El nuevo escenario político para los partidos nacionalistas

JAUME VIDAL | En el barómetro del CIS de julio de 2015 se pregunta por primera vez sobre un hecho que nunca se ha dado en España desde la recuperación de la democracia: incluye una pregunta en relación a una posible coalición entre partidos políticos en caso de que ninguno consiguiese la mayoría absoluta en las elecciones generales. Tal y como apunta Reniu en Pactar para Gobernar (2003), es habitual la existencia de pactos entre partidos para apoyar la investidura del candidato ganador de las elecciones (el más famoso, quizás, el Pacte del Majestic entre PP y CiU), pero el Gobierno siempre ha sido monocolor.

Por lo tanto, el primer cambio que puede que veamos en las elecciones generales de este año es un gobierno de coalición, el primero desde la restauración de la democracia en España.

Aún así, hay otro factor a mi modo de ver todavía más importante: el papel que jugaran a partir de ahora los PANE, esto es, los partidos políticos de ámbito no estatal (sobre todo los nacionalistas). Des de 1993, estos se han erigido como partidos “bisagra”, apoyando al partido ganador en la investidura de su candidato –rehusando formar parte del gobierno- a cambio de políticas públicas (una vez más, el ejemplo del Pacte del Majestic es clarificarte). Así pues, excepto en los años 2000 y 20011, dónde Aznar y Rajoy obtuvieron mayoría absoluta, los PANE, y muy especialmente los nacionalistas, han sido determinantes para la posible formación de un gobierno.

Esta dinámica ha tenido una doble consecuencia: de un lado, los partidos nacionalistas han conseguido políticas pública, inversiones y más competencias para las comunidades que representan. Por otro lado, este sistema permitía que no se cuestionara seriamente la unidad de España, ya que permitía la participación efectiva de las partidos nacionalistas y regionalistas en la política nacional, emulando la máxima de “autonomía dentro de la unidad”.

Pero el nuevo escenario político que parece abrirse camino apunta a posibles gobiernos de coalición entre partidos de ámbito estatal, con lo que los PANEs –sobre todo los nacionalistas-–sobre todo los nacionalistas- podrían radicalizarse aún más. A mi modo de ver, el hecho de no ser determinantes o incluso marginales en la política nacional puede tener efectos negativos sobre la aceptación del statu quo constitucional a largo plazo. Si a este hecho le sumamos que estos PANE sean la primera o segunda fuerza en las CCAA donde se presentan, el conflicto está servido.

Ciertamente, algunos medios de comunicación han apuntado a que ni siquiera una coalición de dos partidos sería suficiente para formar una mayoría, de modo que cabría recurrir otra vez de partidos nacionalistas, salvando temporalmente la situación. Pero en caso contrario, nos encontraríamos en un escenario donde la capacidad de influencia de estos sería mínima (siempre y cuando no se produjesen pactos o acuerdos a nivel autonómicos que garantizaran la capacidad de influir a nivel nacional) reproduciéndose una situación similar a la que experimentan cuando un partido gana las elecciones con mayoría absoluta.

Si este escenario fuese el que realmente se produjese, dichos partidos presionarían para obtener más capacidad de decisión y de financiación para sus comunidades autónomas, lo que podría chocar frontalmente con los deseos de los partidos que formaran la coalición gubernamental. Si además estos últimos no fueran fuerzas políticas mayoritarias en las comunidades autónomas con PANEs, el conflicto estará servido.

 

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Jaume Vidal

Jaume Vidal, Máster en Marketing Político por la UAB, licenciado en Ciencias Políticas por la UPF y estudiante de 3r curso de Derecho por la UPF.

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