Unión Europea, responsables y refugiados

PABLO ROJAS ABAD | Como todo el mundo que trabaja en el barrio europeo de Bruselas, hoy era muy consciente de que había manifestación de ganaderos y agricultores alrededor de la Comisión y el Consejo, aprovechando que hoy se reunía un Consejo extraordinario de Agricultura y Pesca. Normalmente vuelvo de trabajar por la plaza Jean Rey, que está detrás de uno de los edificios del Consejo. Es posible que a estas horas hayas visto las imágenes del tractor cargando contra las barricadas de espinos, llenas de policías antidisturbios, bien, pues justo por ese paso de cebra cruzo yo todos los días.

Visto el panorama, decidí volver a casa por el Parlamento. No es extraño ver grupos protestando en la Plaza de Luxemburgo, y hoy, no sé si pensando en que podrían robar algo de protagonismo a los tractores, había un colectivo de inmigrantes anarquistas (dadle un par de vueltas a eso) pertrechado alrededor de la estatua que preside la plaza. Una de sus dos pancartas rezaba: “Contra la política migratoria y militar de la UE”. Me quedé a cuadros. Hay muy pocas cosas sobre las que la UE no tenga competencias, y una de ellas es la política militar. Otra que se queda muy cerca es la política migratoria.

Pero antes de entrar siquiera a pensar en competencias, me quedé embobado pensando en la última parte de la consigna; “de la UE”. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la Unión Europea, de Bruselas, de Europa? Los anarquistas inmigrantes estaban protestando delante del Parlamento Europeo. “Contra el Estado, las cárceles y la policía” según su otra pancarta (enfrente del Parlamento Europeo, insisto). Estoy convencido de que ese colectivo sólo quería aprovechar el tirón mediático de los tractores y su épica lucha contra las barricadas, pero la tremenda contradicción de verles protestar contra el Estado opresor frente a un edificio que puede simbolizar muchas cosas, pero sin duda una de ellas no es la de un poder estatal totalitario me pareció tremenda.

La Unión Europea no es un Estado, y de hecho, por mucho que pueda defenderse en teoría cumple con las características clásicas de un Estado (población, territorio, soberanía sobre ese territorio y un gobierno para ejercerla), no hay que olvidar que dos de esos requisitos no los cumple por sí mismo, si no por los Estados que la forman; el territorio y población de la Unión depende de los Estados Miembros que la componen, y sobre la soberanía, no puede obviarse que las competencias que tiene son cedidas por los Estados Miembros y no siempre son ejercidas directamente por instituciones de la Unión. Es, en definitiva, un entramado mucho más complejo que un Estado (ya que se compone de ellos) pero sin llegar a ser uno.

En cualquier caso, la gente tiende a ver a la Unión Europea como un ente monolítico, que dicta Regulaciones sin ton ni son sobre el ancho del celofán o la altura de los bordillos de las aceras, un engendro burocrático deshumanizado al que le da igual si los griegos no tienen qué comer mañana o si 400.000 sirios se mueren en el Mediterráneo. La gente suele olvidarse convenientemente de que la Unión Europea también son ellos mismos, sus representantes, sus gobiernos. Especialmente en esos dos casos; Los Estados de la zona del Euro (ojo, que no de la Unión Europea) tienen que cumplir una sería de normas que ellos negociaron y a las que ellos mismos decidieron  someterse para regular su sistema monetario, y Grecia precisamente fue uno de sus fundadores.

Dejando a un lado que esas normas se cumplieran o no, lo verdaderamente importante es que Grecia necesitaba un préstamo, y ese préstamo no lo estaba negociando con “La Unión Europea”, si no con sus compañeros de equipo del Eurogrupo. Uno a uno. Individualmente. Entre Estados. La Unión Europea ni pinchó ni cortó, porque no tenía competencias sobre eso. Lo que vivimos hace un mes y pico fue claramente un choque entre Estados, muy posiblemente un choque de políticas y es probable que un choque de ideologías. Pero no fue una lucha del David griego contra el Goliat bruselense.

