“Vacaciones en paz” desde una perspectiva de género: De la solidaridad al secuestro (II)

Nadjiba durante su estancia en España. La foto muestra a una joven alegre, risueña y moderna. Lamentablemente, parece que sea ese su pecado.
Nadjiba durante su estancia en España. La foto muestra a una joven alegre, risueña y moderna. Lamentablemente, parece que sea ese su pecado.

IGNACIO ORTIZ PALACIO LA RETENCIÓN EL PASADO AÑO DE MAHAYUBA MOHAMED HADIDAF, de 24 años, demostró el talante indolente hacia esta problemática por parte del Frente Polisario. Esta joven vino a España por primera vez en 1999, en el seno de una familia de acogida del pueblo valenciano de Genovés, permaneciendo durante todo este tiempo en nuestro país, no sin cumplir con sus obligaciones de visitar todos los veranos a su familia biológica en Tinduf. En el año 2002 obtuvo el acogimiento familiar permanente con la citada familia, que le ha dado una formación universitaria, obteniendo la nacionalidad española en el año 2012. Esta joven saharaui, ha sido una brillante alumna en la Universidad de Alicante, habla árabe, español e inglés, y recientemente obtuvo un puesto en la ‘Marie Curie Fundation Care’ de Londres, donde tenía previsto empezar en septiembre de 2014 un Máster en Humanidades, hasta que llegó su calvario. En el verano de 2014 viajó a Tinduf para ver a su familia, pero fue recluida sin poder regresar a España.

Una vez llegada al campamento –engañada con el falso pretexto de que su abuela se encontraba gravemente enferma- sus padres le quitaron el pasaporte y el dinero del que disponía y unos días después le comunicaron que no regresaría nunca más, encerrándola sin poder salir, arrebatándole además el móvil español para dejarla incomunicada. Hábilmente la suerte estuvo de su parte y se pudo hacer con otro teléfono durante su detención, pudiendo enviar una demanda de auxilio a su familia española. Felizmente, y a finales de Septiembre de 2014 después de varios meses retenida, culminó este desgraciado episodio después haber huido cruzando el desierto con la ayuda de un amigo que la trasladó en coche desde los campamentos de Tinduf hasta el mismísimo Argel.

Pero este no es el único caso. En San Miguel de Salinas (Alicante) nos encontramos con el caso de Koria Badbad Hafed, sus padres de acogida, Bienvenida Campillo y José Vicente Mañogil, siguen reivindicando la libertad de la joven retenida en Tinduf, que actualmente tiene 23 años y además requiere tratamiento médico continuado. Esta joven saharaui que padecía algunas enfermedades, ha venido recibiendo regularmente durante 10 años la atención médica precisa dentro de la familia de acogida, con exhaustivas revisiones y tratamiento continuado en el Hospital de San Juan de Alicante. Todo ello siempre en un ambiente de diálogo y respeto, pero sin desligarse nunca de su familia, costumbres, orígenes y creencias.

Así, y una vez superados sus estudios sin incidencias, en el invierno del 2010, con motivo de una visita a la familia biológica, fue retenida y enviada a la franja denominada ‘territorios liberados’ en la frontera con Mauritania, sin que se diese a conocer a la familia de acogida las motivaciones reales de tal cambio de custodia y sin que se pudiera hacer entrega de la historia clínica de la misma.

Desde ese momento se iniciaron activas gestiones para recuperar a Koria, con la finalidad de que prosiguiese su tratamiento médico, si bien sus actuales custodios no quisieron dialogar ni poner freno o solución a los peligros vitales de la joven. Por ello se creó un ‘movimiento ciudadano’ próximo a las 20.000 personas que fue denunciando sistemáticamente esta flagrante violación a los Derechos Humanos. En cualquier caso han pasado ya cuatro años y este suplicio continúa, y no tiene visos de solucionarse, mientras la vida de la joven sigue corriendo peligro.

También en la Comunidad Valenciana, concretamente en Onteniente, la familia de acogida de la niña saharaui Aichatu Bamba Bamba de apenas 14 años, sufrió la misma decepción que en los casos anteriores, no consiguiendo el permiso para volver a España donde llevaba residiendo varios años. Un caso singular ya que aun siendo menor de edad y que los padres biológicos estaban conformes en dejar salir a la niña del campamento para completar su formación académica en España, se toparon con la frontal oposición de los dirigentes Polisario, que acabaron contradiciéndose a sí mismos y a los postulados del programa que llevó a la niña a España.

