Ideología vs. mentalidad ideologizada

ANNA-CLARA MARTÍNEZ | Cada vez de forma más frecuente utilizamos la palabra ‘ideología’, asociándola a los individuos, a los partidos políticos… Pero, ¿sabemos a qué aludimos cuando empleamos dicho vocablo? ¿Conocemos cuáles son los límites que presentan sus acepciones? Conviene tener presente el debate existente en torno a la definición de ‘ideología’. Veámoslo.

Denominamos ‘ideología’ a una determinada articulación de un conjunto de ideas fuerza que conllevan una lógica de argumentación concreta y específica, además de un método de actuación político determinado.

Aún así, es latente la confusión que existe en torno al término ‘ideología’. Ya autores clásicos como Karl Marx otorgaban diversas acepciones a dicho vocablo. Una buena forma para intentar caracterizar y esclarecer qué designa el término ‘ideología’ se basa en la desmembración del propio vocablo en sus distintas acepciones tales como: cosmovisión, doctrina o ideario político, ideología y mentalidad ideologizada, correspondiendo esta última acepción a las consecuencias negativas del empleo demagógico de la ideología. De este modo, podremos discernir, principalmente, entre aquello a lo que llamamos ‘ideología’ y lo que llamamos ‘mentalidad ideologizada’.

En el marco de la sociedad actual, tanto los grupos sociales como los individuos, se hallen o no en contacto con los poderes políticos, son usuarios de las denominadas ideologías. De este modo, cabría esperar que la ideología desempeñase una función de apoyo, es decir, conseguir que un programa de acción social determinado fuese juzgado como legítimo y digno de apoyo.

Autores como A. Oliet, expresan que el concepto de ideología se halla en conexión directa con la economía, y, por ende, actúa sobre todo en situaciones de crisis. Cuando estas ideologías operan, tratan de polemizar y convencer y movilizar a la opinión pública, de forma homogénea, unificando actitudes y criterios. Por consiguiente, el sujeto adherente a la ideología experimentará un comportamiento tendente a reafirmar todo aquello acorde con sus convicciones y menospreciará todo lo que se oponga a las mismas. Este tipo de comportamiento ha recibido la denominación de ‘disonancia cognitiva’.

No obstante, el distinto nivel de opacidad y acriticismo doctrinario y pasional que la ideología pueda producir en los individuos determinará si nos hallamos frente una mera ideología o frente una mentalidad ideologizada, es decir, ante una lógica de reflexión inevitablemente distorsionadora de la realidad cuyo objeto es anular la capacidad crítica. Ello conduce a que el usuario de la ideología que sólo discurre mediante la manipulación, utilizando falsedades o naturalizando su discurso, entre otros, sea tildado de fanático o de mente cerrada, en palabras de Sartori, y lleve a cabo una transformación de la ideología inicial en mentalidad ideologizada, utilizando, en la gran mayoría de los casos, la ‘ciencia’ como base de sus convicciones y/o creencias.

A grandes rasgos, dos elementos claves caracterizan la mentalidad ideologizada: la universalización y la satanización. El primero hace referencia al planteamiento y desarrollo de intereses tanto particulares como generales. Y, por su parte, el segundo se relaciona con la delimitación del enemigo ideológico y su posterior descalificación total en relación a sus ideas y convicciones defendidas.

A modo de conclusión, podemos afirmar que las sociedades humanas requieren de las ideologías como instrumentos para integrar a los individuos en un sistema de valores (en tanto que mapa conceptual político), orientarles en la acción política (cohesión) y reconfortarles psicológicamente. Ahora bien, cuando estas ideologías tienen como objetivo primordial la manipulación demagógica, pasan a convertirse en mentalidad ideologizada, dejando de actuar como meras ideologías. Y, es en este momento, cuando la sociedad, en la mayoría de los casos, tiende a rechazar y criticar su uso.

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Anna-Clara Martínez Fernández

Licenciada en Derecho (Universidad Pompeu Fabra), licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, Máster en Abogacía (Universidad de Barcelona) y Máster en Política y Democracia (UNED). Actualmente, trabajando de abogada especializada en derecho administrativo y colaborando en distintas publicaciones. Tiene especial interés por los temas de comportamiento electoral y de educación.

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