Sobre kantianos y supererogación

JOSÉ MANUEL GRAGERA | El pasado viernes 27 de noviembre pudimos asistir, dentro de la actualidad política, a otro debate más protagonizado por los, ya sobradamente conocidos, candidatos a la presidencia del gobierno Albert Rivera y Pablo Iglesias. Más allá del propio debate, uno de los momentos anecdóticos que surgieron fue aquella pregunta en la que Kant, por primera vez en la sociedad española, cobró una trascendencia inaudita. Los hechos imperan, qué duda cabe, y lo que sucedió fue un patinazo por ambas partes. Donde uno –Iglesias – quería hacer ver que “medio domina” al autor; el otro, tuvo casi que rezar para que no le formulasen esa dichosa pregunta de qué título del de Königsberg recomendaría. Ahora bien, mi pregunta y propuesta en este artículo es: ¿cuál es ese problema de tamaña envergadura?

Resulta que, donde antes la filosofía no jugaba ningún papel trascendental en la sociedad, ahora, se torna imprescindible y clamamos al cielo como si de una catástrofe de dimensiones bíblicas se avecinase por el hecho de que no se hable con propiedad y exactitud de uno de los grandes referentes de la historia del pensamiento. La hipocresía y la demagogia juegan un papel cada vez más palpable y jugoso para aquellos que, en su ignorancia, en su estar desprovistos de ideas, de historia y de biblioteca, en general, aguardan al más mínimo despiste no sólo para poner la zancadilla, sino para regodearse y llenarse el ánimo de ingente mediocridad.

Ríos de tinta han corrido por periódicos, medios de comunicación y redes sociales sobre lo “vergonzante” del desconocimiento de nuestro “querido” y “superlativamente admirado” Kant, por parte de Iglesias y Rivera. Pero lo cierto es que ninguno anduvo tan alejado como tantos “ilustres” estudiosos y especialistas en Kant intentan hacer ver. Lo fascinante que alberga la historia del pensamiento es que pueden verse los argumentos, ideas, y constructos teóricos una y otra vez rescatados, remodelados, nuevamente vislumbrados y aplicados en distintas etapas del devenir histórico. En este sentido, más que el autor, es importante su legado –y no sus obras en sí – y la trascendencia que sus conceptualizaciones e ideas tienen. Y ahí, donde han de verse los ecos teóricos de los grandes pensadores, ambos, dentro de sus errores, acertaron. Iglesias, quien procede del mundo de las Ciencias Políticas, supo ver la importancia de Kant en la teoría de la moralidad; importancia tal que, sin ir más lejos, es considerado como uno de los padres de lo que posteriormente llamaríamos Derechos Humanos. Rivera, que por su parte llega desde el ámbito del Derecho, reconoce la influencia del filósofo prusiano en el pensamiento político y jurídico apelando, por ejemplo, a John Rawls quien –y ahora me dirijo a todos esos kantianos de cuna – es uno de los padres del liberalismo político y hace descansar el fundamento de dicha teoría en –casualidades del destino – la noción del deber kantiano.

Es cierto que el error es de bulto en ambos, pero no es menos cierto que ninguno de los dos es filósofo. Es totalmente plausible haber estudiado –dejemos aparte a los especialistas – a un filósofo, sociólogo, economista, etc., sin haber acudido nunca a una obra concreta, sino hacerlo mediante los fantásticos analistas que existen a lo largo y ancho del mundo y de la historia. Más aún, es posible estudiar y ver la gran referencia que supone un filósofo como Kant, acudiendo simplemente a fragmentos de textos suyos en relación con otras obras o textos de otros autores. Así, puede uno leer estudios sobre la moral en la Antigua Grecia sin acudir a Aristóteles o Platón, sino acudiendo a la brillante Martha Nussbaum, filósofa estadounidense, y su La fragilidad del bien.

De modo, lo que verdaderamente es digno de crítica y reflexión –ya que hablamos de filosofía– es envalentonarnos a criticar y llenarnos el estómago de conocimientos que decimos poseer pero de los que carecemos completamente. Creemos poder exigir a un político (algo nada desdeñable) que sea especialista en Kant, Max Weber, Adam Smith o Herbert Hart –todos incluidos– cuando nosotros ni los nombramos, ni los rescatamos en nuestros medios de comunicación, en nuestros programas de análisis políticos o económicos, ya sea para reafirmar o refutar los argumentos y discursos del panorama político y social o para mostrar las coherencias e inconsistencias de tales. Si tanta importancia queremos darle a la filosofía y tan horrible nos parece no dominarla con precisión, quizá deberíamos empezar a invitar a filósofos renombrados –que los hay; y muchos– a los medios. Seguramente, así, tendríamos una vertiente más sobre la que navegar y un cartucho más para cuando nos toque estar en la trinchera.

The following two tabs change content below.

José Manuel Gragera

José Manuel Gragera Junco (Badajoz, 1992). Finalizando mis estudios del Grado en Filosofía en la Universidad de Málaga. En lo académico, encuentro especial interés en asuntos relevantes para disciplinas que van desde la Filosofía Moral a la Filosofía del Derecho, pasando por otras como Filosofía Política, Filosofía de la Acción o Filosofía Social. Además, encuentro de gran interés temáticas concernientes a la Economía. En algunos aspectos, gran admirador del pensamiento aristotélico. Inquieto, curioso, observador y defensor de ampliar nuestra percepción de lo real.

Latest posts by José Manuel Gragera (see all)

Un comentario sobre “Sobre kantianos y supererogación

  • el 1 Diciembre, 2015 a las 6:20 am
    Permalink

    Lo ridículo del asunto no fue que no lo supiesen, sino el postureo que Rivera hizo diciendo “es para mi un referente” y acto seguido decir que no ha leído nada.

    Respuesta

Deja un comentario

¿Te gusta Debate21?

Queremos explicar la realidad de un modo distinto.

¿Nos sigues?