Hegemonía lingüística

ANDRÉS FERNÁNDEZ | Les voy a intentar vender un argumento: Ayer un compañero de clase vino cabizbajo y con un nihilismo sobre los hombros que me invitó a preguntarle el porqué de su actitud. Me dijo que, después de más de 5 años de relación con su pareja, esta le había dejado de un día para otro y sin dar ninguna explicación. Además, indignado, me gritó: ¡Con todo lo que he invertido en esta relación! Al cabo de unos días he vuelto a reencontrarme con este compañero, ya más estable emocionalmente, y hemos conversado y reflexionado sobre su nueva condición de soltero. Durante estos meses sin novia, me decía, ha tenido la necesidad de hacer algo productivo con su vida para intentar tapar un vacío personal que no le dejaba seguir. Gracias, según él, a no estar hipotecado de ninguna manera a su relación de pareja anterior, ha podido mejorar sus condiciones laborales y ha encontrado en el mercado de trabajo un puesto de comercial en una gran empresa de Barcelona. ‘Haciendo números, no me salía rentable el convivir con mi anterior pareja’ me llegó a decir.

Esta historia contiene en su seno una aglomeración de expresiones de carácter económico que, puestas en tan poco texto llaman la atención, pero comúnmente la sociedad las utiliza en su día a día y las tiene integradas en su vocabulario habitual de manera automática. Hemos llegado a un punto en que hemos habituado nuestra manera de relacionarnos socialmente a una mera emulación de relaciones económicas. Sobre la influencia del lenguaje en la vida cotidiana existe un relevante estudio del académico norteamericano George Lakoff, el cual argumenta que la creación de unos ‘frames’ mentales (o marcos conceptuales) determina la manera de hablar de la sociedad y el dominio hegemónico de una determinada ideología. Estos ‘frames’ Lakof los define como ‘’estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo; todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales’’. Así, se podría entender cómo el sistema económico neoliberal ejerce una hegemonía, además de económica, cultural, en la que expresiones que podríamos encontrar en un manual de economía de cualquier facultad universitaria, las utilizamos diariamente para interrelacionarnos entre nosotros.

Expresiones como ‘vender un argumento’ y ‘mercado de trabajo’ denotan cómo el mundo económico neoliberal tienen bajo su dominio expresiones lingüísticas. Después de décadas de lucha obrera y sindical para la no materialización e individualización del hombre para que, hoy día, la expresión para hacer referencia a las relaciones laborales sea ‘mercado de trabajo’, dejando entrever que las personas no son más que meras mercancías en las que su destino depende de las manos de quien tenga más capital para adquirirlas. Y, de hecho, esta tesis es sostenida por el máximo representante de la corriente ‘Análisis crítico del discurso’, Norman Fairclough , el cual ”ha desarrollado un programa de investigación sobre el lenguaje en el nuevo capitalismo, buscando explorar las transformaciones discursivas características del nuevo orden socioeconómico. Algunas de estas tendencias de cambio son las siguientes: i) la colonización por parte del discurso empresarial y publicitario de diversos dominios sociales (universidades, hospitales, vida cotidiana) hasta hace poco relativamente autónomos de los principios, la lógica y los usos del lenguaje propios del mercado”.

Por último y para cerrar este triángulo de referencias académicas para contrastar esta tesis de análisis económico del lenguaje, cabe hacer referencia al profesor de Sociología James Petras de la Universidad de Binghamton, Nueva York, el cual sostiene que ”El lenguaje, los conceptos y los eufemismos son importantes armas en la lucha de clases, diseñados por los de arriba, economistas y periodistas capitalistas, para así maximizar la riqueza y el poder del capital. En la medida que los críticos de izquierda adopten estos eufemismos y su marco de referencia, sus propias críticas y alternativas están limitadas por la retórica del capital”. Bajo esta contundente afirmación se esconden tanto las tesis de Lakoff, como las de Fairclough anteriormente citadas, y es que la tesis principal de Petras es que el sistema capitalista utiliza con frecuencia eufemismos para paliar los efectos de sus políticas públicas aplicadas. Para él, el eufemismo de referencia es ‘mercado’, ya que mediante expresiones tales como ‘el mercado requiere de ajustes salariales’, se disocia tanto de las elites gobernantes dentro del sistema neoliberal, como del propio sistema, las consecuencias negativas para la gran mayoría de población que supone la aplicación de políticas restrictivas con los derechos económicos y sociales de las clases más desfavorecidas.

Por tanto, la conclusión después de todo esto es que, aparte de tener presente cómo ejerce hegemonía ideológica el sistema sobre las relaciones interpersonales actuales, mi compañero en lugar de haber invertido en su pareja, debería haberla querido.

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Andrés Fernández

Andrés Fernández (L'Hospitalet de Llobregat). Soy politólogo por la Universidad de Barcelona (UB) y mis temas de interés son el comportamiento político y la opinión pública, y el estudio de las ideas políticas. Si el futuro me viene de cara, intentare cursar dos posgrados en dichos terrenos de la Ciencia Política. Como Innerarity creo en la política como herramienta social para transformar y eliminar las desigualdades, y sospecho de los que repiten la muletilla 'hechos, no palabras'.

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2 comentarios sobre “Hegemonía lingüística

  • el 6 marzo, 2016 a las 3:51 pm
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    Muy buena reflexión, el neoliberalismo gana la batalla en todos los campos y a diario..

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    • el 5 julio, 2016 a las 12:02 pm
      Permalink

      Gracias por comentar!

      Andrés Fernández,
      Twitter: @kiliogono

      Respuesta

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