La identidad andaluza: teoría, valores y conceptualización

FRANCISCO COLLADO | En este análisis, aprovechando la reciente celebración del Día de Andalucía, se aborda la controversia sobre la identidad andaluza. Para ello, se presenta una situación del estado actual del andalucismo, un recorrido histórico sobre las diversas culturas que han poblado Andalucía, el sentimiento andaluz y su relación con el español, las identidades locales y el sentimiento de pertenencia a la Unión Europea. De esta forma, se puede visualizar claramente la situación de la identidad andaluza y otros sentimientos de pertenencia existentes entre los andaluces.

Se define la identidad como un elemento con una variante étnico-lingüística o cultural, formado por la existencia de una lengua o dialecto propio y/o una historia, un pasado, un folclore y una cultura que define a un grupo frente otros; y otra variante cívica, en la que el grupo se caracteriza por pertenecer a una comunidad con unas normas y unos valores comunes (Linz). Ambas dimensiones pueden ser excluyentes o complementarias según cada caso (territorio, nación, etc.). El concepto de identidad andaluza representa un elemento de difícil definición y muy a menudo, es objeto de controversia si se puede hablar de regionalismo o de nacionalismo andaluz. Al respecto, la obra de Blas Infante desarrollada a principios del siglo XX se considera el principal corpus teórico en el que se recogen las ideas y teorías sobre la “nación andaluza”. Más tarde, otras personalidades como Rojas Marcos, Diego de los Santos y Miguel Ángel Arredonda, por citar algunos, han contribuido intelectualmente a la producción de obras que profundizan en la identidad andaluza y se pueden considerar, hasta cierto punto, continuadoras de la tradición andalucista de Infante (Rojas Marcos). Andalucía a diferencia de otros territorios como Cataluña, País Vasco o Galicia no ha llegado a configurar un discurso común sobre qué significa ser andaluz o cuáles son las señas de identidad de Andalucía (Aguiar y Espinosa, García Faroldi, Moreno Navarro, Del Pino y Bericat). Entre los factores que han limitado la consolidación de un marco o “framing” homogéneo de lo andaluz se encuentran los siguientes:

  • La existencia de sentimientos de orgullo o identidades como “ser español” o “ser de mi ciudad” que se anteponen o se mantienen jerárquicamente en la misma posición que “ser andaluz”, según distintas encuestas y estudios.
  • El desarrollo de un imaginario “sobre lo andaluz” creado por la visión decimonónica[1] de aventureros británicos (Washington Irving, William Jacob, Elizabeth Lady Holland) sobre la mistificación de la historia andaluza (Moreno Navarro) y por las políticas culturales y audiovisuales de la dictadura, que crearon un imaginario de lo español a partir de lo andaluz.
  • El fallido intento de articulación de un partido político de corte regionalista y/o nacionalista en torno a lo andaluz, como se observa en el Partido Andalucista (PA) y en el Partido Socialista de Andalucía (PSA), en las últimas décadas (Jerez Mir; Pérez Nieto). Por otro lado, el andalucismo político de Rojas Marcos no fue tanto una continuidad de la postura de Blas Infante, sino que incorporó dichos planteamientos teóricos y las juntas liberalistas andaluzas años más tarde de comenzar su oposición organizada al régimen franquista. Además, la capitalización de dicha identidad ha sido ampliamente ejecutada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Andalucía al institucionalizar la obra y el legado de Blas Infante en distintos museos, exposiciones y publicaciones.
  • En relación con el anterior punto, la ausencia de una continuidad intelectual y teórica sobre el andalucismo de Blas Infante después de la Guerra Civil. A diferencia de casos como Cataluña, donde la Renaixença y su estudio junto con la defensa del catalán continuaron de la mano de Joan Triadú, Ramón Gali o Albert Manent, entre otros, durante la dictadura. De hecho, un estudio de García Faroldi demuestra como la historia política más reciente de Cataluña y Andalucía han llevado a reafirmar estas posiciones. En el caso catalán, el tripartito existente en la Generalidad a principios del siglo XX produjo un aumento del sentimiento catalanista y una nueva ola de demandas por parte de Cataluña hacia el Gobierno Central. Mientras que, en cambio Andalucía mantuvo su primacía de sentimientos igualados tanto hacia el territorio autonómico como hacia el español.

