El perfil sociológico del votante de izquierdas ante las elecciones de 2015

LAURA IZQUIERDO GÓMEZ |Actualmente, y a unos tres meses de celebrarse las elecciones, existe una guerra encarnizada de los partidos políticos, emergiendo nuevas fuerzas políticas como instigadoras de un cambio político y económico que, aseguran, está por venir. En esta ocasión, y por primera vez en la historia, el PSOE no ocupa ninguno de los dos partidos mayoritarios en intención de voto. Tras más de tres décadas de democracia, se habla de una reyerta ideológica acontecida por la representación legítima y auténtica de los actuales votantes izquierdas. Podemos, segunda fuerza en las encuestas sobre intención de voto, atesora más de una quinta parte de la población española como posibles votantes. Pero, ¿Cuál es el discurso que ha convencido a mucha parte de los antiguos votantes de la izquierda tradicional española (PSOE e Izquierda Unida)?, ¿qué podemos decir de las razones y el comportamiento de los españoles y españolas a la hora de elegir a Podemos como partido político al que tienen intención de votar? Lograr el perfil sociológico de aquellas personas que se autodenominan votantes de izquierdas, pero con una intención de voto distinta a la de las anteriores elecciones, esclarecerá con mayor nitidez este nuevo panorama político al que asistimos en la actualidad.

El votante de izquierdas, desde comienzo de la democracia española, ha dirigido su voto hacia partidos de su misma ideología en función de su situación laboral muy recurrentemente desfavorecida. Así, entendían que el partido político que votaran les protegería en sus derechos contextualizados principalmente en el ámbito del trabajo, visualizando a sus líderes políticos como ángeles que salvaguardarían sus derechos en las fábricas, campos y oficinas. Esas figuras cobraban interés en la medida en que solucionaban problemas concretos con soluciones exactas en los ámbitos que les correspondía intervenir. Después,  y diez años más tarde, llegaron a la agenda política issues como el matrimonio entre homosexuales, el aborto, y problemáticas más ligadas a la vida cotidiana de las personas. Obviamente, con anterioridad y en unos años ochenta eufóricos con la llegada de Felipe González al poder político, estas demandas de algunos sectores convivían en las comunidades españolas, pero el cleavage principal del país era fundamentalmente el económico: el de modernizar y reconvertir la economía española.

El mensaje de crear un mercado laboral en el que gran parte de los habitantes de España trabajara, no desataba polémicas; el factor laboral en la vida de las personas era algo inherente a su condición humana, y por ende, en esa temática no había apenas discrepancias. Sin embargo, y una vez superada esa fractura económica de estructura de nuestro país generando un alto porcentaje de empleo,  surgen otros interrogantes que hacen obligatorio el posicionamiento de los partidos políticos a un lado o a otro de la línea ideológica. Un color y otro del espectro ideológico se enzarzan en la contienda política esta vez poniendo sobre la mesa sus opiniones en relación a ciertos temas, y eso es lo que marca la diferencia en las distintas tendencias de voto en las elecciones. La bonanza económica de mediados de los noventa hasta 2008 estabiliza el panorama político, económico, educativo y sanitario, ya que los pilares básicos del Estado de Bienestar son mínimamente mantenidos por el gobierno, incluso haciendo ver a las familias españolas que su nivel adquisitivo era aún mayor del real: compra de segundas viviendas, renovaciones de vehículos, padres de la democracia llevando a sus hijos a la universidad, etc. Los derechos políticos y económicos ya pasaron a un segundo plano, debatiendo en las agendas políticas los derechos sociales que concernían a los/as españoles/as con una toma de conciencia de identidades cada vez más variada y complicada de abordar para algunos/as políticos/as.

Pero tras el estallido de la crisis en la segunda década del siglo XXI, vimos retornar el cleavage económico aún peor que en los años ochenta: a partir del 2008, vimos una crisis económica y también de confianza, acompañada de corrupción y de soberbia de la élite política. Ningún partido político se libraba de ese estigma, logrando la vergüenza y la repudia social de los/as conciudadanos/as de España. Esta situación de ruptura social y de confianza de la clase política provocó la pérdida de líderes políticos a los que idolatrar y la evidencia de que las filas de los partidos estaban infectadas de sobornos, trato de favores y bolsas de basura llenas de billetes. El perfil sociológico al respecto del votante español se volvió antisistema, sin la posibilidad de venerar a ninguna fuerza política, mostrando una postura de antipatía hacia todo lo que pudiera relacionarse con la casta política. Pinchazo en la burbuja inmobiliaria, estafa de las preferentes, tarjetas black, paraísos y fraude fiscal, etc. Demasiada información nefasta para el padre o madre de familia, joven, estudiante, jubilado/a, etc. Incapaz de ingerir toda esa cantidad de mentiras y desengaños.

