La (posible) reforma electoral asturiana: la mejora de la proporcionalidad

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RAMÓN MATEO | La reforma de la ley electoral ha vuelto a hacer su aparición en el panorama político de Asturias. Ya en la pasada Legislatura, se acordó un dictamen para su reforma entre el Partido Socialista, Izquierda Unida y UPyD. Sin embargo, después de que el PSOE votase en contra del mismo, la reforma entró en un punto muerto. Ahora, aquel dictamen ha vuelto a recuperarse, primero, de la mano de Izquierda Unida, que incluyó el compromiso de reformar la ley electoral entre los puntos de su acuerdo de investidura con el PSOE, y seguidamente, de Ciudadanos, que impulsó la constitución de un grupo de trabajo entre los partidos de la Junta General para tratar de consensuar el contenido de la reforma.

Son varias las modificaciones de calado que se incluyen en el dictamen que ahora se debate: mejorar la proporcionalidad (que cada voto valga lo mismo), corregir el ‘voto estratégico’ (que todos los votos cuenten), desbloquear las listas electorales, y facilitar el ejercicio del voto. En esta entrada me centraré, en concreto, en las propuestas que se han planteado para mejorar la proporcionalidad y corregir el ‘voto estratégico’.

La proporcionalidad del sistema electoral asturiano se ve reducida, fundamentalmente, por la división del territorio electoral en tres circunscripciones. Uno de las razones por las que las circunscripciones distorsionan la proporcionalidad [1] se debe a que los votos emitidos a partidos que no consiguen escaños “se pierden”. Este hecho perjudica a los partidos minoritarios o que tienen más disperso el voto.

Vaya por delante que la manera más sencilla de mejorar la proporcionalidad consistiría en el establecimiento de una única circunscripción que abarcase todo el territorio de Asturias. Esta era la postura inicialmente defendida en la pasada Legislatura por UPyD e Izquierda Unida. No obstante, dada la oposición frente a esta medida por parte del Partido Socialista, el Partido Popular y Foro Asturias, los partidos que abogaban por la reforma finalmente acordaron en el dictamen un método alternativo que permite mejorar la proporcionalidad del voto manteniendo las tres circunscripciones. En la presente Legislatura, el establecimiento de una circunscripción única fue también defendida por Ciudadanos, Podemos e Izquierda Unida, pero de nuevo la necesidad de alcanzar un consenso ante la oposición del PSOE llevó a estos tres partidos a “aparcar” esta pretensión y aceptar el método alternativo propuesto en el dictamen.

¿En qué consiste este método alternativo? En esencia, se modifica el sistema de asignación de escaños, de manera que sólo 35 de ellos se distribuirían entre las tres circunscripciones, asignándose los 10 restantes a partir de los valores de una “bolsa de restos”. Ahora bien, lo más importante, ¿consigue realmente mejorar la proporcionalidad? A continuación trataré de responder a esta cuestión con más detalle recurriendo a un ejemplo.

Supongamos que tenemos tres circunscripciones (X, Y, Z), que reparten cada una tres escaños, y tres partidos (A, B y C). El partido A obtiene 3.600 votos en la circunscripción X, 3.000 en la Y, y 3.300 en la Z. El partido B obtiene 2.100 votos en la X, 4.500 en la Y, y 2.610 en la Z. El partido C obtiene 1.650 en la X, 2.100 en la Y, y 1.500 en la Z. El reparto de los escaños según el sistema D’Hont se muestra en la siguiente tabla:

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El resultado es que el partido A obtendría 5 escaños; el partido B, 4 escaños; y el partido C, ninguno. El partido C, siendo minoritario, en este caso sale claramente perjudicado por la dispersión de su voto.

Como alternativa, vamos a aplicar el método de la “bolsa de restos”. Supongamos otra vez que hay 9 escaños en juego, pero ahora que cada circunscripción sólo reparte dos escaños, seis en total (los tres restantes se repartirán después a partir de la “bolsa de restos”). El resultado de este primer reparto sería el siguiente:

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El partido A obtiene en total 3 escaños, y el partido B, 3 escaños. Ahora para calcular los valores de la “bolsa de restos”, habría que sumar los cocientes o restos mayores de cada partido que no han obtenido escaño en el cálculo del primer reparto (que se corresponden con las cifras subrayadas para cada candidatura en cada circunscripción). Así, por ejemplo, el resto mayor sin escaño del partido A en la circunscripción X es 1.800, y el resto mayor del partido C en la circunscripción Z es 1.500.