Por estos motivos, es complicado afirmar que exista una identidad andaluza, cuanto menos es innegable que dicha identidad no se ha consolidado. Y en esta disyuntiva, surge la pregunta en torno a qué es Andalucía más allá de una demarcación territorial que corresponde con una comunidad autónoma. Si bien, existe un acuerdo teórico sobre la aportación cultural de los pueblos y las civilizaciones de este territorio y su importancia en la Historia, teniendo en cuenta que ha sido uno de los principales puntos geográficos de desarrollo político, económico y social desde sus orígenes mediterráneos en la Edad Antigua. De hecho, en no pocas ocasiones, los representantes políticos y los intelectuales de la democracia argumentan y han argumentado la singularidad social y cultural andaluza o local aludiendo a estos episodios históricos. Buena parte de la legitimidad de los alcaldes de los municipios andaluces descansa sobre la referencia a reminiscencias del pasado, la identidad de la ciudad y/o la idiosincrasia de su historia.

Según la postura sostenida por Isidoro Moreno, Andalucía ha destacado por el mantenimiento de una civilización propia y autóctona que ha incorporado distintos elementos de los pueblos que la han habitado y a la que define como “la civilización más antigua de Europa” (Moreno Navarro). En esa lógica, el reino de Tartessos es la primera cultura de la que se tiene constancia en tierras andaluzas y la presencia de los pueblos íberos, celtas y celtíberos. Esta civilización se desarrolló a principios del primer milenio antes de Cristo en el Bajo Guadalquivir. Además, durante ese período los fenicios fundaron distintas factorías como Gadir (Cádiz), Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra). Más tarde, la llegada de los cartagineses, pueblo de influencia fenicia/semítica y su derrota en las Guerras Púnicas (s. III a.C.) favorecieron la rápida romanización del territorio, constituyendo la provincia Bética. Con la consiguiente caída del Imperio Romano en el siglo IV, la región andaluza quedó bajo el control de los reinos visigóticos, a quienes hipotéticamente se debe el origen del nombre de la región. Si bien, durante un breve período de tiempo, Bizancio ocupó una franja costera desde Huelva hasta Cartagena, formando la provincia de Spania y en un intento por recuperar el antiguo legado romano (Collado Campaña). Durante la Edad Media (s. VIII – XV), los musulmanes conquistaron la mayor parte de la Península Ibérica y crean Al-Andalus con Córdoba como capital política y se mantiene dicha presencia hasta la caída del Reino Nazarí de Granada. En el Renacimiento, Andalucía se divide en la Alta y Baja Andalucía dentro de España como Estado moderno y manteniéndose de forma ininterrumpida hasta la actualidad (Moreno Navarro). Andalucía juega un papel importante en la colonización española de América debido a los puertos de Sevilla y Cádiz, donde se centraliza el comercio con las Indias. Una última aportación cultural vendrá de mano de la presencia inglesa en las costas malagueñas y gaditanas, introduciendo las ideas liberales y el protestantismo durante el siglo XIX.

Pese al legado histórico expuesto, el sentimiento de pertenencia tanto a Andalucía como a España es la opinión mayoritaria entre los andaluces a lo largo de los años de democracia. Así, se puede observar en la siguiente serie del CIS sobre sentimiento nacionalista en Andalucía (Gráfico I). Cabe reseñar que esta opinión no ha sido inferior al 50% en las más de tres décadas de existencia de la comunidad autónoma.

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La pertenencia a Andalucía es un hecho que tiene mayor relación con su expresión en la actual comunidad autónoma (Aguiar y Espinosa, Coller). Por un lado, distintas encuestas en las que se ha preguntado por esa identidad, demuestran como el nacionalismo andaluz o andalucismo actualmente es una posición minoritaria y de izquierdas (Aguiar y Espinosa). Por lo que, la posición mayoritaria de la identidad andaluza corresponde con un sentimiento de naturaleza cultural desarrollado social e históricamente, pero que carece de un componente político. Según el Barómetro de Opinión Pública del IESA en 2005, el 76,7% de los andaluces se sentía tan andaluz como español (Tabla I), sin que un sentimiento prevaleciese sobre el otro.