En la Comunidad Autónoma Canaria, concretamente en Tenerife, Ángeles Déniz y su hija, Ithaiza Déniz, familia de acogida de Darya Embarek Selma, llevan desde febrero de 2014 tratando de rescatar a la joven, de 25 años de edad, a la que sus padres biológicos en una visita familiar le despojaron del pasaporte, la tarjeta de residencia y todo el dinero que portaba, recluyéndola en los campamentos de Tinduf. Durante un tiempo la joven saharaui no pudo tener contacto con su familia adoptiva, ya que le sustrajeron el teléfono móvil, pero una vez que pudo hacerlo, no pudo ser más elocuente: “me han matado en vida”, “este lugar no es ni para los perros”, les espetó a sus padres de acogida.

La última parada de esta singular caravana de decepciones la encontramos en fechas recientes en la comunidad andaluza, en la localidad onubense de Rociana del Condado, con el caso de Nadjiba Mohamed Bekacem. Esta joven saharaui de 23 años residía en España, de acuerdo con su familia biológica, desde el año dos mil cuando contaba con apenas ocho años. Fue por aquel entonces cuando la mujer de su padre de acogida temporal, José María Contreras, se enteró casualmente del caso de una niña saharaui con problemas de salud. Este probablemente sea uno de los motivos, al igual que en el caso de Koria, que envuelve este asunto de un mayor nivel de crueldad e indignación. Cuando llegó a España se le diagnosticó una patología de pie equino y flexo en la rodilla, ambas dolencias requerían de un tratamiento específico y prolongado que aún no ha podido llegar a su fin. Después de ser atendida en un conocido hospital sevillano, estaba pendiente de su próxima cita médica para Mayo de 2014, cita a la que ya no pudo acudir por estar retenida en Tinduf.

Nadjiba vio pasar los años entre sus estudios, sus revisiones médicas y sus viajes para ver a su familia biológica en los campamentos. Todo ello sin descuidar el respeto a sus orígenes, cultura y creencias. Pero parece ser que en los últimos años había reducido sus visitas a los campamentos por miedo a que le pasará lo que finalmente ocurrió. En efecto, en Diciembre de 2013 viajó a su campamento natal de Smara-Farcia y, a pesar de ser ya mayor de edad, no pudo utilizar su billete de vuelta.

Según su padre de acogida, en la mayoría de las gestiones que ha realizado sobre la situación de Nadjiba, ha recurrido al delegado del Polisario en Andalucía, Abidim Bucharaya. El último contacto ha sido hace apenas unos días, pero siempre se encuentran con la misma situación: ambages, evasivas y actitudes ambiguas con respecto a la situación de la joven saharaui, recurriendo siempre al mismo argumento del citado miembro del Polisario que, aun reconociendo que la joven es mayor de edad y que no le pueden privar legalmente de la libertad, aduce que el motivo por el que estos hechos ocurren se basan en la tradición y las costumbres. En definitiva, buenas palabras para que el desgaste producido por el tiempo haga el resto y se acabe instalando la resignación en la familia de acogida.

La indignación es mayor aun si cabe cuando se comprueba que la madre biológica es parlamentaria del gobierno de la autoproclamada RASD, y que tenía cierta facilidad para ver a la niña cuando estaba en España, por sus distintos viajes por motivos políticos dada su condición.

Más aun cuando se esgrime como pretexto para adoptar dicha postura que tenía que recuperar las costumbres, practicar el hassania y convivir con la familia biológica. En Abril de 2015 fue cuando se escuchó su grito de auxilio para regresar a España, nada menos que dieciséis meses después de ser retenida, fue entonces cuando se perdió la relación con la familia biológica, ya que dejaron de responder a las llamadas de la de acogida.

La mayoría de estos casos siguen sin resolverse, y suponemos que habrá muchos más que el miedo a denunciar públicamente no habrá dejado salir a la luz, ya que muchos padres de acogida temen que en ese caso, como represalia, no lleguen a ver nunca más a las jóvenes. Y en todos ellos nos encontramos con un denominador común, son jóvenes y son saharauis, pero también son mujeres, y cuando estas son mayores de edad su libertad y su derecho a decidir su futuro debe de ser respetado. Es hipócrita hablar de libertad y democracia para el pueblo saharaui cuando se retiene y casi secuestra a las mujeres por el mero hecho de querer vivir su vida en la cultura que las ha abrazado durante años, o lo que es peor, por el mero hecho de serlo. Y es que ¿Por qué no les pasa esto a los varones que han participado en este programa? Cualquier actitud que redunde en este sentido implica una flagrante violación, tanto de los derechos de la mujer, como de los derechos humanos, y estas actitudes obligan a revisar la cooperación española saharaui en todos los sentidos –especialmente el relacionado con ayudas y subvenciones económicas a la RASD- hasta que esta situación no cambie y existan protocolos de actuación para situaciones tan injustas como estas.

