Internet como motor del cambio

ANNA-CLARA MARTÍNEZHace unos meses publiqué en Debate21 el artículo titulado “Las nuevas formas de participación política: de Internet a las instituciones[1]”. Siguiendo la misma línea, en el presente texto, pretendo proseguir con el análisis de  Internet como motor del cambio y presentar algunos ejemplos de ello en las sociedades actuales.

Muchos han visto en el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, especialmente en Internet, una gran oportunidad para mejorar o reivindicar los sistemas de representación y de gobierno en los estados modernos. Internet se ha erigido como una buena fuente de información para la formación de los participantes políticos, reivindicando en no pocas ocasiones la participación ciudadana en el marco de un gobierno participativo.

La rapidez y la celeridad hacen de Internet una de las herramientas de comunicación más eficaces, capaz de propagar un mensaje a una amplia red de internautas.

Uno de los ejemplos más ilustrativos del poder que puede llegar a tener Internet y las redes sociales ha sido la primavera árabe. La característica que unió a todas las revoluciones acontecidas en diversos de los países árabes en 2010 fue el papel importante desempeñado por las nuevas tecnologías. Es por ello que incluso se habla de “Revolución Facebook” o de “Revolución Twitter”. Gracias a la circulación fluida y horizontal de la información entre miles de internautas, fracasaron todos los intentos de control del flujo de información. Además, los medios convencionales se hicieron eco de la cuestión, una vez se percataron de lo que estaba sucediendo en las Redes Sociales. Los movimientos se organizaron y estructuraron en el ciberespacio y, después, ello se plasmó en la calle; se tradujo en revolución.

Internet permitió a los ciudadanos encontrarse, intercambiar opiniones, saber si eran un grupo grande o se trataba sólo de unos cuantos, conocer hasta qué punto el resto de individuos estaba también comprometido. En definitiva, preparar lo que después sucedería en las calles.

En este entorno, el Partido Pirata Internacional desempeñó un papel crucial durante la revolución árabe, sobre todo en Túnez, pues ayudó a fundar el Partido Pirata Tunecino en septiembre de 2010 y permitió que miles de internautas pudiesen liberarse de la vigilancia gubernamental a través de la distribución de programas que eliminaban la censura existente y protegían al internauta de un eventual pirateo.

Además, Internet se erigió como un canal de apertura al mundo para que ciudadanos de todos los países supiesen qué estaba ocurriendo en Túnez, en Egipto, en Libia, entre otros. Internet permitió que la información traspasara las fronteras nacionales y la voz internacional se hiciese eco de la cuestión. De lo contrario, probablemente los sucesos acontecidos hubiesen pasado más desapercibidos. En este contexto, tal y como apunta Óscar Hermán, Internet brindó un espacio libre para el diálogo acerca de la necesidad del cambio político y la condena de la corrupción gubernamental, utilizando las nuevas tecnologías para realizar ataques a la imagen de los gobiernos existentes[2].

En España, el mejor ejemplo lo hallamos en el movimiento del 15M. Miles de personas salieron a las calles el 15 de mayo de 2011 para reivindicar una democracia real, el fin del bipartidismo, para dar a conocer que los políticos no les representaban, que las instituciones no eran cercanas a los ciudadanos, que España necesitaba un cambio. La difusión de dicha manifestación, efectivamente, se gestó en Internet, concretamente en las Redes Sociales como Facebook y Twitter. Las distintas plataformas, como Democracia Real Ya!, intentaron incorporar prácticas similares a las sucedidas con la Primavera Árabe. Poco a poco Internet fue haciéndose eco de la cuestión hasta que las manifestaciones, las concentraciones y las acampadas traspasaron fronteras nacionales. Ciudades europeas, como Bruselas, también se sumaron y realizaron sus propias manifestaciones.

Situación similar sucedió en las “Marchas por la Dignidad”, aunque esta vez los medios de comunicación convencionales optaron por ocultar los acontecimientos. Miles de personas de toda la península llegaron desde sus ciudades hasta Madrid, reclamando una mayor democracia y libertad, a favor de las clases obreras y en contra de los desahucios, además de oponerse a reformas legales como la Ley Mordaza, entre otros. Una vez más, fue Internet quien consiguió que miles de españoles saliesen de sus hogares a las calles.

Efectivamente, en algunas ocasiones el movimiento social surgido de Internet acaba creando un partido político. Tal es el caso de Podemos. Los días 12 y 13 de enero de 2014, una treintena de intelectuales, presentaron el manifiesto “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político”.

El primer párrafo del mencionado manifiesto ya hace alusión al descontento y a la indignación de miles de ciudadanos: nunca en Europa ha habido tanta gente descontenta con la pérdida de derechos y, al tiempo, menos perspectivas de poder canalizar esa indignación a través de alguna opción electoral que emocione.

En el siguiente párrafo, se hace alusión a movimientos de indignación como el 15M, los cuales demostraron una clara voluntad popular por cambiar las cosas. La impotencia o dejación de responsabilidades de los Gobiernos, la incapacidad voluntaria de los partidos políticos de gobierno, la conversión de los Parlamentos en órganos burocráticos y sin capacidad política y el desconcierto de los sindicatos han dejado a la ciudadanía abandonada a su propia suerte. Premisas exactas a las que se defendían en las calles durante los meses de mayo y siguientes.

Además, en el mismo manifiesto también se hacía alusión indirecta a las “Marchas por la Dignidad”, las que defendieron los derechos de los ciudadanos, se opusieron a la ley de seguridad ciudadana y al control de los medios de comunicación, entre otros.

También reclamaba una candidatura de unidad, de ruptura y de izquierdas, capaz de convertir el pesimismo ciudadano en optimismo y de representación real de los ciudadanos en las instituciones.

Miembros de Izquierda Anticapitalista, activistas sociales y de la Marea Blanca, delegados sindicales, estudiantes y ciudadanos se unieron para dar forma política a todos los movimientos sociales acontecidos hasta entonces. Podemos se presentó a las elecciones europeas de mayo de 2014 y obtuvo 1.253.837 votos, siendo la sorpresa de la noche electoral y logrando 5 escaños, situándose como cuarta fuerza a nivel nacional. En las pasadas elecciones municipales, las candidaturas de unidad popular de izquierdas que se presentaron han logrado alcaldías en las ciudades más importantes como Madrid y Barcelona.

[1] http://debate21.es/2015/07/01/las-nuevas-formas-de-participacion-politica-de-internet-a-las-instituciones

[2] Hermán, O. y Martí, J.J.: Las sociedades ante el reto digital. Icono 14. Madrid, 2013, página 77.

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Anna-Clara Martínez Fernández

Licenciada en Derecho (Universidad Pompeu Fabra), licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, Máster en Abogacía (Universidad de Barcelona) y Máster en Política y Democracia (UNED). Actualmente, trabajando de abogada especializada en derecho administrativo y colaborando en distintas publicaciones. Tiene especial interés por los temas de comportamiento electoral y de educación.

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