El abstencionismo electoral: el caso mexicano

ROBERTO MANERO | La palabra “abstencionismo” siempre llama la atención en épocas de proceso electoral en México. El voto, además de ser un método eficaz y democrático para la elección de los funcionarios públicos que representarán a la ciudadanía, es también una herramienta para la medición de la legitimidad de la que gozará cualquier persona que resulte electa, de este modo, el abstencionismo también es parte clave dentro de un proceso electoral.

El concepto de “abstención” proviene de la voz latina abstentio, y es un no hacer o no obrar que normalmente no produce ningún efecto jurídico, sin embargo, en teoría política y según Mény y Thoenig, la inacción también es una acción. De este modo se puede aseverar que en el ámbito electoral, la abstención corresponde más a una acción que a un no accionar por parte de la ciudadanía, es decir, no se puede cometer el error de pensar que toda abstención tiene como motivo la apatía política de la comunidad.

Revisando los datos históricos proporcionados por el IEDF (Instituto Electoral del Distrito Federal) sobre participación electoral para Jefe Delegacional entre 2000 y 2012, es posible darse cuenta de que la participación ciudadana en las Elecciones Intermedias (o locales) ronda los 40 puntos porcentuales, teniendo en 2003 una participación de 43.82%; y en 2009 de 41.51%. Cuando se revisan los porcentajes para elecciones federales, los números son considerablemente más altos, teniendo en 2000 una participación de 69.68%; en 2006 de 67.13% y en 2012 de 65.94%.

De igual forma, al revisar el Estudio Censal de la Participación Ciudadana en las Elecciones Federales de 2012, publicado por el INE (Instituto Nacional Electoral), el promedio nacional de participación fue muy similar al registrado en el Distrito Federal para la elección de Jefes Delegacionales aunque un poco más bajo, registrando un 62.08%. De igual forma, el porcentaje de participación en las Elecciones Federales de 2012 fue más bajo que el promedio de participación entre 1994 y 2012, ubicado en 65.44%. Hablando de Elecciones Locales, el porcentaje nacional es claramente más bajo que hablando de Elecciones Federales, registrando en 2009 una participación de 44.06%, promedio más alto que el registrado en el Distrito Federal para la elección de Jefes Delegacionales, pero alrededor de 8 puntos más bajo que el promedio de participación en Elecciones Intermedias entre 1991 y 2009 (52.35%).

No obstante, los números a nivel nacional de las dos últimas elecciones son más altos que en las elecciones anteriores inmediatas, en 2006 se registró un promedio de 58.55%, mientras que en 2012 fue de 62.08%. En 2003 se tuvo una participación de 41.19%, mientras que en 2009 fue de 44.06%.

Analizando los números presentados anteriormente, destaca que en las Elecciones Intermedias en el Distrito Federal la tendencia es a la baja, es decir, la población está acudiendo cada vez menos a las urnas. Por otro lado, la participación en Elecciones Intermedias a nivel nacional mostró una tendencia al alza tomando en cuenta los dos últimos procesos.

Pensando en que el próximo proceso electoral se trata de Elecciones Intermedias, la meta nacional debe ser alcanzar un porcentaje de participación mayor a 41.51% para Jefe Delegacional a nivel Distrito Federal y mayor a 44.06% a nivel nacional. Según datos publicados por Consulta Mitofsky en la encuesta que realiza para mostrar las tendencias electorales rumbo a las elecciones, 34.8% de los encuestados no declaró su preferencia, es decir, ese rubro podría anular su voto o simplemente no acudir a las urnas, absteniéndose de ir a votar.

El abstencionismo es un derecho ciudadano, sin embargo, es también un retroceso en la vida democrática de una nación, ya que aun sea impulsado por la apatía, la falta de interés del votante potencial hacia los temas relacionados con la política o por el descontento y falta de confianza ciudadana frente a las autoridades electorales y/o el sistema que gobierna, es una muestra de que las instituciones socio-políticas y electorales del país no están funcionando como deberían. 

