La emoción del voto y la razón populista

LUIS CASTELLÁ

Acabamos pensando lo que sentimos. Y no saberlo, no entender hasta qué punto la cerradura de la puerta de la razón es la cerradura emocional, que es por la aprehensión emocional por donde entran las ideas, es un gravísimo error”  – La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks. -Antoni Gutiérrez-Rubí

Nosotros los electores racionales.

Abundan los artículos con duras críticas al populismo como marketing político vacío de propuestas, modelos o ideologías, explotador de emociones más que de razonamientos. No me atrevo aquí a decidir que estrategias deba el electorado apreciar o el candidato elegir. Es difícil imaginar los miles, cientos de miles de personas con las que se entabla conversación en una campaña electoral. La conversación siempre parece racional, siempre racionalizamos para comunicarnos, porque a pesar de todos los psicólogos, sociólogos, antropólogos, politólogos, neurólogos, demoscopiólogos, y demás ólogos que hemos leído, ni quien así lo escribe deja de considerarse racional.

Decimos que queremos un candidato cercano, que pise la calle y conozca los problemas directamente de sus ciudadanos, pero a nivel nacional, autonómico e incluso en grandes urbes es imposible entablar contacto personal directo y de hecho convences a un porcentaje pequeño de estos (menos de 1% del censo). Se juega en equipo y en los medios o se está fuera de la conversación. Además los intereses son contrapuestos, con temas complejos que tienen poco interés para la mayoría.

 “Las políticas y los temas son inútiles en términos electorales, porque son demasiado especializados y controvertidos. El diseño de la imagen del candidato ha sustituido el debate sobre puntos de vista en conflicto” -Marshall McLuhan

Decimos que nos guiamos por programa pero es comúnmente aceptado que no se ganan elecciones por el programa, nadie lo lee, ni los compara, ni tienen credibilidad como descripción de una acción de gobierno en todos sus ámbitos, ni puede predecir el futuro, ni los propios candidatos se ciñen al documento. De hecho a la mayoría les aburre porque cada cual tiene su propia vida (1).

Decimos que valoramos las cualidades personales del candidato, de capacidad de trabajo y resolución, honestidad pero la distancia nos permite elegir; creer o sospechar lo que queramos tanto de nuestro candidato como de los otros y seguir creyéndonos racionales.

Los partidistas ignoran o rechazan la información que no concuerda con sus adhesiones de partido” –Donald Green, Bradley Palmquist y Schickler en Mentes y corazones partidistas. Los partidos políticos y la identidad social de los votantes.

Seres emocionales que racionalizamos

Los análisis y estudios del comportamiento electoral o cerebro político desde un punto de vista emocional o instintivo son una moda de los últimos 20 años, tal vez los más conocido sean Drew Westen y  George Lakoff.

El cerebro político es un cerebro emocional. No es una máquina desapasionada y calculadora que objetivamente busca los datos, las cifras y las políticas correctas con el objetivo de adoptar una decisión razonada“. The Political Brain: The Role of Emotion in Deciding the Fate of the Nation  Drew Westen

Pero dichos análisis no son producto de una simplificación de la teoría del comportamiento político, sino más bien del abrumador consenso socio-académico  el cerebro construye su razón en un lenguaje marco predeterminado por los conceptos e inferencias emotivas. Nada nuevo para los que llevamos 15 años escuchando a Punset en su Redes. Todos vivimos en nuestro propio universo epistemiológico. Las leyes del teatro de la política  explota los instintos humanos (2) así se repiten los clichés a quien no comparte el marco de pensamiento calificando el discurso a su izquierda de poco realista y a su derecha de injusto. Cuando nos ponemos los gorros de analistas electorales bajamos a cuestionar a los electores, tarde o temprano, a ambos lados, aparece alguna de las tres descalificaciones: o es tonto (manipulable), o mal informado (inculto) o tiene motivaciones espurias.

La identificación del voto: mi equipo.

Pensar que el voto es racional, basado solo en intereses, o que en unas elecciones por ser locales la ideología no importa puede ser un grave error, especialmente en momentos de volatilidad del voto.

En el acto final de la función electoral depositamos el papel que nos hace sentir poderosos y participes, nos obliga a resolver la duda de la confianza en una apuesta que como ciudadanos nos define y hasta nos compromete. Elegir nos puede dar el sentimiento de confort y orgullo, de satisfacer ciertos instintos gregarios de comunidad, dándonos la cobertura de los argumentos y la emoción de participación en la competición.

La política tiene siempre algo de identificación por lo tanto de instintivo, nos define en nuestro pequeño mundo, y también de deportivo, de contienda. Los estudios parecen ratificar que es difícil modificar las identidades partidistas de los individuos.

Se sabe que la identificación partidaria es lo que más influye en la decisión de voto. Pero incluso esa variable, que empieza siendo racional porque encuadra con intereses, es un aspecto emocional.” -Virginia García Beaudoux,  Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano.

En tiempos de crisis ante la falta de identificación partidista,  se racionaliza una más, la empatía al candidato. Frente a la incertidumbre y desconfianza a los partidos la tendencia natural del hombre es buscar encaje empático con la persona (3). Las razones llegan luego. Desde el punto de vista del marketing se buscan las metodologías de comunicación política, todos los partidos usan el marketing y  de hecho es un tema popular. Las encuestas suelen medir tres variables clásicas en las valoraciones del candidato: cercanía de valores, gestor económico y liderazgo.

