajadores denuncian que fueron amenazados para que guardaran silencio tras negarse a limpiar la zona afectada con sólo una bata como instrumento de contención del virus.

Por lo tanto, tenemos que tener en cuenta, al menos tres aspectos, de esta crisis sanitaria:

  • La primera víctima de este error es la propia enfermera, habiéndose expuesto al peligro y contagio, aunque de forma voluntaria, pero con unas medidas de seguridad garantizadas y que, al final, resultaron ser escasas, insuficientes y deplorables.
  • Privatizar y desmantelar hospitales públicos sale caro a la larga, pues como toda empresa privada, su principal objetivo es reducir los costes lo máximo posible para obtener mayores beneficios (en este caso, como ya hemos comentado, el programa de prevención de epidemias que fue recortado en 2008).
  • Tenemos la consecuencia de haber repatriado a un enfermo de ébola sin estar preparados los hospitales y sin haber explicado de forma correcta el protocolo de actuación y prevención para estos casos.

Y finalmente subrayar una expresión popular que viene como anillo al dedo para promocionar la Marca España en relación a la capacidad de nuestro Gobierno, la repatriación y la gestión de esta crisis: “Manolete, si no sabes torear pa’ qué te metes”.

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Pablo Espada

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