¿Qué es la Administración Pública?

ROBERTO MANERO | La pregunta que da título a este ensayo podría sonar como pregunta de examen en la carrera de Política pero también se ha convertido en la pregunta base de la investigación de muchos estudiosos de esta disciplina.

Los principales problemas a los que se enfrenta esta ciencia podrían ser explicados haciendo una analogía con la vida de un ser humano. Es probable que esa aseveración cause cierto conflicto al lector, sin embargo, en las siguientes líneas se intentará explicar el por qué.

Para empezar, debemos tener claro que la administración pública es una ciencia relativamente joven (por no decir “bebé”), probablemente sea la ciencia social más joven en hacer su aparición en los terrenos de la teoría. Aunado a lo anterior, debemos destacar que la conversión de la administración pública como ciencia se debe a circunstancias históricas muy particulares, ya que surge de una combinación, una especie de simbiosis entre la práctica y la teoría que mantuvo durante mucho tiempo a la ciencia “niña” en un proceso activo de crecimiento, teniendo su frase crítica (como buen ser humano) en su adolescencia.

Empecemos con un poco de historia sobre la disciplina, es decir, con la niñez de la misma. La idea de estudiar a la administración pública surge cuando se empieza a dudar sobre cuál es el objeto de estudio de la misma, sabiendo que tiene un quehacer práctico muy bien definido: el gobierno de una comunidad.

En esa búsqueda pasaron algunos años, durante los cuales surgieron no pocos estudiosos sobre el tema, llegando a una fase “adolescente” en la que se plantean amplios debates epistemológicos sobre su condición disciplinaria, expuestos principalmente por Bonin:

a) La administración pública nació con la comunidad, es decir, sin comunidad no hay administración pública.
b) La conservación de esta es el principio de la administración.
c) La administración es el gobierno de la comunidad, por tanto, tampoco hay administración pública sin gobierno.
d) La acción social es su carácter y la ejecución de leyes de interés general es su atribución.

De esta manera, esa adolescente con problemas de identidad, empezó a ver la luz al final del túnel y comenzó a autodefinirse como disciplina que estudia el accionar gubernamental.

Como buena adolescente, a veces se contrariaba un poco sobre hacia dónde dirigir su vida recién descubierta, sin embargo, al ser aun una ciencia joven, todavía tenía esa capacidad que tienen los niños de ser como esponjas hacia el mundo exterior, por lo tanto se dedicó a absorber cuanto pudo de sus disciplinas hermanas (como la Ciencia Política o la Administración, pero también de otras ciencias cercanas como la Sociología y la Economía).

Así Herbert Simon propuso la construcción de categorías validadas por la investigación empírica como requisito de la formulación de principios con aspiración de vigencia universal y Harvey Walker formuló tres principios de la administración pública: 1) Que las tareas administrativas pueden ser organizadas con la máxima eficacia sobre la base de funciones; 2) Que se considera, cuando se crea y pone en marcha un mecanismo de administración en la democracia, que todo funcionario debe ser responsable ante el pueblo; 3) que las actividades de Estado mayor y línea estén separadas, y que las primeras sean situadas bajo el control inmediato del más alto funcionario del Estado.

Derivado de lo anterior, la administración pública decidió que era tiempo de dar un paso hacia la vida adulta y diferenciar entre sus actividades funcionales (cuyo propósito es dirigir la realización del trabajo, que es el objeto vital de la administración pública) y las actividades institucionales, es decir, aquellas que se avocan a mantener el funcionamiento de la administración pública como organismo.

Para este momento, la administración pública ya logró separar su parte teórica y su parte práctica, llegando a la conclusión de que la ciencia de la administración tiene poco o nada que hacer respecto a la parte operativa de la misma. En pocas palabras, y siguiendo con las analogías, la administración pública logró identificarse como dos entes separados al estilo de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, facilitándose en esa identificación su futuro como ciencia y como ente operativo.

Al llegarse a definir como esa dualidad, la administración pública comprendió que no podía seguir desarrollándose como una ciencia meramente aplicada, por lo que fue desarrollando su propia teoría. Al llegar a una edad más adulta, concluyó que su parte operativa debe conocer la parte teórica para poder ejercer bien sus funciones.

Según Baena de Alcázar, “el segundo paso consiste en establecer una perspectiva ecuménica de la ciencia de la administración pública, integrando las contribuciones estadounidenses e inglesas con las europeas continentales, añadiéndoles las experiencias hispanoamericanas, entre otras más, propias de un mundo globalizado. El tercer paso es fortalecer su centro conceptual: el Estado. Y hacer patente, como propios, los temas relativos a lo público, la ciudadanía, la rendición de cuentas y otros más, que se le ha pretendido sustraer. Finalmente, el cuarto paso consiste en hacer de la ciencia de la administración pública un campo del saber “convencional”, es decir, donde impere el rigor del método científico y se abandone la perspectiva pluri, inter o transdisciplinaria.”.

De este modo, podemos concluir que la administración pública se encuentra en su etapa de maduración como ciencia, creando nuevas teorías acerca del gobierno como la nueva gerencia pública o las teorías sobre la gobernanza, por ejemplo, de este modo, la parte operativa podrá tener más herramientas para mejorar su accionar.

En síntesis, la administración pública fue partícipe de un crecimiento teórico en muy poco tiempo, pasando de ser una simple aplicación de teorías a convertirse en una ciencia social con un campo y objeto de estudio muy bien definidos.

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Roberto Manero

Nací el 28 de noviembre de 1990. Soy Licenciado en Política y Gestión Social por la Universidad Autónoma Metropolitana- Unidad Xochimilco, mi tesis la escribí sobre el problema de las políticas pública en Salud Mental en México y actualmente me desempeño como analista político y de marketing electoral. Enemigo de la demagogia y de la democracia clientelar. Amante de la política y de un buen whiskey.

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