América del Sur y la democracia, el coste brasileño

MIGUEL MOLL | Las recientes manifestaciones sucedidas en decenas de ciudades brasileñas contra la opaca política informativa oficial y los continuos casos de corrupción de funcionarios públicos y partidarios del gobernante PT ha terminado de lastrar a la primera economía latinoamericana (y novena del mundo), haciendo de la presidencia de Dilma Rousseff un liderazgo débil en un país convulso.

Con ello, y la crisis económica que se cierne sobre Planalto[1], el llamado gigante del Sur, Brasil, ha vuelto su mirada al interior, a los asuntos domésticos, obviando la realidad de sus vecinos y reduciendo por propia voluntad su capacidad de influir y persuadir en las acciones políticas de los países suramericanos.

Quedo atrás el fuerte impulso suramericanista del predecesor de Rouseff, Lula Da Silva, que impulso el papel de Brasil en los BRICS, en la UNASUR y en la complicada relación de MERCOSUR con la Unión Europea (UE).

Interesante al respecto la tesis del académico Thomas Pedersen, quien plantea la tesis de la hegemonía cooperativa[2], esquema axiomático que a nuestro juicio sirve para explicar el posicionamiento brasileño en su área de influencia, América del Sur.

La UNASUR (2003, Cochabamba) es la hija más reciente de la diplomacia carioca, es el resultado – inicial – de una política blanda de persuasión institucional, económica y cultural de Itamaraty[3] cuyo norte está en hacer de América del Sur, una región institucionalmente democrática, económicamente liberal y políticamente ortodoxa; que legitimen a la postre el liderazgo de Brasil como potencia suramericana en el anhelado asiento permanente que el gobierno brasileño persigue desde hace décadas en una potencial reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Sin embargo, la realidad suramericana dista mucho de lo descrito, con democracias frágiles y en franco retroceso (caso Venezuela), con democracias cooptadas (caso Argentina), con democracias frágiles con graves riesgos (caso Ecuador) o con vecinos que observan en los planes de Brasilia potenciales desafíos a sus propias políticas regionales (Colombia, México).

Justificado o no, el ensimismamiento brasileño ha reducido su capacidad de acción para impulsar y persuadir en sus vecinos, y con ello, ha reducido las variables de hegemonía cooperativa (T. Pedersen) que por años ha trazado para la región, reduciendo su influencia a través de las numerosas empresas que construyen infraestructuras en la región (Iniciativa de Infraestructuras de Sur América).

El liderazgo y la legitimidad brasileña han de llevarle a opinar, articular y ejercer un peso específico en América del Sur que ha esquivado de forma reciente (casos como las negociaciones de paz de Colombia, la crisis política en Venezuela, la defensa de la libertad de expresión en Ecuador y Argentina, son temas con una ausencia notable de Itamaraty).

En un sistema internacional como el actual, en fase de transición post guerra fría, con la emergencia de China como superpotencia, con los desafíos de la Rusia de Putin, la amenaza del terrorismo islámico y la proliferación de armas de destrucción masiva, la necesidad – o conveniencia – de encontrar a la región suramericana bajo el liderazgo de una potencia regional como Brasil ha de ser una lógica ha impulsar por parte de Bruselas y Washington en la necesidad de encontrar interlocutor valido al otro lado del Atlántico.

Queda en el gobierno de Brasilia validar y legitimar su papel, asegurar la defensa irrestricta de los derechos humanos y velar por el cabal funcionamiento del sistema democrático, algo que no parece querer asumir los costos de ello.

[1] Palacio de Planalto, sede del Poder Ejecutivo de Brasil, Brasilia.

[2] cooperative hegemony: power, ideas and institution on regional integration” en Review of International Studies, Vol. 28, Num. 4,  Octobre 2002, pp 677-696

[3] Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

 

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Miguel Moll

Miguel Ángel Moll De Giulio (Caracas, 1983) Politólogo, magna cum laude, de la Universidad de los Andes (Venezuela) y master en relaciones internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), ex becario de la Organización de los Estados Americanos (OEA), analista de política exterior y ex funcionario diplomático de Venezuela.

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