Sobre las encuestas pre-electorales y sus predicciones

ANDRÉS ROMERO | Como cualquier otra técnica de estudio social, el método de las encuestas se encuentra con el problema de la no respuesta, el error del entrevistado en las contestaciones, y el engaño premeditado a las preguntas planteadas. Todo ello plantea sesgos que es preciso tener en cuenta a la hora de inferir de cualquier muestra los parámetros que se dan en la sociedad. Existen métodos (postestratificación, calibración) para intentar corregir esos problemas, y aún así los ciudadanos pueden cambiar de opinión en corto espacio de tiempo (como ocurrió en 2004 tras los atentados del 11M) por circunstancias extremas.

En el corto periodo de una campaña electoral oficial puede haber pequeños cambios, pero un número indeterminado y numeroso de personas toma su decisión en el estrecho periodo en que no se pueden publicar encuestas (la semana previa de elecciones), incluso en el último momento. Como ejemplo, la Universidad Complutense de Madrid pronosticaba el 23 de Abril en una encuesta, coordinada por el profesor Millán Arroyo, un 5,7% de apoyo electoral en Madrid a Podemos (el propio Departamento donde son profesores casi todos sus dirigentes) y finalmente obtuvo en esa Comunidad Autónoma el 11,3% (el doble de lo pronosticado).

Pero en las Elecciones al Parlamento europeo basta una muestra de ámbito nacional para hacer estimaciones de representantes parlamentarios. En cualquier otro caso, la muestra debería ser para cada circunscripción (en Elecciones Generales, 52 muestras). Pero además, nos encontramos con que compiten bastante más de dos candidaturas (en Barcelona y Valencia hasta 5 obtuvieron representación en 2011) y el error muestral tiene en cuenta dos posibilidades (“p” y “q” en argot), que serviría muy bien para pronosticar participación y abstención pero obliga a incrementar el tamaño muestral para “descubrir” la intención de voto a opciones minoritarias (en torno al 3% de apoyo sobre Censo). Cuantas más opciones electorales haya, y con probabilidades elevadas, la cosa se complica sobremanera.

Incluso estimada una proporción de apoyo a tal o cual partido, hay que aplicar el nivel de confianza y el error muestral con que se realiza la encuesta para disponer del “abanico” de  probabilidad de apoyo a esa candidatura. Si la estimación habla del 25%, aplicando el estándar en las encuestas (NC = 95,5% y error muestral del +-3,1%), nos vamos a una horquilla del 6,2% por arriba y por debajo. Esto es, una probabilidad de voto entre el 18,8% y el 31,2%. Casi nada.

Las muestras al uso, que han pasado de 400 a 1.100 en el ámbito nacional sirven para un pronóstico fiable con los partidos que cuentan con gran apoyo (ni que decir tiene los problemas con partidos minoritarios de ámbito provincial, por ejemplo UPN y PRC). Y aún así las estimaciones de representantes sirven de poco, pues de esas 1.100 personas entrevistas ¿cuántas pueden corresponder a Madrid?, ¿cincuenta?. El tamaño de una muestra representativa requiere un mínimo de 400 con el estándar anterior. Multiplicado por 52 distritos nos vamos a…mucho más de 1.100.

Obtenidas las respuestas de 50 personas en Madrid del ejemplo anterior, una cuarta parte declara abstenerse. Trabajar con 40 cuestionarios de personas que declaran que “votarán”  significa que cada una es el 2% sobre la muestra en la circunscripción. Si una señala al partido “Z” no se le atribuyen escaños (el mínimo legal es del 3%) y si lo hacen dos se obtendría  seguro. Pero el margen de 1 a 2 personas es del 100% de diferencia. Ridículo el planteamiento.

Por ello esas encuestas de ámbito nacional tienen interés como lo que muestran: tendencias en la intención de voto, en lo que son absolutamente fiables. Pero siguen teniendo problemas con las opciones minoritarias, máxime si son novedosas, y mucho más con la atribución de parlamentarios, que se hacen por circunscripción.

