El atentado terrorista contra “Charlie Hebdo” y sus consecuencias para el sistema globalizado: el rol de la cooperación internacional

GASTÓN GASPAR ACOSTA | El acto terrorista del 07/01/2015 contra el Seminario francés “Charlie Hebdo”, perpetrado por el grupo islámico Al-Qaeda, pone sobre la palestra una cuestión muchas veces analizadas, pero que no por eso, carece de validez teórica actual: la importancia de la cooperación internacional, en la promulgación y sostenimiento de la paz mundial.

Hecha la introducción y en términos teóricos, el foco central de la seguridad internacional (en este caso, su amenaza), consiste en el estudio de la violencia, el conflicto existente en dicho sistema y en las amenazas a la seguridad de los Estados, incluyendo enfoques y herramientas de distintas disciplinas: entre ellas, la ciencia política, economía, sociología y la historia, entre otras.

En este sentido, la riqueza y complejidad derivada de este abordaje multidisciplinario, se incrementa a partir de la constante incorporación de nuevos métodos de análisis (entre estos, las nuevas teorías aplicadas a las relaciones internacionales como el constructivismo) y la exploración de nuevos períodos históricos (estudios post 11/09/2001), rompiendo cierto “encorsetamiento” en relación a las cuestiones asociadas al conflicto Este-Oeste[1]. No obstante y desde los últimos años, la problemática sobre el terrorismo atañe a la mayoría de la población mundial.

Por último y debido a la complejidad y evolución de la naturaleza de la amenaza, así como la diversidad de las condiciones que propician la propagación de los actos terroristas, la lucha contra el terrorismo internacional requiere una respuesta integral y multifacética en todos los niveles decisorios. Entonces y para que la respuesta (sea esta global, regional o local) pueda resultar efectiva, deberá ser perdurable y sostenible en el tiempo (lo que se entiende por cooperación a largo plazo) e incluir un componente no militar que resulte significativo[2] y que por las situaciones vividas, debiera ser político.

Sin embargo, el factor no militar en la lucha contra el terrorismo global, plantea dos cuestiones a tener en cuenta, (no solo para un análisis teórico, sino también para la experiencia empírica de los países): por un lado y desde un factor simbólico, lograr la paz mundial sin violencia resulta lamentablemente, una utopía; por el otro, dicho objetivo requiere de un compromiso internacional, que no se efectiviza en la realidad. (La guerra en Irak y Afganistán, son solo dos ejemplos que explican dicha situación).     

Por estas y otras situaciones, resultará interesante analizar, cual es la función de la cooperación internacional en la búsqueda y el mantenimiento de la paz mundial.

El fenómeno terrorista: sus particularidades y las consecuencias de sus acciones para el sistema internacional actual

En primer lugar, puede definirse al terrorismo, como una actuación política por medios violentos que si bien tiene sus primeros precedentes en la historia clásica, ya en el siglo XIX, adquirió las connotaciones características que ha mantenido hasta hace relativamente poco tiempo[3]. No obstante y si bien como fenómeno internacional no es nuevo, mediante el recrudecimiento de los ataques terroristas reivindicados por grupos terroristas islámicos, hoy se reconoce, incluso entre los países económicamente y militarmente más poderosos, que esta amenaza no puede combatirla un solo Estado poderoso o incluso un grupo de Estados del mismo rango.  

No obstante y aun cuando los países entienden cada vez más los impactos económicos indirectos de los ataques terroristas, que la explotación terrorista potencia las debilidades de los gobiernos y/o la infraestructura financiera y se encuentran motivados por explotar los beneficios sociales y económicos, por encima de todos los demás agravios políticos que pudieran llegar a generar sus acciones, han surgido diferentes percepciones sobre la amenaza que supone el terrorismo, lo que ha complicado los esfuerzos por desarrollar respuestas internacionales coherentes[4].

De esta manera, puede observarse claramente que en la actualidad, el terrorismo tiene un carácter trasnacional (siendo su manifestación paradigmática Al Qaeda en general y en este estudio, el ataque al semanario “Charlie Hebdo” en particular); de esta manera, importa poco que la dimensión real de las capacidades operativas de este terrorismo sean limitadas (aunque se sabe empíricamente, que disponen de muchos recursos para ejecutar sus acciones), ya que su importancia trascendental, es la capacidad de amedrentamiento por lo que pudieran realizar en cualquier momento y lugar, golpeando los intereses de un enemigo difuso donde se encuentren[5].

Empíricamente, ningún país puede sellar sus fronteras, confiar en su propia defensa nacional o participar en la economía global de la actualidad de manera autónoma. Consecuentemente, ninguna nación puede luchar contra el terrorismo a nivel mundial por su propia cuenta. Capacidades nacionales de defensa y respuesta frente a la lucha antiterrorista, pueden ser importantes pero no suficientes[6].  Las situaciones recientemente expuestas, convierten a las nuevas formas de terrorismo en amenazas para las que las fronteras políticas tienen un efecto muy escaso y por lo tanto, deben ser combatidas de forma conjunta por la comunidad internacional.