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A la luz de estos datos, se observa como los andaluces se sentían satisfechos en su mayoría con la organización territorial de Andalucía dentro de España y el sentimiento que sentían tanto hacia su país como hacia su comunidad autónoma para fechas de la década pasada. Es interesante observar como entre las posiciones minoritarias en relación a las fórmulas alternativas de organización territorial, son superiores los federalistas que los centralistas. Por lo que, la práctica totalidad de los andaluces son opositores a retroceder en el grado de autonomía que ha adquirido Andalucía actualmente.

En términos similares, se muestra un reciente análisis de la identidad andaluza realizado por Xavier Coller (2014). Por su parte, Coller sostiene que esta identidad carece de significación política y que tiene una dimensión territorialista. Por lo que, no es una condición necesaria el haber nacido en Andalucía, tener padres o familiares andaluces, sino que la identidad andaluza se construye como un sentimiento de pertenencia a un territorio determinado respecto a otros dentro del Estado de España.

Por tanto, se afirma que la identidad andaluza actualmente no ha adquirido un especial significado político y que se corresponde más con un sentimiento de pertenencia al territorio de la comunidad autónoma. Si bien, el llamado andalucismo o nacionalismo andaluz representa un sentimiento minoritario, apenas representado por una porción inferior al 5% de la población (Aguiar y Espinosa, Del Pino y Bericat). Por lo que, la identidad andaluza coexiste pacíficamente con la identidad española para la mayor parte de los residentes en Andalucía. En un trabajo de Bericat, se ponen en relación estos sentimientos con otras características culturales y sociales. Al respecto, señala que las posiciones más localistas y la minoría que sólo se siente andaluza se corresponde con una cultura tradicional y un estatus social bajo. Mientras que, los que destacan por un sentimiento más españolista o europeo, se corresponde con una cultura de corte posmoderno. Por lo que, concluye que una mayor identificación andaluza se corresponde con más tradicionalidad, y mayor identificación española se relaciona con una mayor posmodernidad.

El debate sobre la identidad andaluza continúa con la consideración de identidades arraigadas a espacios físicos/niveles de gobierno de menor dimensión como la provincia y el municipio. Y es que, dentro de la misma comunidad autónoma existen otras identidades de carácter local o territorial que aluden a un espacio geográficamente inferior a Andalucía. En este sentido, la división entre la Alta Andalucía y la Baja Andalucía, o más nítidamente entre Andalucía Occidental (Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba) y Andalucía Oriental (Málaga, Granada, Jaén y Almería) ha producido la aparición de identidades respectivas en el siglo anterior y presente. En el caso de los andaluces orientales, esta identidad se ha construido como una oposición al centralismo político de Sevilla desde la creación de la comunidad autónoma. Por su parte, algunos políticos malagueños han recordado, en no pocas ocasiones, que el municipio de Antequera era la capital que originariamente se había previsto durante la junta pre-autonómica en los Pactos de Antequera. Un dato que desde el consistorio malagueño se suele recordar a la Junta de Andalucía de forma esporádica.

Aunque estas identidades locales y construidas en la rivalidad entre ciudades pueda parecer algo anecdótico o trivial, no debe ser subestimado. Si bien, no existen datos suficientes para conocer el peso de la identidad local o del sentimiento de pertenencia al municipio. Y esto es una laguna grave, porque especialmente los alcaldes (líderes locales) han empleado discursos basados en la defensa de la identidad local como oposición a otros municipios, especialmente Sevilla y la Junta de Andalucía por extensión, para denunciar y/o reclamar determinados recursos, infraestructuras o bienes. Por ejemplo, Francisco de la Torre (PP) cuando se opuso a las exigencias de ley de capitalidad de Sevilla[2] o cuando ha exigido una descentralización de las sedes de las instituciones autonómicas. A la inversa, los alcaldes de Sevilla y algunos consejeros de la Junta de Andalucía han promovido en varias ocasiones determinados discursos basados en su carácter como capital autonómica para exigir determinados servicios, sedes institucionales o recursos. Un caso paradigmático fue el caso de Ignacio Zoido (PP) cuando intentó plantear una ley de capitalidad ante el Parlamento Andaluz. O cuando se propuso, por parte del ejecutivo autonómico en 2009, la creación de una caja de ahorros única andaluza mediante la fusión de distintas entidades como Unicaja, CajaSol, CajaSur, Caja Granada, Caja Jaén y otras. Lo que suscitó discrepancias y tiranteces entre los alcaldes y otros representantes locales de distintas provincias.