La opción más empleada es hacer muestras más pequeñas en la mayoría de circunscripciones con gran probabilidad de representación dos opciones electorales (PP y PSOE principalmente) y una muestra mayor en las circunscripciones con más representantes a elegir y con más opciones políticas con posibilidad de obtenerla (Barcelona por ejemplo, con 31 diputados en liza y 5 candidaturas que obtuvieron representación).

Con lo obtenido en una encuesta, se compara con resultados anteriores reales. Algo que no es posible con nuevas opciones electorales en liza (ahora con Podemos y Ciudadanos, antes con UPyD). Con lo declarado y con la comparación pasamos de la intención declarada de voto a la estimación de voto. Y lo que hacíamos antes de inferir (“cocina”) a partir de simpatía, voto anterior, segmento de población, etc., viene saltando por los aires desde las Elecciones autonómicas en Cataluña de 2010. Los anclajes que habían permitido una fidelidad de voto en amplios segmentos de la población española se están rompiendo a una velocidad vertiginosa, como de vértigo están siendo los cambios en la vida cotidiana de muchas personas, por más que en los mass media apenas se refleje (el desempleo o el desahucio aparecen como anécdotas personalizadas en los telediarios, pese a que la EPA refleje 5,5 millones de desempleados y 3,5 millones de trabajadores en precario, y las cifras de desahucios hablen de cientos de miles de familias).

Las simulaciones que se hacen para atribuir representantes políticos de la inferencia sobre una muestra reducida, de ámbito nacional y no provincial no dejan de ser eso, simulaciones. Cualquiera las puede hacer y reflejar una aproximación sobre el Congreso (con 350 escaños), pero mal se reflejan en una atribución por provincias. Cuando eran dos los partidos mayoritarios, dos los minoritarios, y una pléyade de partidos de ámbito autonómico, las predicciones se aproximaban bastante al resultado global, pero con serias desviaciones en algunas provincias (Valencia por ejemplo, con errores con Compromís y UPyD, que se estrenaban en 2011 tanto en las elecciones como en la obtención de escaño).

Con la aplicación además del método D’Hondt de atribución de escaños, garantizar al 95,5% de probabilidad la distribución de escaños en provincias con más de 5 escaños en disputa, nos lleva a unas muestras enormes, inasumibles incluso para el CIS. De modo que incluso la encuesta mejor elaborada tiene problemas, no ya con la atribución de escaños, sino incluso con la estimación de voto para cada candidatura. Y aún así, la mayoría ofrece porcentajes muy concretos (exigencias del periodismo) que siempre han estado dentro del “abanico” pronosticado (si anuncian un 25%, y luego obtiene el 20% o el 30%, la encuestadora “acierta”, aunque efectivamente eso no consuela al partido si obtuvo el 20%, y menos a los lectores que quieren un pronóstico al milímetro).

Como buen consumidor de ciencia ficción, sé que no hay ninguna predicción cierta del futuro.  Aunque algunas encuestas contribuyan a moldear ese futuro pretendiendo convertirse en profecías que se autocumplen por mor de indicar a los ciudadanos dónde “invertir” mejor su voto.

 

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Andrés Romero

Licenciado en CC. Políticas y Sociología, y Post-Grado en Diseño y Tratamiento Estadístico de Encuestas, ambos por la UNED. Ha sido profesor asociado del Dpto. de Sociología y Antropología Social de la U.V. en las asignaturas de Socioestadística y Métodos de Investigación Social. Actualmente Director de GESOCLAB, dedicada a la investigación de mercados y estudios sociolaborales, así como a la consultoría política y electoral.

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3 comentarios sobre “Sobre las encuestas pre-electorales y sus predicciones

  • el 3 febrero, 2015 a las 5:35 pm
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    Una precisión: en la semana previa lo que no se puede es PUBLICAR encuestas.

    • el 3 febrero, 2015 a las 7:55 pm
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      Gracias por el aviso. Ya está corregido.

  • el 4 febrero, 2015 a las 12:46 am
    Permalink

    Correcta la observación, en el original podía producir confusión.

Comentarios cerrados.

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