Entonces, las respuestas internacionales frente al terrorismo, deben enmarcarse en contextos que les posibiliten hacer frente a un conjunto diverso de amenazas; al tiempo, deben reconocer que el conductor central de la política, es a menudo, la amenaza que representan dichos grupos islámicos que operan internacionalmente, siendo su máxima expresión, Al Qaeda[7]. No obstante y aunque los gobiernos nacionales seguirán siendo los primeros en responder frente al terrorismo internacional, ya que son los principales responsables de la protección de sus ciudadanos, organismos multilaterales formales, informales, acuerdos de la misma índole y programas cooperativos en el plano regional e internacional, pueden (si los mismos se estructuran adecuadamente), realizar una contribución sustancial en el fomento de la paz mundial.  

En definitiva, los éxitos (relativos desde mi punto de vista) en la lucha contra el terrorismo, fueron en gran medida, resultado de la cooperación y el apoyo mutuo entre los gobiernos de todo el mundo[8]. Entonces y sin olvidar que de ninguna manera han desaparecido las amenazas tradicionales a la seguridad internacional actual, resulta imprescindible readaptar los sistemas de defensa nacionales e internacionales, ante los nuevos actores y las formas de agresión y desestabilización[9].

La cooperación internacional, como factor resolutivo del terrorismo  

Puede afirmarse la imposibilidad de hacer frente satisfactoriamente al terrorismo internacional, a menos que exista una eficiente cooperación internacional. Así, es una herramienta clave para luchar contra una batalla que actualmente se extiende por el mundo[10] y en muchas ocasiones, parece no tener fin.

Considerando esta situación, dicha lucha contra el terrorismo plantea al mismo tiempo, distintos niveles de comprensión:

  1. Una lucha nacional, para poder hacer frente a las amenazas internas, a menudo de muy diversa índole y plasmadas en condiciones diferentes;
  2. Una lucha internacional para derrotar a los movimientos terroristas que trascienden las fronteras nacionales y las diversas culturas, sistemas políticos y religiones;
  3. Una lucha ideológica y política contra el extremismo islámico y las tensiones existentes entre Occidente y Oriente Medio, que actúan como caldo de cultivo para el terrorismo y el apoyo a movimientos terroristas;
  4. El desafío de tratar de entender que el terrorismo, no se puede separarse de la guerra y la insurgencia asimétrica[11].

Conforme lo expresa Eric Rosand, la capacidad de mantener y con suerte, consolidar esta cooperación, dependerá del desarrollo e implementación de estrategias y programas en los planos local, regional y mundial que pueden abordar y contrarrestar el cambio de tácticas terroristas y herramientas de reclutamiento[12].

El inconveniente, desde mi punto de vista, que presentan estas estrategias y directivas tan ambiciosas, es que empíricamente, se torna completamente inviable llevarlas a la práctica de manera conjunta. Es decir, sin una evaluación del contexto general que impera en el sistema internacional, aplicar teorías tan generalizadas y sus consecuentes políticas públicas, terminaran resultando en un grosero error.

Puede verse en la práctica, que las contribuciones de los organismos regionales han variado considerablemente. Mientras algunos han adoptado tratados antiterroristas regionales, encaminados a mejorar la capacidad de los países a cooperar en la investigación, enjuiciamiento y extradición de sospechosos de ejecutar actos terroristas, otros han adoptado marcos plenamente no coherentes con el régimen global, que dificulta los esfuerzos por mejorar la ley, ejecución y la cooperación judicial en la búsqueda de sospechosos de terrorismo en países extraregionales. No obstante y aunque casi todas las organizaciones tienen un mandato relacionado con la seguridad y condenan enérgicamente las declaraciones adoptadas contra el terrorismo, sólo unas pocas han logrado ir más allá de los gestos simbólicos e hicieron aportes concretos para fortalecer las respuestas regionales[13].

Además de las respuestas regionales formales frente al terrorismo, una serie de alianzas de carácter informal se han desarrollado en los países participantes de Unión Europea, involucrándose entre sí, en lugar de hacerlo a través de un organismo regional, con el fin de fortalecer las capacidades regionales contra el terrorismo y fomentar la cooperación internacional en esos términos[14], aunque y a pesar de su amplia arquitectura regional, la cooperación intra-regional y la coordinación de acciones, sigue siendo un desafío en el ámbito interno de la Unión Europea.

