El parlamento gerrymanderiano: el caso de Venezuela

MIGUEL MOLL | A finales del 2015, en alguna fecha que el Consejo Electoral estipule, ha de producirse la celebración de las elecciones parlamentarias en Venezuela, elecciones por medio de las cuales se elegirán 169 representantes a la unicameral Asamblea Nacional (Congreso de los Diputados) de Venezuela.

En el año 2010, la oposición logró el 54% del total de votos y se quedo con poco más del 33% de la cámara (67 escaños de 168), dejando que el chavismo con el 46% de los votos copase la Asamblea Nacional con 99 diputados. ¿Cómo la oposición y la comunidad internacional permitió – permite – esto? Fácil, gerrymandering.

El término gerrymandering es, en esencia, una anglicanismo que se emplea para manipular los circuitos – circunscripciones – de votación (uniéndolas o separándolas) y así provocar distorsiones que le permitan mantener el poder al gobierno de turno. Es legal, es poco democrático, pero legal.

Surgió como una caricatura en el periódico Boston Gazette en 1812, donde su autor, G. Stuart, dibujo una especie de salamandra mitológica para denunciar las distorsiones de los circuitos electorales por parte del gobernador de Massachusetts de ese momento, el republicano Elbridge Gerry, de allí la combinación de Gerry y Salamander que origina el término: Gerrymandering. Es un término avalado por Oxford desde 1848.

En términos prácticos, se trata de la construcción intencionada de circuitos electorales a tenor de los resultados comiciales previos, buscando incidir de forma significativa en el resultado futuro de procesos electorales. Es una distorsión – algunas veces positivas – del padrón electoral a favor del partido político gobernante. Sus partidarios afirman que estimula la gobernabilidad al reducir la fragmentación del espectro político representado.

De acuerdo a un estudio de la Red de Conocimiento Electoral (2012) encargado por la Secretaría General de Naciones Unidas, el uso del gerrymanderismo es usado por más de 120 países, de allí que su uso aunque poco representativo y desproporcional en algunos casos, sea una “técnica” de la democracia para los comicios electorales.

En Venezuela se introdujo por primera vez en 2009, bajo el marco de su Ley Orgánica de Procesos Electorales (aprobada en el parlamento con los únicos votos del partido gobernante), y que ha servido – y servirá – para distorsionar los votos de la oposición venezolana en los venideros comicios legislativos de 2010 y de este año 2015.

El proceso de elección de un diputado en Venezuela se produce a través de listas (partidos políticos) y por los circuitos electorales – circunscripciones -, y  en ellos se dan dos tipos de elección: a)nominal: un solo candidato y b)plurinominal: dos o más candidatos. En la última elección parlamentaria, en 2010, el Consejo Electoral conformo 87 circuitos electorales en todo el país, donde 19 pertenecían al tipo de plurinominal, dejando en 67 restantes uno de tipo uninominal.

Es un proceso técnico complicado y que como ya dijimos, es de uso común en numerosos países. Vale la pena afirmar que en esas mismas elecciones, se produjo en un estado venezolano (Anzoátegui) un caso a favor de la oposición: logrando el 52% de los sufragios logró el 75% de representatividad en la cámara legislativa provincial.

La democracia es un sistema imperfecto, complejo en la letra pequeña, de allí que el colapso que estamos viendo en la Venezuela del chavismo tenga necesariamente una visión más profunda en sus causas, en la libertad y la igualdad, pilares básicos para concurrir a procesos electorales como el que se avecina este año para el país suramericano.

Venezuela y su fragmentada oposición siguen haciendo enormes esfuerzos en su tragedia para amarrar al chavismo por lo que le queda de democracia. Las elecciones parlamentarias son cruciales en ello. Una ventaja amplia de la oposición le permitirá una sobre-representación, por lo que su único camino es ganar con fuerza, y a partir de allí iniciar el rescate de su democracia.

 

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Miguel Moll

Miguel Ángel Moll De Giulio (Caracas, 1983) Politólogo, magna cum laude, de la Universidad de los Andes (Venezuela) y master en relaciones internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), ex becario de la Organización de los Estados Americanos (OEA), analista de política exterior y ex funcionario diplomático de Venezuela.

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