En la encuesta citada anteriormente levantada por Consulta Mitofsky, la confianza en el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene una tendencia negativa, ya que el 44% opina de manera “regular” sobre el Instituto, el rubro de personas que confiaban “mucho o algo” en el otrora IFE en junio de 2012 registraba un 30%, mientras que para abril de 2015, el porcentaje se redujo hasta 21%; además, el porcentaje de personas que confiaban “poco o nada” en junio de 2012, aumentó hasta 29% para abril de 2015. 

Las próximas elecciones se efectuarán bajo un contexto particular, el descontento ciudadano ha ido al alza en los últimos meses y el boicot a las mismas es un tema muy recurrente entre grupos sociales en pie de lucha, sobre todo en estados como Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Lo anterior, aunado a la iniciativa que voces con mucho eco en la sociedad civil para promover el abstencionismo, provoca que la jornada del 7 de junio sea un reto para las autoridades electorales y para la ciudadanía misma.

W. Flanigan escribe al respecto, mencionando cuatro tipos de abstencionismo relacionados con el interés político de la población:

  • Bajo interés-baja participación: este tipo de abstencionismo beneficia a la
    estabilidad de un sistema político y habla de satisfacción que desemboca
    en un consenso tácito sobre las reglas del juego.
  • Bajo interés-alta participación: en este tipo de circunstancia, el
    abstencionismo está prohibido, se sanciona a los que intencionalmente no
    cumplen con el deber de votar.
  • Alto interés-baja participación: Abstencionismo de rechazo o choque, es
    decir, es precisamente el ejemplo de la inacción como acción de rechazo al
    sistema establecido.
  • Alto interés-alta participación: este sería el reflejo electoral del modelo ideal
    que plantea Max Weber.

De igual forma, se plantean tres posibles causas para el abstencionismo electoral:

  • Factores sociodemográficos: relacionados con sexo, edad, nivel de
    educación, nivel de ingresos, entre otras.
  • Factores psicológicos: la apatía o indiferencia, la desideologización y el desinterés por asuntos políticos, la inutilidad de ir a votar o la relatividad de las elecciones podrían ser factores que favorezcan al abstencionismo. Este punto se relaciona estrechamente con el siguiente.
  • Factores políticos: el dominio de los partidos políticos, la desvinculación de éstos con la vida comunitaria, la inexistencia de transparencia, pero sobre todo la ampliación de la brecha entre gobernante y gobernados, son causa típica de un alto abstencionismo.

Retomando el contexto sociopolítico de las siguientes elecciones, podríamos pensar que son los últimos dos puntos los que operarían a favor de una baja participación ciudadana en los comicios. De este modo, las autoridades electorales tendrían la tarea de la promoción del voto como único medio democrático para cambiar la situación actual del país y por tanto de demostrar el descontento con el que se vive respecto al sistema político por un lado, y de coaccionar a los actores políticos (léase candidatos y partidos políticos) a que sus propuestas tengan eco en aquellas personas que piensan que la clase política se ha desvinculado totalmente de la ciudadanía, por otro.

De cualquier forma, altos porcentajes de abstencionismo no cambiarían el rumbo de las elecciones, es decir, aun cuando la participación ciudadana sea del 10%, los resultados electorales serían válidos. No obstante, dándole un giro al análisis de una baja participación, un porcentaje mayúsculo de abstencionismo podría ser el primer paso de importantes movilizaciones sociales y un golpe muy duro al ideal democrático nacional. Jurídicamente, un candidato resulta ganador con poco o mucho abstencionismo, sin embargo, ideológicamente entra en juego la cuestión de la legitimidad ¿Con qué legitimidad podría gobernar un personaje por el que no votó un buen porcentaje de la población? Si se busca un sistema democrático estable y funcional, es imperativo buscar la reducción de la abstención electoral, de otro modo, podría convertirse en un sistema deslegitimado, con una fuerte tendencia hacia la efervescencia social.

 

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Roberto Manero

Nací el 28 de noviembre de 1990. Soy Licenciado en Política y Gestión Social por la Universidad Autónoma Metropolitana- Unidad Xochimilco, mi tesis la escribí sobre el problema de las políticas pública en Salud Mental en México y actualmente me desempeño como analista político y de marketing electoral. Enemigo de la demagogia y de la democracia clientelar. Amante de la política y de un buen whiskey.

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