Ahora y si bien resulta “sencillo” realizar análisis teóricos con posterioridad a un suceso consumado, no es menos cierto que Francia en particular y el Reino Unido, España, Italia, Portugal (por mencionar solo algunos ejemplos), no hay tenido políticas públicas especificas que puedan contrarrestar favorablemente al terrorismo.

Dicha situación, desde mi punto de vista, se vincula con dos variables. A saber:

Por un lado, la “subestimación” del problema; es decir, la creencia de quienes toman las decisiones en estos términos, de que su país no sufrirá (o volverá a sufrirlo) un ataque terrorista por su relevancia internacional y por las consecuencias que dicho evento generará para el sistema internacional del son parte fundamental. Por el otro, la falta de regularidad en sus acciones y su consecuente prevención, la dificultad para identificarlos física y geográficamente y el poderío en términos de amenaza que generar sus ataques, torna al terrorismo un fenómeno muy difícil de analizar, prevenir y fundamentalmente contrarrestar, con el fin de lograr una paz internacional estable.

Por todo lo expuesto, el seguimiento de los movimientos de los sospechosos de actos terroristas, si bien requiere de una mayor cooperación en términos de inteligencia, también necesita la cooperación entre los organismos encargados de hacer cumplir la ley, sea esta nacional e internacional. A nivel local, los agentes encargados de la prevención, podrán tener información útil sobre lo que ocurre dentro de sus jurisdicciones y pueden ser los primeros en detectar cualquier actividad inusual.

En el ámbito nacional e internacional, los organismos policiales necesitan compartir información sobre las identidades de los sospechosos de ejecutar acciones terroristas, tanto en un contexto local como con sus homólogos de otros países, para poder coordinar políticas conjuntas[15] efectivas, situaciones que ya se expuso, no son la regla en el sistema internacional actual, sino por el contrario, son su excepción.

Conclusiones

En síntesis, la guerra contra el terrorismo no es un choque de civilizaciones, del Islam versus Occidente, sino una guerra civil dentro de la civilización islámica entre extremistas que utilizan la violencia para obligar a que sus postulados se lleven a la práctica y una mayoría moderada que desea cuestiones más terrenales como empleo, educación, atención de salud y dignidad, al tiempo que practica libremente su fe[16].

Lamentablemente y tomando en cuenta la opinión del autor, nosotros (la población civil inmersa involuntariamente en dicha guerra civil y que no es parte del “problema”), pagamos las consecuencias de un flagelo que parece no tener fin.

De esta manera, la tarea que enfrenta actualmente la comunidad internacional es extraordinariamente difícil: debe tratar de evitar futuros ataques terroristas mediante la mejora de la inteligencia para contrarrestar dichos actos, negarle así a los terroristas los medios necesarios para llevar a cabo sus ataques y adelantarse simultáneamente a los planes que ya están en marcha. No obstante, ninguno de estos objetivos puede lograrse sin una sólida cooperación internacional[17], comportamiento que como se ha visto a lo largo del trabajo, no ejemplifica la realidad del sistema mundial de Estados.

Considerando lo expuesto y en términos de la teoría de los juegos, los países frente a estas situaciones, se exponen a lo que se conoce como el “dilema del prisionero”. Dos individuos son detenidos por haber cometido un delito. Ambos son separados en celdas diferentes, interrogados individualmente y tienen dos alternativas: cooperar entre si (no confesar) o no cooperar (confesar el delito). Saben que si ninguno confiesa, cada uno irá a prisión 2 años. Pero si uno lo hace y el otro no, al que confiesa lo dejarán libre y al que no, lo condenarán 10 años. Sin ambos confiesan, irán a prisión 6 años. Si se pactara la no-confesión de ambos, tendrían incentivos particulares para romperlo, porque dejando al otro en cumplimiento del pacto de no confesar y este confesando, quien lo rompe obtiene la libertad mientras al otro lo condenarán 10 años[18].

La conclusión del juego en situaciones similares (y la política internacional no es la excepción), es que la competencia egoísta puede conducir a estados inferiores a los cooperativos, pero que estos últimos no podrán implementarse a menos que existan reforzamientos externos (sanciones internacionales en este caso), que obliguen a las partes a cumplir con el acuerdo de cooperación[19].

Finalizando y tomando en cuenta lo analizado, ¿puede inferirse que es más redituable para los Estados, actuar de forma egoísta que cooperar en la lucha contra el terrorismo? No, en absoluto. El punto importante, se relaciona con la forma en la cual cooperarán los Estados en pos de este objetivo. Es decir, dicha cooperación deberá ser realizable mediante hechos (al margen de las declaraciones, acuerdos formales e informales), tomando en cuenta costos y beneficios de esas acciones y fundamentalmente, sabiendo que representan a una sociedad civil que no se vincula con dicho flagelo y que, paradójicamente, siempre termina siendo una victima del mismo. 