Desorientación y frustración son las sensaciones que provocaron los escándalos políticos, unido a caras conocidas que trajeron la traición a los/as votantes. ¿Los/as españoles/as dejaron de votar en casi un 50% en su totalidad por indiferencia al sistema o por no tener clara sus ideas políticas en las últimas elecciones? Déjenme discrepar: si se produjo un absentismo de casi la mitad de los votos se debió a que la oferta de partidos políticos era muy escasa y no representaba a la generalidad del pueblo llano. La persona mayor de edad y con posibilidad de votar en las urnas tiene muy clara su inclinación ideológica, pero a falta de oportunidades reales de elección, su voto se ve mermado a un voto en blanco o a la no asistencia a los comicios. Por tanto, la interpretación de que los/as españoles/as no poseen capacidad de decisión ni de elección en las urnas, por indiferencia o desapego hacia la vida política, es manifiestamente falso.

Y en ese vacío de oferta de partidos políticos absolutamente limpios y sin rastro de presunciones ilegales, aparece la fuerza política de Podemos. Este partido político emerge como agua de mayo para algunos/as votantes porque representa una opción política realista a sus convicciones sociales y políticas. ¿Podemos es lo que la gente de a pié estaba esperando que llegara? Ligado a esta pregunta, este partido ha sabido aunar las reservas y la desconfianza de los/as españoles/as a un plano de nuevas reglas del juego del sistema al parecer más halagüeñas que las anteriores. Por ello, ha sabido pronunciar los problemas y las soluciones que el pueblo pedía, construyendo un discurso acorde a las necesidades y esperanzas de la población española. Tanto es así, que se ha posicionado como la segunda fuerza en intención de voto. Y la reflexión que lanzo tras este dato tan esclarecedor es, ¿cómo es posible que Podemos haya roto la baraja del bipartidismo existente en España de PSOE-PP?, ¿será el discurso, su líder político, o la forma en que este partido político se ha acercado al pueblo lo que ha hecho que Podemos desbanque al Partido Socialista Obrero Español, partido histórico de izquierdas tradicionalmente asentado en el imaginario político de nuestro país?, ¿ha sido Podemos la alternativa política definitiva y eficaz que sus futuros votantes estaban esperando?

Con estas cuestiones se abre una posible vía de estudio para conocer las razones que llevan al/a la votante a elegir a Podemos en las urnas, y si finalmente la población hace uso del derecho a voto y asiste a los comicios en un porcentaje mayor al que se dio en las últimas elecciones en las que Mariano Rajoy salió vencedor. El hecho de que aumente la acción de voto en las urnas, con independencia de elegir a una u otra fuerza, significaría la voluntad del ciudadano/a a votar, habiendo encontrado el partido idóneo acorde a sus preferencias e ideales. A nivel de democracia, y para mí esto es lo más importante, la reducción de absentismo aseguraría la verdadera legitimidad de nuestro sistema electoral y la representación en las urnas de absolutamente todos/as  los/as españoles/as. Entonces, el absentismo se convertiría en una excepción, y no en una regla, como hasta el momento se está mostrando.

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Laura Izquierdo Gómez

Licenciada en Sociología, y en Ciencias Políticas y de la Administración, me ocupa y preocupa investigar y entender cómo funciona el ser humano en entornos como el del actual sistema de consumo, en contextos políticos diversos, o en cualquier otro área susceptible de análisis sociológico.

2 comentarios sobre “El perfil sociológico del votante de izquierdas ante las elecciones de 2015

  • el 4 marzo, 2015 a las 8:21 am
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    Creo en la tesis que la desafección política, antes muy vinculada a la crisis, ahora está más relacionada con el crecimiento de la preocupación por los temas de corrupción y fraude. Considero que esta fuga electoral del PP y PSOE responde a un castigo, y el voto a Podemos como una forma de protesta.

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