  1. Comparta nuestro valores incluye una identificación idiológica, pero también personal y gregaria. Ethos: cercanía emocional, especialmente en los posicionamientos clave que nos definen. No se puede pedir el liderazgo de una comunidad si no se muestra un íntimo y sincero sentimiento por esa misma comunidad (4).
  2. La eficiencia como gestor es la demanda de un logos, un lenguaje que tenga sentido. No esperamos entender el programa pero si percibir la seguridad del candidato en los temas. Una vez más las percepciones emotivas, las narraciones explicativas, el lenguaje dominan sobre las construcciones y análisis (5).
  3. El liderazgo, tan obsesivo para los anglosajones, cobra mayor importancia cuando el vínculo ideológico esta difuminado. El pathos,  la autoridad social, moral y ejecutiva del personaje,  En tiempos de crisis la necesidad de percibir claros referentes es mayor. La polémica nos define, la ausencia se percibe como tactista, falto de visión y coraje.  La empatía que nos atrae necesita de trasmitir pasión, seguridad y emoción creíble (6). La credibilidad lo es todo y esta depende de que los clichés y el mensaje coincidan.

La virtud emocional del cerebro

El populismo usa deliberadamente la simbología y discurso emocional, la empatía personal más que a la definición programática. Convierten el lenguaje en el mensaje y crean su marco propio capaz de construir significados político relevantes (7). Usan la ambigüedad de los grandes conceptos abstractos que  suman y evitan mojarse en los temas concretos conflictivos. Redescubren el poderoso arte de  la retórica, su capacidad de generar energía social y de unir voluntades alimentando sentimientos. Racionalizan las emociones de frustración e ilusión en narrativas maniqueístas identificándose con el electorado y definiendo al adversario.

El populismo es el marketing de la política y funciona, porque así es la naturaleza humana; no me atrevo a juzgarnos como un error evolutivo. Su retórica les distingue frente aquellos que se enfrascan en la confrontación diaria y caen en la repetición del  presente cargado de hastío que aburre hasta los suyos. Retórica, simbología, emoción, huida del posicionamiento conflictivo y uso de la ambigüedad unitaria, lenguaje y marco propio, personalismo, maniqueísmo narrativo … dicen considerar el populismo como una parte necesaria de la democracia para formar identidades comunitarias (8 ). Pero incluso así podríamos entenderlo como a una forma de marketing, porque de hecho la contienda electoral se puede plantear como una elección entre instintos: coraje vs prudencia, cooperación vs competición, pacto vs conflicto, ilusión vs culpa.

Si el populismo es el engaño u ocultación de una ideología o agenda, entonces sí puede ser peligroso y sí me atrevo a criticarlo éticamente.

 Solo el candidato puede escoger la estrategia de comunicación. Debe incluir la dimensión ética del debate de ideas y proyectos pero también debe ser efectiva y convincente. Porque la contienda electoral  afecta a todos los ciudadanos y se compone de proyectos colectivos.

Tal vez votar con el corazón, juzgar y decidir por la emoción que nos despierta la retórica y la simbología sea la mejor forma de unirnos y consensuar una narrativa y modelo de comportamiento para nuestra comunidad, tal vez haya sido a lo largo del tiempo la mejor forma de construcción y gestión de proyectos en común basado en ideales sociales, que podamos adaptar cada uno a nuestro pequeño mundo y proyectar hacia un futuro siempre incierto.  Los electores no piden que se les engañen pero sí una mayor coherencia emocional que racional, y tal vez sea lo más inteligente que podemos pedir. Tal vez ser emocional sea racionalmente la mejor opción.

(1) – Hay más demanda de biografías ejemplares que de programas políticos – Javier Gomá -EC

(2) – The moral roots of liberals and conservatives – Jonathan Haidt -(TED video)

      – The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion — Jonathan         Haidt (libro)

(3) – The Charismatic Bond: Political Behavior in Time of Crisis— Douglas Madsen, Peter G.    Snow:  (libro)

(4) – “Sólo puede ser presidente de la República alguien que desea, ama y quiere.”-François      Mitterrand

      – The Political Mind: A Cognitive Scientist’s Guide to Your Brain and Its Politics –          George Lakoff (libro)

(5) – “Quien domina el lenguaje, controla el mensaje y gana el debate ” —George Lakoff  –      No  pienses en un elefante: lenguaje y debate politico (libro)

(6) – La Razón Populista –  Ernesto Laclau  (libro)

(7)   – Pablo Iglesias: Mucha frase, ningún discurso | Opinión | EL PAÍS

(8)   – Apuntes de filosofía para entender a Podemos -Albert Lladó -La Vanguardia

 [lew peric1]E-1 intro populismo, electorado elige, pv, candidato eleige comunica

 

¿Nos ayudas a seguir? Colabora con un clic en Dropcoin. Muchas gracias.

The following two tabs change content below.

Luis Castellá

Luis Castellá Pericás, (Barcelona 1970). Licenciado en Ciencias Económicas (UB), Máster de Historia e Instituciones Económicas (UAB), investigador UAB y analista de marketing en Internet.

Latest posts by Luis Castellá (see all)

Un comentario sobre “La emoción del voto y la razón populista

  • el 28 Julio, 2015 a las 2:29 pm
    Permalink

    Descriptivo y didáctico. Quizá alguna cita de “The Myth of the rational voter” lo habría completado, pero es una buena reflexión. Felicidades

    Respuesta

Deja un comentario

¿Te gusta Debate21?

Queremos explicar la realidad de un modo distinto.

¿Nos sigues?