Bibliografía:

-BARTOLOMÉ, Mariano Cesar: “La seguridad internacional contemporánea y la erosión de sus paradigmas tradicionales”, en La Seguridad Internacional en el siglo XXI, más allá de Westfalia y Clausewitz, Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), Santiago de Chile, 2006, Cap. 1, pp. 21-56.

-BENSAHEL, Nora: “A Coalition of Coalitions: International Cooperation Against Terrorism”, Studies in Conflict & Terrorism, N° 29, 2006, pp. 35 – 49.

-CORDESMAN, Anthony: “The Lessons of International Cooperation in Counter-Terrorism”, RUSI Journal 151, N° 1, February, 2006, pp. 48-53.

-MONSALVE, Sergio: “John Nash y la teoría de los juegos”, Lecturas Matemáticas, Volumen 24, 2003, pp. 137-149.

-NYE, Joseph S.: “El poder blando y la lucha contra el terrorismo, Diario El País, 28/04/2004, España, disponible online: http://elpais.com/diario/2004/04/28/opinion/1083103206_850215.html

-ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, International Peace Academy Coping with Crisis Working Paper Series, April 2007, pp. 1-20.

-SEPULVEDA MUÑOZ, Isidro: “La Seguridad Internacional ante las nuevas amenazas”, en PNUD: Defensa Nacional: dimensiones internacionales y regionales, PNUD, Buenos Aires, 2007, pp. 63-84.

[1] LYNN-JONES, Sean: International Security Studies After the Cold War: An Agenda for the Future, Belfer Center for Science and International Affairs (BCSIA), December, 1991 (CIAO Working Paper), en BARTOLOMÉ, Mariano Cesar: “La seguridad internacional contemporánea y la erosión de sus paradigmas tradicionales”, en La Seguridad Internacional en el siglo XXI, más allá de Westfalia y Clausewitz, Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), Santiago de Chile, 2006, Cap. 1, p. 23.

[2] ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, International Peace Academy Coping with Crisis Working Paper Series, April 2007, p. 7.

[3] SEPULVEDA MUÑOZ, Isidro: “La Seguridad Internacional ante las nuevas amenazas”, en PNUD: Defensa Nacional: dimensiones internacionales y regionales, PNUD, Buenos Aires, 2007, p. 64.

[4] ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, p. 1.

[5] SEPULVEDA MUÑOZ, Isidro: “La Seguridad Internacional ante las nuevas amenazas”, p. 65.

[6] CORDESMAN, Anthony: “The Lessons of International Cooperation in Counter-Terrorism”, RUSI Journal 151, N° 1, February, 2006, p. 48.

[7] ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, p. 1-2.

[8]POPE, William P.: “European Cooperation with the United States in the Global War on Terrorism,” remarks to the House International Relations Committee, Subcommittee on Europe and on International Terrorism, Nonproliferation and Human Rights, Washington, DC, September 14, 2004, en ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, p. 8.

[9] SEPULVEDA MUÑOZ, Isidro: “La Seguridad Internacional ante las nuevas amenazas”, p. 66.

[10]CORDESMAN, Anthony: “The Lessons of International Cooperation in Counter-Terrorism”, RUSI Journal 151, N° 1, February, 2006, p. 48.

[11] Ibid.

[12] ROSAND, Eric: “Global Terrorism: Multilateral Responses to an extraordinary threat”, p. 7.

[13] Ibid, p. 9-10.

[14] Ibid, p. 7.

[15] BENSAHEL, Nora: “A Coalition of Coalitions: International Cooperation Against Terrorism”, p. 39.

[16] NYE, Joseph S.: “El poder blando y la lucha contra el terrorismo, Diario El País, 28/04/2004, España, disponible online: http://elpais.com/diario/2004/04/28/opinion/1083103206_850215.html, p. 1.

[17] BENSAHEL, Nora: “A Coalition of Coalitions: International Cooperation Against Terrorism”, p. 35.

[18] MONSALVE, Sergio: “John Nash y la teoría de los juegos”, Lecturas Matemáticas, Volumen 24, 2003, p. 138.

[19] Ibid, p. 139-140.

 

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Gastón Gaspar Acosta

Gastón Gaspar Acosta (Buenos Aires, 1982), es Magister en Relaciones Internacionales con orientación en Seguridad Internacional, Conflicto y Paz por la Universidad del Salvador y Licenciado en Ciencia Política por la misma Universidad. Su Tesis de Maestría, estuvo centrada en la Teoría de la Dependencia expuesta por Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto y su vínculo con la problemática política-económica actual de América Latina, en términos internacionales. Ha publicado una decena de Artículos en Revistas de Argentina, España y la Universidad de Guadalajara, bajo la temática de Relaciones Internacionales, Ciencia Política y el Mercado de Trabajo Latinoamericano. Actualmente, es Analista Principal en la Coordinación de Teletrabajo, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina.

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