Es un contrasentido que el pasado año, en las conclusiones de la 39ª Eucoco (Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad al Pueblo Saharaui), patrocinada por asociaciones y grupos activistas afines al Frente Polisario –que asimismo controla a la población saharaui exiliada en el desierto de Tinduf-, se hablase entre otras cosas de “movimientos de solidaridad, estrategias de concienciación para la lucha contra distintos tipos de discriminación que se presentan con especial incidencia en la juventud: sexismo, racismo y otros ámbitos sociales”, así como –y aquí viene la paradoja- “favorecer las políticas de género”. Igualmente se mencionó que el programa “vacaciones en paz es un programa de solidaridad que no debe entenderse fuera del compromiso político”.

Se ha tratado el programa ‘Vacaciones en Paz’ en estas conferencias, apostando incluso por un aumento de menores en dicho proyecto, pero ¿que se ha hecho con las jóvenes que comenzaron su participación en este programa y que al cabo de los años han sido privadas de su libertad y sin poder salir de Tinduf? Es evidente el carácter demagógico de estas reuniones como la Eucoco, que no se corresponden en nada con las actitudes que viene siguiendo el Polisario ni con las observadas con posterioridad, máxime conociendo la imposibilidad o falta de predisposición para llevarlas a cabo por su parte.

Pero es especialmente sangrante que se hable de sexismo y políticas de género, asociándolas al programa ‘Vacaciones en paz’, cuando estamos presenciando un auténtico drama familiar, tamizado de contraste cultural, relacionado precisamente con la discriminación de un género, el femenino, y disfrazado bajo el paraguas humanitario de un programa de intercambio infantil-juvenil. Un drama este estimulado precisamente en sus orígenes por aquellos, el Polisario, que dicen ahora impulsar dichas políticas de género, pero por el que muestran una permanente inacción, connivencia y consentimiento implícito cuando de resolver alguno de los problemas anteriormente expuestos se trata.

Puede que algunos puedan esgrimir el clásico motivo de que “esto no pasaría si el problema de origen no existiera, y si no existieran los campos de refugiados”. Pero bien podríamos refutar que esto tampoco pasaría si el Polisario no se enrocase en una política interesada e inefectiva que se prolonga durante décadas, enfocada a eternizar el problema -sin buscar una solución alternativa al mismo- para que su perenne y poco democrático liderazgo mantenga las prebendas y prerrogativas que le otorga la comunidad internacional. Todo ello en base a la utilización torticera del discurso humanitario, para el consiguiente mantenimiento de una vida paralela, la de su cúpula de poder, carente de incomodidades, bien distinta a la que el grueso del pueblo saharaui que vive en Tinduf padece.

Pero finalmente también podríamos añadir que detrás de esto subyace un auténtico problema de desigualdad de género, asociado a una imagen y papel muy determinado que debe cumplir la mujer conforme a una determinada cultura, y por el que se están mutilando las vidas y esperanzas de familias enteras, de un lado y del otro del mediterráneo. Obviamente esa dualidad viene dada por una equivocada concepción y conducción del programa ‘vacaciones en paz’, que no prevé estas situaciones antes de que se produzcan, y que no trata por igual a hombres y mujeres cuando ya se han producido, especialmente cuando estas atraviesan la pubertad, recluyéndolas y conminándolas a un futuro tan desolador como el desierto en el que son cautivas. Y no es de recibo que los sujetos que han fomentado y utilizado para fines políticos a estas jóvenes, abandonen a su suerte a las mismas, y miren para otro lado cada vez que los sueños de una mujer saharaui cruzan el desierto sin el rumbo de saber si van a toparse de nuevo con esa tormenta de arena que no les permita ser dueñas de su futuro. Mientras tanto la lista de sueños rotos sigue creciendo. Ellas tienen el derecho a ser libres de elegir su vida, y ningún padre o interés político puede arrebatarles eso. Pero mientras tanto que pase el siguiente…o en este caso, desgraciadamente, la siguiente.

 

 

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Ignacio Ortiz Palacio

Vicepresidente del Fórum Canario Saharaui y Politólogo.

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