¿Significan lo mismo economía sumergida y fraude fiscal?

IVÁN AGUILAR | A raíz de la crisis económica, se ha suscitado un debate entorno a si los gobiernos pueden recaudar más impuestos de los que se pagan a la hacienda pública. En muchos programas de televisión, hemos visto cómo se ha repetido hasta la saciedad, que se necesitan medidas para luchar contra el fraude fiscal para poder tener más recaudación y no tener que subir impuestos a las clases medias. Otros, han defendido combatir la economía sumergida, donde el Estado también podría recaudar sin tener que subir los impuestos. Pero, ¿sabemos las similitudes entre fraude fiscal y economía sumergida?

Hay que diferenciar dos conceptos, que son: economía sumergida y fraude fiscal, aunque tienen similitudes, también hay diferencias.

Aunque son conceptos que tienden a solaparse, hay diferencias

La economía sumergida es “la deuda tributaria que no es pagada a tiempo”, según la Agencia Federal de Administración Tributaria Norteamericana (IRS). Por lo tanto, esto quiere decir que la Administración tributaria podría recaudar más pero el contribuyente   no lo declara (aunque la Administración tributaria tiene potestad para perseguir lo no declarado mediante el procedimiento de inspección). También, se considera economía sumergida el hecho de obtener bonificaciones fiscales pero habiendo infravalorado la declaración, al igual que sucede en el fraude fiscal, cuestión que explicaremos con más detalle.

Vamos a ver un ejemplo, la peluquera María tiene su propio local y su jornada laboral es de 8 horas. Tras la subida al 21% del IVA, María atiende algún cliente fuera de su horario laboral y va a la casa del cliente. Si el dinero que obtiene por haber realizado la actividad económica fuera de su local no lo declara a la administración tributaria, estaría defraudando.

Con este ejemplo, no quiero decir que María y las peluqueras sean unas defraudadoras, pero una alta presión fiscal tiene un impacto negativo, porque para que la actividad sea rentable habrá que “esquivar” obligaciones fiscales.

Una alta presión fiscal hace crecer la economía sumergida

Por otro lado, el fraude fiscal comparte con la economía sumergida que se produce a causa de “la infradeclaración de las bases”, es decir, se declara menos de lo que tenemos. Al igual que sucede con la economía sumergida, también se considera fraude fiscal obtener bonificaciones fiscales infravalorando la declaración, veamos un ejemplo:

Tienes que tributar a un tipo medio X y utilizas sociedades en otros países donde el gravamen es mucho más bajo que en España, y lo haces sin que Hacienda lo conozca. Por lo tanto, al declarar una cantidad más baja, obtendrás una devolución de la retención, es lo que se denomina una sobreestimación de las bases.

Tener cuentas en países donde el gravamen es más bajo no es fraude fiscal, siempre que se informe a Hacienda

¿En qué se diferencian?

La diferencia es en su estimación, para el fraude fiscal tenemos una fórmula y para la economía sumergida, otra. Para estimar el fraude fiscal se multiplicaría el tipo impositivo medio por el volumen de economía sumergida menos el denominado “mínimo técnico” cifrado en un 5% (excluye la Seguridad Social y se refiere exclusivamente a las cuentas del estado y no de todas las administraciones públicas).

La economía sumergida la podríamos cuantificar multiplicando el volumen oculto (actividad económica no declarada) por el tipo impositivo medio.

Por lo tanto, el resultado de estas operaciones varía. En el año 2014 podríamos estimar que la economía sumergida se situaría entre un 24-26% del PIB, lo equivalente a 260.000 millones de euros corrientes aproximadamente. En cambio, el fraude fiscal,  siguiendo el cálculo del profesor Ignacio Mauleón, lo situaríamos con datos entre 2012 y 2013 en un “20% de la recaudación total obtenida”, lo que supondría unos 67.000 millones de euros.

Hacen falta medidas para poder combatir el fraude fiscal y la economía sumergida, pero no es cosa fácil ya que para poder solucionarlo de verdad se requiere una perspectiva a largo plazo y no a corto. No sólo en medidas para la administración tributaria, sino también en un modelo educativo que promueva unos valores éticos y morales, además de tener un mercado laboral de mejor calidad.

Finalmente, si navegamos por la red, encontraremos autores que rechazan la expresión “cifrar” el fraude fiscal y la economía sumergida. Esto sucede porque es difícil cuantificar de forma exacta algunos valores de las diferentes fórmulas, ya que según de donde se obtengan los datos, la cantidad variará, pero no podemos negar que hay que realizar una estimación del dinero que no va al “fisco”.

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Iván Aguilar

Iván Aguilar Franco. Graduado en Gestión y Administración Pública por la Universidad de Barcelona. Actualmente, cursando el Máster en Análisis del Entorno Económico en la Universitat Oberta de Catalunya. Escribo artículos sobre economía, política y gestión pública y, además, he colaborado en la web 6cero centrada en contenidos deportivos.

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