García Albiol, una apuesta arriesgada

FERNANDO YÉCORA | Se va a convertir en una costumbre que el Partido Popular nombre a sus candidatos a última hora. En este caso, el PP catalán, con el beneplácito del PP nacional, ha nombrado a Xavier García Albiol candidato a la presidencia de la Generalitat a falta de sólo dos meses para las elecciones. El nombramiento de Albiol deja fuera a Alicia Sánchez Camacho, la cual ya había manifestado a Mariano Rajoy su intención de abandonar el liderazgo del PP catalán por la situación que ha vivido en Catalunya en los últimos años. La pregunta que se debe de realizar es si este nombramiento beneficia o perjudica al partido.

Albiol ha sido un político que no ha pasado desapercibido (y no es solamente por sus dos metros de altura), sus declaraciones con tintes xenófobos, como por ejemplo llamando a los gitanos-rumanos de Badalona “plaga”, le ha valido para estar siempre en el foco de atención. Su discurso antiinmigración tuvo éxito en las elecciones municipales de 2011 porque consiguió la alcaldía de su ciudad, así como aumentar ligeramente sus votos en las municipales de 2015, a pesar de que un pacto de toda la oposición le ha quitado la alcaldía. Es un buen currículum y en el PP han confiado en él para que ese tirón que tenía en Badalona lo tenga también en unas autonómicas.

La elección de Albiol como candidato es una apuesta arriesgada. Es un candidato considerado del ala más dura del Partido Popular y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo que se intenta nombrando a Albiol es movilizar al votante no independentista, de centro-derecha que podría estar indeciso en votar a uno u otro partido, o simplemente, no ir a votar. Un candidato como Albiol puede frenar el trasvase de votos a Ciudadanos porque se le ve como un candidato fuerte frente al independentismo y puede movilizar a votantes del área metropolitana con su discurso populista respecto a la inmigración y así dar la vuelta a los resultados nefastos que les dan todas las encuestas, una pérdida de la mitad de sus diputados respecto a los comicios de 2012.

Los inconvenientes que podemos encontrar escogiendo a este tipo de perfil como candidato es que el PP se alejaría, otra vez más, de la centralidad política catalana (si es que alguna vez lo ha estado) al verse como un partido radical. Al obtener esta imagen de radicalidad, le sería más complicado realizar pactos con otros partidos porque nadie quiere pactar con un partido radical que puede dañar a su propia imagen. Además, la designación de Albiol puede producir el efecto contrario, que es movilizar al otro electorado por el rechazo que suscita el candidato del PP.

¿Qué ha pasado cuando el PP ha presentado un candidato del “ala dura” del partido en Catalunya? El único precedente lo tenemos con Vidal Quadras, que se presentó como candidato del PP catalán en las elecciones de 1992 y 1995. En las primeras no consiguió un buen resultado (tan sólo el 6,04% de los votos), pero en las segundas consiguió el mejor resultado en porcentaje de votos para el PP en Catalunya (un 13,21% de los votos). Se consiguió un buen resultado pero el nivel de confrontación política fue tan grande que aisló al Partido Popular y cuando se necesitó a CIU para gobernar en Madrid, Vidal Quadras tuvo que decir adiós y el PP siguió como un partido marginal hasta las elecciones de 2010. En el País Vasco tenemos un caso similar en las elecciones de 2001 cuando se nombró candidato a Jaime Mayor Oreja, político del ala dura del partido, el cual consiguió el mejor resultado de la historia del PP en el País Vasco (un 23,12% de los votos).

Como podemos ver, la elección de un candidato del ala dura del partido ha beneficiado al partido en el corto plazo porque moviliza a votantes que pueden estar indecisos y optan por la opción que mejor puede contener al rival. Sin embargo, a largo plazo, esta estrategia lleva a la marginalidad política porque se distancia de los demás partidos y se ve fuera de cualquier negociación política. La apuesta del PP es muy arriesgada porque, en el mejor de los casos, que es conseguir un buen resultado en las próximas elecciones catalanas (entiéndase como buen resultado perder diputados, pero no tantos como dicen las encuestas), esto provocará que el partido tenga una imagen radical y se vea fuera de cualquier posibilidad de pacto con las demás fuerzas políticas, un hecho que ya ha ocurrido en las municipales, además de arrastrar esa imagen de radicalidad durante varios años. Si la estrategia no funciona y se cumple lo que dicen las encuestas, el partido se convertirá irrelevante en Cataluña y puede producirse una crisis de la que será muy difícil recuperarse. El 27 de septiembre veremos si el PP ha conseguido su objetivo.

 

 

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Fernando Yécora

Fernando Yécora Santiago (Barcelona, 1991). Es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Barcelona y Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional de la misma universidad. Interesado en el análisis político, los campos en los que se ha especializado son el comportamiento electoral y los partidos políticos.

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