Corbyn pone punto final a la Tercera Vía

La victoria aplastante de Jeremy Corbyn este fin de semana promete remover las entrañas del Partido Laborista que durante las dos últimas décadas se entregó con pasión y por completo a la Tercera Vía y al Nuevo Laborismo que propugnó Tony Blair.

Con el 59,5% de los apoyos, el triunfo de Corbyn supone un giro a la izquierda del Partido Laborista inimaginable hace unos meses.  La victoria electoral de David Cameron por mayoría absoluta, y la severa derrota de los laboristas y de Ed Miliband, y la posterior dimisión de este, abrieron el proceso de renovación que desembocó en el triunfo de Corbyn el sábado.

Jeremy Corbyn, de 66 años, lleva los últimos 32 como diputado por el distrito de Islington North. En 2015, mientras el Partido Laborista se desmoronaba, él en sus octavas elecciones conseguía su victoria más amplia. No es un político nuevo, ni es joven, pero es un político que nunca doblegó sus principios. Sus ideas, que no son nuevas, sino las de la socialdemocracia “clásica” adaptadas al siglo XXI, han conseguido en la Inglaterra actual conectar con las bases de los laboristas, y también de forma muy significativa con los simpatizantes inscritos en el proceso de primarias (previo pago de tres libras).

Los datos de su triunfo no dejan lugar a dudas, de los 105.598 no afiliados apuntados a las primarias abiertas para escoger al nuevo líder laborista, un 83,76% (88.449 votantes) le han dado su apoyo. Mientras que entre los afiliados el 49,46% le han votado. Cuando el candidato más outsider posible, es decir el más alejado del aparato, decidió presentarse a la carrera por el liderazgo laborista, pocos podían imaginar hasta donde llegaría la fuerza que ha desatado. Si las primarias abiertas son el proceso que más posibilidades dan a los candidatos más alejados del partido, en esta ocasión no sólo han facilitado la victoria de Corbyn, sino que han permitido al Partido Laborista adquirir un “músculo” que hacía mucho tiempo que no poseía.

Las propuestas de Corbyn pasan directamente por poner fin a la austeridad, aumentar los impuestos a los ricos y una mayor protección a las personas que reciben subsidios. Considera que la reducción del déficit es necesaria, pero a menor ritmo y no a través de recortes, sino de gasto, aumentando la inversión y subiendo los impuestos. En definitiva, propugna una mayor redistribución de la riqueza.

El primer reto de Corbyn pasa por gestionar un grupo parlamentario en el que la mayoría de sus miembros le son hostiles, y formar un equipo de trabajo, que sea el Gobierno en la sombra. Además, deberá amarrar al Partido Laborista a esos simpatizantes que se han inscrito exclusivamente sólo para votarle a él. El segundo reto será hacer frente a la ola de ataques que se producirán (y que ya lo están haciendo) desde el establishment. Prensa, conservadores y el resto de poderes fácticos no han hecho más que comenzar a mover ficha en éste aspecto, incluso también dentro de su propio partido.

Antes de la cita electoral de 2020, Corbyn tiene por delante unas elecciones municipales, con especial atención a Londres, donde el candidato laborista será Sadiq Kahn, también elegido este sábado, y que es el más izquierdista de los que tres que se presentaban. También deberá afrontar en 2016 unas elecciones en Escocia, antiguo feudo laborista, donde en la cita electoral de 2015 sufrieron un auténtico desmoronamiento en favor de los nacionalistas escoceses. Sin olvidarnos del referéndum de permanencia en la Unión Europea, que deberá celebrarse antes de que finalice 2017.

Así las cosas, hay quienes consideran ya que el giro a la izquierda, y el abandono del centro que ha protagonizado el Partido Laborista, suponen la victoria segura de los conservadores en las próximas elecciones generales, al considerar que estos pueden ocupar el centro político y que un activista como Corbyn nunca podría llegar a Primer Ministro del Reino Unido. Subestiman así la capacidad que Corbyn pueda tener (y que ya ha demostrado) para conectar con un electorado desencantado con el socioliberalismo practicado por los laboristas en los últimos años y que pueda captar su voto. Y sobretodo pasan también por alto, el entusiasmo levantado entre los jóvenes, a los que se dirigió nada más conocerse su victoria con las siguientes palabras: “no supimos comprender las visiones de mucha gente joven a la que tachamos de generación apolítica. No lo era, era un generación muy política pero defraudada por cómo se viene haciendo la política”.

Lo que está claro a día de hoy, es que una amplia mayoría de las bases del partido, simpatizantes incluidos, hartos de las medidas de austeridad, de propuestas laboristas en materia económica que en la práctica resultaban difíciles de distinguir de las neoliberales de los conservadores, han decidido, fruto de la indignación de quienes han sufrido en sus carnes la crisis económica y las desigualdades generales, sacudir un “puñetazo” directo al sistema. Podrá ganar o no las próximas elecciones, incluso ni llegar a ellas, pero lo que está claro es que la victoria de Corbyn es de tal calado que ya ha transformado la política británica, y amenaza con arrastrar a toda la socialdemocracia europea.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

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