De igual forma, lo que estamos viendo estos días no es a la maquinaria paraestatal del funcionariado europeo impasible ante el sufrimiento de cientos de miles de personas que huyen de un lugar terrible, donde la muerte es una realidad diaria y donde el futuro es negro como la bandera del Estado Islámico. Lo que estamos viendo es el desmoronamiento de la política de negociaciones interestatales que paraliza la acción de los Estados Miembros de la Unión en materias donde tienen competencias casi exclusivas.

En materia de refugiados, Schengen regula poco más que quién tiene que tramitar la solicitud de asilo en caso de conflicto entre dos normas Estatales. En serio, podéis mirarlo. Hasta ahí llega el poder de “la Unión Europea” en materia de asilo. La Comisión lleva literalmente décadas tratando de conseguir una mayor armonización en este campo (y por supuesto intentando obtener más competencias), pero los Estados Miembros han sido especialmente celosos de su soberanía en relación a sus relaciones exteriores, su política militar y sí, sus fronteras.

En esas áreas la Unión Europea es prácticamente inexistente. El Servicio Exterior actual es un “spin-off” de un pilar comunitario que ya antaño estaba en manos de los Estados Miembros, y que hoy día sigue prácticamente igual, solo que con un “Servicio Europeo de Acción Exterior” que es poco más que un servicio de comunicaciones sobredimensionado. Del “Ejercito Común Europeo” oímos hablar cada año y medio a algún Ministro francés o alemán. De la política de asilo común no sé si llegaremos a oír algo, incluso después de lo que estamos viviendo estos días.

Y lo único que verás en los periódicos, en Twitter o en Facebook, serán mensajes como La marcha de los 150 kilómetros en Hungría es la estampa que mejor define a la UE y su falta de valores., viñetas terribles como esta o artículos de periódicos titulados Unión Europea, puedes ir devolviendo la parte que me toca del Nobel de la Paz.

La verdaderamente grave no es que se cargue de esta forma contra un símbolo que muchos pensamos que ha traído una época de prosperidad al continente como nunca jamás habíamos conocido en toda nuestra historia, si no que al hacerlo se está absolviendo implícitamente a los verdaderos responsables de estas situaciones.

Sí, se pueden leer críticas duras a Orban o a Rajoy, siempre, claro está, seguidas de un gran pero, tras el cual sabemos que va a ir la carga de la caballería ligera contra la UE. La tragedia política no es que Cameron o Rajoy no quisiesen aceptar ni un refugiado el primero o un puñado el segundo, la gran tragedia es que no estamos exigiéndoles que acepten a todos los que legítimamente tengan el derecho de pedir asilo, según la Convención sobre el estatuto de los refugiados del 51 y el protocolo del 67, o que cedan las competencias en esa materia a alguien que esté dispuesto a correr el riego político que ello supone.

Preferimos tirar huevos al edificio de la Comisión, o protestar frente al Parlamento contra la opresión estatal. En vez de estar asaltando con tractores las barricadas del Consejo (figurativamente). Me refiero a hacer presión efectiva en los puntos clave del proceso decisorio (si, hacer lobbying), me refiero a ir a pedirles cuentas a los que tienen la capacidad de cambiar una situación injusta y catastrófica.

Por cierto, hablando de asaltar barricadas, los ganaderos y agricultores, no sé si gracias a sus protestas, han conseguido 500 millones de euros.

 

 

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Pablo Rojas Abad

Pablo Rojas (Oviedo, 1986), es licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo. Estudió también un LLM en Derecho económico internacional por la Universidad de Strathclyde, Escocia. Cuenta con experiencia tanto en despachos de abogados como en el Consejo de la Unión Europea, donde acaba de terminar un stage en su servicio jurídico. Desde muy joven se ha sentido muy atraído por la política y por las relaciones internacionales.

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