¿Puede acabar el PP como la UCD?

FERNANDO YÉCORA | En los últimos días se ha escuchado en diversas tertulias de televisión que el PP puede acabar como la extinta UCD. El PP no pasa por su mejor momento después de su denominada “semana negra”, con discrepancias internas, críticas públicas entre dirigentes y dimisiones de algunas personalidades del partido. En este artículo enumeraré las causas del hundimiento de la UCD y compararé su situación con el PP actual, con lo que veremos si es cierta la afirmación que hacen algunos de que este partido acabará como la UCD.

En la última semana hemos visto disidencias y acusaciones internas en el PP. El ministro Montoro afirmó que hay compañeros suyos que se avergüenzan de ser del PP, además de criticar a personas tan importantes como Aznar y Margallo, críticas que enseguida se minimizaron desde Génova. Poco después, la diputada Cayetana Álvarez de Toledo escribió una carta en El Mundo (ver aquí) en la cual escribía que le había comunicado al presidente su deseo de no volver a estar en la candidatura del Partido Popular. Por último, la presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga presentaba su dimisión tras no prosperar su propuesta de crear una ponencia de “Libertad y conveniencia” que incluyera a Bildu. A parte de lo ocurrido la semana pasada y de las discrepancias internas, también se aduce a la gestión de la crisis, la corrupción y la poca regeneración democrática por parte del Partido Popular para afirmar que este partido acabará como la UCD.

Existen ciertos elementos que si son similares entre la UCD y el PP. Por ejemplo, el PP es el principal partido del centro-derecha y representa al mismo sector ideológico que UCD, si bien este partido representaba de forma más amplia al electorado centrista. Los dos partidos han gobernado en una época de crisis económica, lo que en parte les ha costado tener unas valoraciones muy negativas por parte de la ciudadanía. En el PP actual también existen diferencias internas, como también le sucedió a la UCD. Estos hechos hacen posible la similitud entre los dos partidos, con el añadido de que al PP le afectan casos de corrupción y que en tiempos donde la ciudadanía pide cambios, el PP es el partido que más le ha costado (y le cuesta) realizar cambios en la política comunicativa o en la renovación de sus dirigentes. Además, existe un nuevo partido, Ciudadanos, que está en alza desde las elecciones catalanas y que amenaza con arrebatar un electorado considerable al PP. Todo esto hace que sea plausible afirmar que el PP acabará como la UCD. Sin embargo, existen diferencias entre los dos partidos para creer que tal pronóstico no se cumplirá.

El principal problema que tuvo la UCD es que nunca fue un partido unificado, sino que eran diversos partidos que se unieron en una coalición bajo el liderazgo de Adolfo Suárez, al cual necesitaban para ganar las elecciones. La tarea de liderar la transición dejó en un segundo plano crear un partido unificado y cuando se aprobó la Constitución, las diferencias internas salieron a la luz y cada sector de UCD (socialdemócrata, liberal y demócrata-cristiano) actuaba de forma independiente. En otras palabras, el partido no se había institucionalizado y los líderes no se identificaban con el partido. Además, los líderes de la UCD tenían incentivos para irse a otros partidos que cumplieran sus preferencias. La falta de institucionalización y las posibilidades de “salida” del partido fueron las dos causas que produjeron la caída de la UCD.

Respecto a la falta de institucionalización, según Huntington, el nivel de institucionalización de un partido se refleja en el grado en el que los activistas políticos y quienes buscan poder se identifican con el partido y el grado en el que simplemente ven al partido como un medio para otros fines. Las instituciones políticas actúan como un freno de las conductas individualistas y egoístas mediante la articulación de los intereses y las necesidades comunes. Es este tipo de intereses común el que anima a los actores políticos a sacrificar la ventaja privada a corto plazo por la buena salud a largo plazo del partido institucionalizado. La identificación con el partido es clave (Gunther, Linz & Montero, 2007). El partido debe de pasar una fase de institucionalización la cual consiste en la consolidación de la organización, el paso de una fase de fluidez estructural inicial, cuando la neo-nata organización se halla aún en construcción, a una fase en que al estabilizarse, desarrolla intereses estables en la propia supervivencia y lealtades organizativas igualmente estables (Panebianco, 1988).

