El plan Juncker echa a andar

PABLO ROJAS ABAD | El pasado 27 de Enero, el ECOFIN (la formación del Consejo de la UE compuesta por los ministros de Economía y Finanzas de la Unión) se reunió para tratar, entre otras cosas, del plan Juncker. ¿Qué es el plan Juncker y qué problemas se puede encontrar en su puesta en funcionamiento? Avanzamos que no es un “plan”, es un Fondo, y que en principio problemas… pocos.

El plan Juncker, por supuesto, no se llama plan Juncker, si no EFSI, European Fund for Strategic Investments o Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE), y hoy no es el primer día que se habla de esto en el Consejo. De hecho, el Comité de Representantes Permanentes (el COREPER) se reunió el día 15 para establecer el grupo de trabajo ad-hoc del EFSI, que comenzó a trabajar el pasado día 19. Por cierto, si alguien quiere ver el documento sobre el que están trabajando, está aquí.

¿Pero en qué consiste exactamente el Plan Juncker? Para empezar, el grueso del plan se estructura como un Fondo de Inversiones, que se dedicará, como otros Fondos de Inversiones internacionales, a financiar parte de proyectos que cumplan con determinados requisitos. La diferencia con otros instrumentos similares existentes, como los del grupo del Banco Europeo de Inversiones (BEI y FEI) está en el riesgo de los proyectos en los que se va a invertir.

El BEI tiene fama de ser un banco bastante conservador en sus inversiones, y de hecho tiene un rating AAA del que está tan orgulloso que para gestionar el plan Juncker impusieron la condición de que fuese independiente orgánicamente de ellos. EFSI se constituye como un Fondo de Inversiones separado del BEI para evitar dos contaminaciones; una, que una serie de inversiones fallidas pudiera bajar el rating del BEI, y dos, para evitar que un mismo gestor lleve proyectos de diferentes entidades, pudiendo así caer en la tentación de “mandar” los mejores proyectos a una de las entidades y los peores a la otra. A su vez EFSI se beneficia del BEI de dos formas; el BEI destinará 5000 millones de Euros que actualmente tiene disponibles como consecuencia de “beneficios extraordinarios” al montante inicial del EFSI  de 21 mil millones de Euros, de los cuales 5 son del BEI, y 16 son garantizados por el presupuesto de la Comisión, con 8 mil millones ya “secuestrados” de partidas de inversiones en las diferentes Direcciones Generales que iban a ir a parar a planes de inversión parecidos pero mucho más pequeños.

La segunda parte implica ya algo de ingeniería financiera; La participación del BEI va a permitir que EFSI se beneficie de su experiencia y de su reputación, con lo que a la hora de acudir a los mercados para conseguir financiación adicional para los proyectos, podrán hacerlo más fácilmente. En principio, el ratio de apalancamiento de EFSI está calculado en 1/15, es decir, por cada euro que EFSI invierta en un proyecto, se espera conseguir un efecto catalizador que multiplique por 15 ese montante. Parte de ese ratio viene de la emisión de deuda que acabo de mencionar, y esa cobertura haría que el restante 80% la asuma el sector privado.

Una parte importante de la que no se está hablando mucho es de la posibilidad de aportaciones de Estados Miembros.

La Comisión ya ha dicho que verá con (muy) buenos ojos el que Estados Miembros contribuyan al plan, y básicamente ha dejado entrever que no tendrá en cuenta esas aportaciones para calcular los déficits presupuestarios del pacto de estabilidad.

Además hay que recordar que EFSI no está pensado para ser un pozo sin fondo, en teoría los proyectos exitosos deberían generar bastantes beneficios. El BEI no tiene fama de perder dinero.