Si se suman todos estos valores para cada partido, y después se procede al reparto de los tres escaños restantes siguiendo nuevamente el sistema D’Hont, el resultado es el siguiente:

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Con lo que en esta ocasión el partido A obtendría 4 escaños; el partido B, 4 escaños; y el partido C, 1 escaño. El partido C, mediante este método, ahora sí obtendría representación.

Puede comprobarse además que el reparto mediante este método es más proporcional, comparando su resultado con el que se obtendría en el caso de que existiese una circunscripción única, como se muestra en la siguiente tabla:

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En este caso, como puede verse, el resultado sería que el partido A obtendría 4 escaños; el partido B, 3 escaños; y el partido C, 2 escaños. El resultado del método de la “bolsa de restos”, sin ser perfecto, en este caso se aproxima al proporcional. El resultado se aproximaría cada vez más cuanto más igualado fuese el número de votos entre los tres partidos. De forma que efectivamente puede concluirse que la propuesta planteada mejoraría la proporcionalidad del sistema electoral asturiano pese a mantener inalteradas las tres circunscripciones, que es a fin de cuentas el objetivo final que persiguen los partidos que abogan por la reforma del sistema electoral asturiano.

Igualmente, este método permite corregir el efecto delvoto estratégico(o ‘voto útil), que se produce cuando los electores votan a un partido distinto a su preferido cuando creen que éste no alcanzará representación en su circunscripción. Esto se consigue porque al sumar todos los restos sin escaño asignado de cada circunscripción, en realidad, todos los votos emitidos pasan a ser relevantes, puesto que si no sirven para que el partido en cuestión obtenga un escaño en la circunscripción en la que se emiten, sí servirían para aumentar las probabilidades de que lo hiciese en el segundo reparto mediante la “bolsa de restos”. Por tanto, cada voto contaría, cumpliendo así otro de los objetivos de la reforma.

Este efecto probablemente sea el más importante de la reforma, porque resulta relativamente sencillo calcular cuál habría sido el resultado de cada partido si la proporcionalidad mejorase, pero resulta muy difícil aventurar cuántos votos pierde cada partido cuando los electores deciden no votarlos al creer que hacerlo implica ‘tirar el voto’.

Por otro lado, otro de los motivos que contribuyen a distorsionar la proporcionalidad del resultado se produce al asignar un “mínimo inicial” de escaños a cada circunscripción con independencia de su población, lo que nuevamente perjudica a los partidos que tienen un voto disperso. A este respecto, la reforma plantea una corrección de la distribución de escaños entre las tres circunscripciones, que suprimiría el mínimo inicial de dos escaños por circunscripción y los distribuiría únicamente en función de la población.

En la actualidad, la circunscripción central reparte 35 escaños, la occidental 6 escaños y la oriental 5 escaños, 45 en total. Con la eliminación del mínimo inicial de escaños, en combinación con la aplicación del método de la “bolsa de restos”, la circunscripción central pasaría a repartir 29 escaños, la occidental 4 escaños y la oriental 2 escaños, mientras que los 10 restantes se repartirían a partir de los valores de la “bolsa de restos”, como hemos visto en el ejemplo anterior. De este modo, el número de escaños en cada circunscripción pasaría a corresponderse con el peso relativo de la población de cada una de ellas, contribuyendo también con ello a mejorar la proporcionalidad del sistema electoral.

Una vez expuesto el método que, de aprobarse, introduciría la reforma electoral asturiana, cabe preguntarse: ¿Cuál sería su efecto en la práctica? E incluso, aún cuando fuese por mera curiosidad, ¿hubiera alterado de forma significativa el resultado de las últimas elecciones? En próximas entradas, trataré de responder a ambas cuestiones.

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[1] Las circunscripciones sólo distorsionan la proporcionalidad de manera significativa cuando el número de escaños a repartir es reducido (en general, a partir de ocho escaños el resultado se aproxima al proporcional). En el caso de Asturias, únicamente la circunscripción central cumple esta premisa.

 

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Ramón Mateo (Ciudad Real, 1989), es Licenciado en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid, y Máster en Economía por la Universidad de Oviedo. Sus intereses se centran en la economía y la política, fundamentalmente asturianas, así como por el estudio de las formaciones y movimientos políticos emergentes.

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