Por ello, las identidades locales y las oposiciones/rivalidades que se crean entre unas ciudades y otras y entre unas ciudades con respecto a otros niveles de gobierno son aprovechados como instrumentos de los líderes locales para hacer prevalecer los intereses del municipio, para fortalecer sus redes de seguidores y aumentar su apoyo electoral en el mismo. Por lo tanto, un hecho indudable de estas identidades es que son socialmente y políticamente construidas a lo largo de períodos históricos. Si bien, detrás de este discurso polémico sobre la rivalidad entre las ciudades andaluzas, se esconde lo que algunos han venido en llamar como el “desarrollo asimétrico”, “desarrollo desigual” o los “desequilibrios internos” de Andalucía (Entrena Durán, Domínguez Ortíz, Lacomba).

Finalmente, el sentimiento de pertenencia a la Unión Europea representa otra identidad territorial que tampoco debe olvidarse en este análisis de la territorial desde la subjetividad de los andaluces. Si bien, al no disponer de datos o barómetros que lo midan a nivel regional, se puede observar la serie del CIS sobre identidad europea por parte del conjunto de los españoles (Gráfico II).

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A la luz de estos datos se observa como el sentimiento de pertenencia al Estado español por encima de la ciudadanía europea es la opinión mayoritaria a lo largo del período, no situándose en ningún momento por debajo del 50%. Por lo que, se mantiene la importancia del Estado-nación como institución con la que se identifican los españoles, pese a que haya perdido potestades en el ámbito económico y monetario. La segunda opinión imperante es la de aquellos que se sienten tanto ciudadanos europeos como ciudadanos españoles.

Además, el sentimiento europeísta es reducido y escaso entre los sujetos, no llegando a lograr el 5% aquellos que se sienten ante todos miembros de la Unión Europea. Probablemente, el fracaso de la Constitución Europea y la insolidaridad territorial entre los países miembros durante la crisis económica de 2008 hayan influido determinantemente a que no hayan cambiado las tendencias en lo que respecta al sentimiento de pertenencia a la organización comunitaria.

Según un trabajo de García Faroldi, el apoyo a la Unión Europea está relacionado con altos niveles de formación, determinadas profesiones y prácticas que exigen viajar y el contacto o la amistad con personas de otros países comunitarios. Asimismo, subraya que no existe una relación entre nivel económico y sentimiento europeísta, pues existen casos de ciudadanos con una renta alta, pero que están inmerso en una red social donde son mayoritarios los sentimientos más localistas y esto determina una menor identidad europea.

[1] Se puede consultar un estudio sobre las obras de distintos intelectuales británicos sobre sus viajes por la Andalucía del siglo XIX en la siguiente página: http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/opencms/viaje-memoria/viaje002.html.

[2] Para más información se puede consultar esta noticia publicada en la prensa: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/08/03/andalucia/1344027789_319184.html.

 

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Francisco Collado Campaña

Francisco Collado Campaña (Málaga, 1984) es Becario FPU en el Área de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Pablo de Olavide. Actualmente, desarrolla su tesis sobre el liderazgo de los alcaldes de las capitales de provincia andaluzas (1979-2011) bajo la dirección de Francisco Entrena Durán (UGR) y José Francisco Jiménez Díaz (UPO). Máster en Política y Democracia (UNED), Licenciado en Ciencias Políticas (UPO) y Licenciado en Periodismo (UMA). Ha participado en diversos grupos de investigación nacionales en Ciencias Políticas y Sociología, publicando distintos artículos en revistas académicas y ponencias en los congresos de AECPA, ALICE, APCP, Centro de Estudios Andaluces y ACMS. Asimismo, ha trabajado como periodista en distintos medios de comunicación y en gabinetes de prensa. http://www.upo.es/dpub/contenido?pag=%2Fportal%2Fupo%2Fprofesores%2Ffcolcam

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