Por último, el plan actual deja abierta la posibilidad de que a la “steering board” o junta de supervisión actual, es decir, a la Comisión y al BEI, se le sumen aquellos Estados que hagan aportaciones. Alemania ya ha dicho dos cosas; una, que tiene pensado aportar dinero (se habla de 8000 millones), y dos, que no aceptará que haya ningún tipo de injerencia política a la hora de aprobar proyectos… Lo que viene a ser la idea original del BEI y de la Comisión, ya que se han reservado poder de veto ante cualquier decisión, siempre que se opongan los dos.

En cuanto a la tramitación del plan, tanto el Consejo (los Estados Miembros) como el Parlamento (salvo GUE/NGL) están de acuerdo más o menos en el formato y el contenido del plan presentado por la Comisión, con lo que es posible que se cumplan los plazos que se han propuesto; fijación de la posición del Consejo en Marzo y aprobación en el Parlamento Europeo en Mayo, así que el Fondo podría teóricamente empezar a trabajar oficialmente en Junio. Y luego hablan de la ineficiencia de la burocracia europea, red tape y demás…

De todos modos siempre es posible que algo se enquiste. En principio la victoria de Syriza en las elecciones griegas del pasado domingo no debería afectar en nada a la aprobación del plan, ya que, primero, era una victoria que seguramente descontaban el resto de miembros del Consejo desde hace como mínimo semanas, es decir, antes de que el plan entrase oficialmente en el Consejo, y no ha habido cambios en el plan. Además, si bien es cierto que Grecia es un país candidato a recibir bastantes proyectos de este Fondo, es bastante posible que los países más beneficiados sean aquellos que cuenten con la capacidad de presentar y gestionar más y mejores proyectos que no puedan encontrar financiación en los mercados o en el BEI por ser demasiado arriesgados. Dicho de otro modo, países grandes pero con problemas de inversión, léase España, Italia, Polonia…

Por lo tanto los intereses de que este plan salga adelante van mucho más allá de Grecia, con lo que un bloqueo de este plan ante una posición de confrontación de Grecia en otros temas se antoja bastante improbable.

Un posible foco de negociación puede que sea el montante mínimo para ganarse un sillón en el “steering bard”, y la función de ésta, pero visto que Alemania ya ha movido ficha en apoyo de la idea actual, es posible que no se vea mucho movimiento por ese lado.

Si al final sí que se intenta modificar algo y el Parlamento o el Consejo quieren introducir cambios en la propuesta de la Comisión, se podría frustrar una aprobación de la propuesta en primera lectura, o, ya puestos en un escenario tremendamente improbable, que la Comisión misma retire la propuesta si ve que las modificaciones propuestas son en todo punto inaceptables. Las posibilidades de que algo de esto pase son bajísimas, pero para cumplir con el calendario del que se está hablando no puede haber ningún retraso. El próximo ECOFIN está programado para el 10 de Marzo, con lo que en principio esa podría ser la fecha para que el Consejo apruebe su posición. A su vez, el Parlamento trató el pasado día 28 el EFSI en sesión plenaria en Estrasburgo, y la Comisión parlamentaria encargada de trabajar en la propuesta será la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios. Estás comisiones pueden y de hecho suelen tardar muchos meses en adoptar su posición, pero como se trata de inversiones que, teóricamente, no deberían suponer nuevos desembolsos de los Estados Miembros, en principio no se atisban grandes problemas para la adopción rápida de  la posición.

Lo lógico sería que tanto Parlamento como Consejo estén de acuerdo con la propuesta de la Comisión, y la propuesta vaya adelante sin encontrar ningún obstáculo. Y Juncker tendrá su plan.

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Pablo Rojas Abad

Pablo Rojas (Oviedo, 1986), es licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo. Estudió también un LLM en Derecho económico internacional por la Universidad de Strathclyde, Escocia. Cuenta con experiencia tanto en despachos de abogados como en el Consejo de la Unión Europea, donde acaba de terminar un stage en su servicio jurídico. Desde muy joven se ha sentido muy atraído por la política y por las relaciones internacionales.

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