Berlín con B de Bruselas, la governance europea

MIGUEL MOLL | Berlín es fuerte porque no es democrático. Bruselas es débil porque es democrático, el quid pro del asunto.

Admirado por unos, odiado por otros y desinteresados algunos, Berlín es el poder fáctico de la Unión Europa. Es el teléfono rojo a donde marcar en caso de una emergencia nuclear. Berlín es el veto de todas las decisiones europeas y el pasaporte a nuevos compromisos. Berlín es Alemania, Alemania es Merkel, pero, Merkel no es Europa.

Europa es Bruselas. Europa es la gloriosa y pesada historia a cuestas, con sus triunfos, sus derrotas y sus errores, sus diferencias, sus distintas miradas. Bruselas es el resultado histórico del arte de la diplomacia, del multilateralismo europeo, de la geopolítica londinense, parisina y ginebrina.

Bruselas es Europa, es Grecia y sus dioses, es Alemania y sus inventores, es Francia y su orgullo galo, es España y sus aspiraciones. Bruselas es el caleidoscopio que selló el no retorno a los nacionalismos chiquitos que fraguaron las peores guerras conocidas.

Bruselas es democrática, aunque Berlín es más eficiente, no lo es. Berlín no dirige su política con 28 voces distintas, tiene una sola voz, una sola política, un solo despacho: Angela Merkel viaja un día a París, al siguiente amanece en Minsk y dos días después firma con Rusia – y atestigua Hollande – el acuerdo de Europa con Rusia sobre Ucrania: ni el presidente de la UE ni el de la comisión ejecutiva, ni mucho menos el Servicio Europeo de Acción Exterior tuvieron siquiera oportunidad de pagar el hotel donde se hospedó, mucho menos involucrase en las negociaciones; relegadas a la vitrina, las instituciones comunitarias han cedido paso al liderazgo alemán.

No estamos ante la germanización del Bloque, porque de ser así, el Plan de estímulos de Juncker no existiría. Es la cesión de liderazgo en el proceso de toma de decisiones a quien a golpe de realpolitik conjuga el verdadero brazo ejecutivo de la Unión, Alemania.

La Unión Europea es el mecanismo de integración más importante del mundo, aunque no por ello signifique que sea el más efectivo a sus miembros. La Unión Europea tiene estructuralmente un ejecutivo débil porque así ha sido requerido, deseado y constituido por sus Estados Partes, los de antes, los de ahora y los del futuro.

Es el multilateralismo europeo, hecho a imagen y semejanza de los miedos y horrores de un pasado cargado de muerte, guerra y destrucción; por lo que su mayor garantía política y por lo tanto su mejor ingeniería institucional es la compleja red de burocracia y contrapesos que ejecuta Bruselas, de la Comisión Ejecutiva al Parlamento, pasando por el Banco Central Europeo, el Tribunal de Derechos Humanos o el Servicio de Acción Exterior entre otros tantos; órganos y directrices que escrutan y diluyen el peso de sus homologas y dejan como resultado que no haya una auténtica cabeza visible a quien llamar por el teléfono rojo.

La crisis de deuda en Grecia, los partidos de ultraderecha en Alemania y Francia, la inserción de las capitales bálticas, el paro entre los jóvenes del sur europeo, las reticencias de Reino Unido, las practicas financieras de Luxemburgo, Suiza y Andorra; el medio ambiente y las energías renovables, el acuerdo comercial con EEUU, la amenaza real de la Rusia de Putin, el desafío de la integración de las comunidades musulmanas y la amenaza del terrorismo jihadista, todos temas de la agenda de Bruselas y sus burócratas, sus procesos y sus notas.

Berlín habla a Moscú y punto. Berlín prohíbe las centrales nucleares y punto. Berlín reprocha las escuchas a Washington y punto. Berlín ejecuta, Bruselas gobierna.

El tema de la governance – no existe una palabra en español que le defina correctamente – es la complejidad institucional para tomar decisiones, ejecutarlas y verificar su cumplimiento. Un tema de políticas públicas en democracia. Vivir en sistemas democráticos puede resultar complejo, difícil, perturbador y agotador, pero es democracia. Nadie dijo que era el mejor sistema político, pero sí el menos injusto, el menos desigual y el mas esperanzador.

Revitalizar el europeísmo luce necesario para fomentar una cultura política europea entre cientos de millones de personas, que sabiéndose europeos, no logran comprender – y de allí el llamado déficit democrático – la utilidad de Bruselas en su vida diaria.

 

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Miguel Moll

Miguel Ángel Moll De Giulio (Caracas, 1983) Politólogo, magna cum laude, de la Universidad de los Andes (Venezuela) y master en relaciones internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), ex becario de la Organización de los Estados Americanos (OEA), analista de política exterior y ex funcionario diplomático de Venezuela.

Un comentario sobre “Berlín con B de Bruselas, la governance europea

  • el 17 Abril, 2015 a las 2:45 pm
    Permalink

    Buen artículo, con un matiz: el TEDH no es de la UE, sino del Consejo de Europa.
    y, ¿qué tal “gobernación” o “gobernanza”?
    D. Guerra

Comentarios cerrados.

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