El ritmo al que todos bailamos: La sucesión 2016 en Oaxaca (I)

RODRIGO PACHECO |

“En cualquier arte y en cualquier ciencia no debe ignorarse el ritmo”

-Miyamoto Musashi

Como personas, aunque tenemos una personalidad que nos define como individuos hacia el exterior, con los demás, también tenemos ciertos humores temporales. Estamos felices, tristes, enojados, de buen o mal humor, dependiendo el momento de nuestras vidas, el día de la semana, de factores externos que nos afectan, de palabras o acciones de otros, de noticias y sucesos, etc. Así como nosotros, el entorno social también tiene cierto humor, un particular aire que define a la sociedad, consecuencia de la expectativa de algo que acontecerá, la influencia de algo que sucede o por la remembranza de algo que ya paso. Siempre se me ha asemejado a tener cierto ritmo, cierto movimiento determinado por factores que están presentes en los colectivos, en las personas, en las familias, negocios, gremios, escuelas y toda organización de personas que conforman una sociedad determinada.

Oaxaca no escapa de ese fenómeno. Es fácil identificar el sentimiento de Oaxaca, por ejemplo cuando es época de Guelaguetza o durante las festividades de Día de Muertos, donde el aire que se respira es muy particular. Al día de hoy, si tuviera que elegir un fenómeno, un factor que trace la ruta de las acciones predominantes de nuestro estado, que sea el que determina el ritmo al que baila la sociedad oaxaqueña, tendría que decir que sería, sin duda alguna, la elección para gobernador del próximo año. La sucesión del 2016, como el DJ del momento, ha venido definiendo la realidad de los Oaxaqueños desde un tiempo ya, y su influencia solo ira creciendo, día a día, como fin último en nuestro sistema político, pero también en lo económico, social, ambiental, familiar, escolar, cultural, etc.

La sucesión del poder político como centro del todo. Este fenómeno es entendible y hasta cierto punto lógico. Nuestro supuesto sistema democrático está estructurado para que la pugna por el poder se de en periodos determinados (en el caso de la gubernatura: 6 años), donde los actores que compiten (Partidos y ahora Candidatos Independientes) deben de apostar todo para manejar los hilos del Poder, del presupuesto, de las influencias, la cultura, de la obra pública, de la salud, etc.; del Estado de Oaxaca. Esto sintetiza toda la fuerza a en la elección, momento y lugar tan importante, donde toda la energía, dinero y tiempo invertido se definen y el rumbo de traza, al menos hasta que llegue la próxima elección.

Aún falta un gran tramo por recorrer hasta la elección del próximo año, es verdad, y es también verdad que muchos pensaran que es un tanto prematuro asegurar candidatos, coaliciones y si habrá algunos independientes que compitan por las riendas del Estado. Pero es innegable que en Oaxaca, todo apunta a lo que sucederá en el proceso electoral de verano del próximo año, a saber quién despachará desde el Palacio de Gobierno Estatal.

Para muestra, es que en Junio pasado la Cámara de Diputados local realizó algunas modificaciones a las leyes electorales de Oaxaca, una supuesta “Reforma Política” que fue publicitada por todos los partidos y diputados, presumiendo su “hipotético” buen desempeño como legisladores y representantes de los intereses de los Oaxaqueños.  Es de llamar la atención que este proceso se había venido gestando en la Cámara de Diputados Local desde hace tiempo, y desde hace más de 6 meses se hablaba de estos cambios, los cuales de seguro serán lo más rescatable de esta Legislatura (¿se imaginan?), ya que según ellos fortalece el proceso democrático de 2016

Aunque en estos cambios se contemplaron algunos de fondo y positivos como la reelección de Alcaldes y Diputados Locales, por un periodo inmediato;  la creación del Tribunal de los Contencioso Administrativo y de Cuentas y de un nuevo instituto para impulsar la transparencia (¿Qué no ya hay como 5 de esos?); las candidaturas independientes indígenas o que se reconoce la terminación anticipada del periodo de gobierno municipal a través de la asamblea; el intereses y la pugna se centró en si la gubernatura se modificaría por periodos de 3 o 5 años, o se quedaría como hasta ahora por 6 años, y acerca de la residencia de los candidatos para competir en la elección para gobernador, que se disminuyó a 3 años. Esto deja entrever que el trabajo legislativo obedeció a los intereses de los partidos, pero sobretodo de los que ya suspiran con ser “el que le sigue” a Gabino, quienes apadrinaron a Diputados y fracciones enteras para impulsar una reforma les beneficiará.

Este es solo una anécdota, un recuerdo que se ha disipado de nuestra memoria tras la Guelaguetza (que todo cura y olvida) para reforzar mi punto sobre la importancia de la elección a casi un año de distancia, pero ejemplos sobran. Si no recordemos lo ocurrido con los recientes cambios del IEEPO, o de la presencia de elementos federales en el Estado, sucesos con los cuales todos sospechábamos que tienen un elemento que apunta hacia 2016, y de seguro tendremos algo de razón.  Entonces no está de más asegurar que la campaña ya empezó, y marca el ritmo al que todos bailamos. Y en este baile, todos quieren una pieza y que nos le toque bailar “con la más fea”.

NOTA: Esta es la 1era parte de una serie de entregas. En las próximas: ¿Quiénes son los candidatos? ¿Qué partidos están mejor posicionados? ¿Cómo van las encuestas y tendencias? Etc.; A poco menos de 1 año.

 

 

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Rodrigo Pacheco Peral

Rodrigo Pacheco Peral, Oaxaqueño y Politólogo por la Uiversidad Nacional Autonoma de México.

2 comentarios sobre “El ritmo al que todos bailamos: La sucesión 2016 en Oaxaca (I)

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