Respecto a las posibilidades de salida del partido, siguiendo la teoría de Hirschman (1977) “Salida, voz y lealtad”, si existe una posible salida, uno cuenta con mayor grado de autonomía, aunque si esta salida no existe, seguramente permanecerá en la organización, aunque ésta le cree frustraciones. La no existencia de salida debería hacer más probable que un participante insatisfecho negocie con el partido. Si no se tiene un nivel mínimo de voz, lo normal es que el individuo abandone (Gunther, Linz & Montero, 2007). Lo que sucedió en UCD es que ninguno de los sectores estaba de acuerdo con las políticas que se realizaron y consideraron que no tenían “voz” dentro del partido. Esto provocó la salida de muchos dirigentes a otros partidos, ya que en ese momento la salida era una opción viable.

A mi juicio, estos dos elementos (falta de institucionalización y posibilidades de salida) son los que diferencian a UCD y PP. El Partido Popular es un partido institucionalizado, ya que ha hecho diversos cambios a lo largo de su historia, como la renovación de líderes en su momento (Fraga por Aznar) o cambios ideológicos para beneficiar al partido y conseguir mejores resultados. Todos los cambios internos que realiza el PP en la actualidad son para que el partido goce de “buena salud”, ya que la supervivencia del partido, es la supervivencia de sus líderes. Respecto a las posibilidades de “salida”, el único partido al que podrían irse sus dirigentes es Ciudadanos, si bien esto ahora mismo no es muy viable porque este partido ya se ha estructurado y ya ha conformado su propia elite, si bien es cierto que es de nueva creación y que esta estructura todavía no se ha consolidado. Además, las posibilidades de “salida” de crear otro partido de derechas al margen del PP tampoco es viable, y la mejor prueba es el fracaso que ha tenido VOX. A esto hay que sumarle la lealtad que tienen hacia el PP los individuos que se sitúan en el centro-derecha (6- 10 de la escala), que según el barómetro de julio de 2015 del CIS, estos individuos indican una mayor probabilidad a votar al PP que a Ciudadanos.

En definitiva, a causa de las dos diferencias que he nombrado (falta de institucionalización y posibilidades de salida), es difícil que el PP acabe como la UCD. Sí que es cierto que hay características similares, como que representa el centro-derecha, un espectro muy amplio que puede llevar a discrepancias internas, pero el PP es un partido unificado y la UCD nunca actuó como un solo partido, sino que cada uno de los partidos que la formaban actuaba de forma independiente sin preocuparse del partido en conjunto, ya que tenían posibilidades de irse a otras formaciones en las cuales tuvieran más “voz” y representaran mejor sus intereses. Actualmente los dirigentes del PP solo tienen una salida: Ciudadanos, aunque no está claro que en esta formación tengan más influencia que la que tienen en el Partido Popular, de manera que la “salida” es una opción con muchos riesgos y que seguramente opten por la “lealtad”.

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Fernando Yécora

Fernando Yécora Santiago (Barcelona, 1991). Es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Barcelona y Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional de la misma universidad. Interesado en el análisis político, los campos en los que se ha especializado son el comportamiento electoral y los partidos políticos.

2 comentarios sobre “¿Puede acabar el PP como la UCD?

  • el 6 Noviembre, 2015 a las 2:11 am
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    Ciertamente, creo que si existe esa posibilidad pasa porque Ciudadanos sea segunda fuerza política el 20 de diciembre, y el PSOE haga a Rivera Presidente del Gobierno. A partir de ahí, el PP se podría hundir y Ciudadanos captar gran parte del voto de la derecha.

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    • el 6 Noviembre, 2015 a las 3:50 pm
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      Es una opción, aunque el electorado de derechas del PP es bastante fiel a este partido y tendría que suceder una “hecatombe” para que estos votantes lo abandonen.

      Respuesta

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