¿Cuáles son las causas de la inflación?

CAROLINA GARCÍA HERVÁS | Los factores que inciden en el crecimiento de los precios son muy diversos y aunque son básicamente de carácter económico (fiscales, monetarios, desajustes oferta-demanda), también inciden otros de carácter institucional (grado de libertad económica, estabilidad política, etc.) y con origen exterior (p.ej. subida de los precios de materias primas cuya demanda por la economía nacional es muy inelástica, como ocurre con el petróleo).  Veamos a continuación cada uno de esos factores de forma breve: 

  1. Déficit público.Tiene lugar cuando el sector público gasta más de lo que ingresa, para cubrir dicha diferencia tiene dos opciones: i) emitir dinero, opción poco ortodoxa que se traduce en el incremento del efectivo en circulación (monetización del déficit); y ii) emitir deuda que es colocada mayoritariamente en mercados internacionales. En ambos casos, el resultado es un incremento de la oferta monetaria que genera una mayor demanda a través del mayor gasto en consumo final de las Administraciones Públicas. 
  2. Factores monetarios.Un incremento en la oferta monetaria (ya sea por emitir más dinero o por favorecer su creación) por encima de lo que demanda la sociedad se traduce en un incremento de la demanda. Mención especial merece el tipo de interés, ya que es una de las principales herramientas de que dispone una política monetaria expansiva, pues si se reduce incentiva a los agentes para que destinen su renta al consumo o inversión en detrimento del ahorro, lo que supondría de nuevo un incremento en la demanda. 
  3. Desajustes oferta-demanda.Acabamos de hacer referencia a factores fiscales y monetarios que pueden generar inflación a través del incremento de la demanda, pero éste en sí mismo no tiene por qué generar aquélla, ello depende de la flexibilidad de la oferta, es decir, de su capacidad para adaptarse con rapidez al incremento de la demanda. El problema es que la oferta no puede crecer al mismo ritmo que la demanda bien por el tiempo que se tarda en poner en marcha ampliaciones en la capacidad productiva, o por la existencia de un elevado grado de utilización de dicha capacidad que se traduce en un elevado coste de los factores productivos. En ocasiones, dicho desajuste es el resultado de una contracción en la oferta como consecuencia del incremento en los costes de producción y la consiguiente traslación del mismo a precios de mercado. En cualquiera de los casos mencionados la economía tiende a encontrar un nuevo punto de equilibrio en el que los precios son superiores respecto a la situación inicial. 

Además de los factores mencionados, la puesta en marcha de un proceso inflacionario o su agravamiento van a venir condicionados por un conjunto de mecanismos en los que la estabilidad institucional, la libertad económica y la apertura al exterior van ser fundamentales. Así, por ejemplo, si los agentes no confían en la labor estabilizadora de los precios por parte de las autoridades económicas (bien sea por motivos fiscales, monetarios o de regulación), tomarán decisiones sobre la base del supuesto de un incremento mayor al previsto oficialmente con lo que éste se verá finalmente superado. 

Una aplicación práctica de esto que estamos comentando se puede encontrar en los mecanismos de fijación salarial, si los trabajadores prevén un determinado incremento de los precios, exigirán en la negociación de sus convenios colectivos incrementos como mínimo en ese porcentaje para evitar la pérdida de poder adquisitivo. Si esa pretensión se consigue, los empresarios tenderán a trasladar dicho incremento de costes a precios con lo que se pondrá en marcha una peligrosa espiral precios-salarios-precios. En la medida en que el poder sindical en dicha negociación sea más fuerte, como ocurre en los países donde la negociación colectiva es centralizada, será más difícil que las empresas puedan sustraerse a dicha presión. Si además los acuerdos son plurianuales, pueden darse situaciones paradójicas como la que ocurrió en España tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, en donde a pesar de estar el sector sufriendo un duro ajuste, las empresas estaban obligadas a incrementos salariales negociados en un contexto de máximo crecimiento. 

Pero la decisión de trasladar incrementos de coste (ya sean laborales o de otro tipo) no siempre es una decisión potestativa del empresario, ello dependerá de dos factores: los incrementos de productividad en su empresa y el grado de competencia existente en el mercado. En la medida en que los trabajadores sean más productivos se podrá absorber el incremento en los costes unitarios con lo que no será necesario hacer dicha traslación, en caso contrario, al empresario no le quedará más remedio que llevarlos a precio de venta al público para mantener su margen de beneficio. 

Cuando la competencia es acusada y los precios vienen fijados por la competencia internacional, las empresas no pueden alejarse en exceso del nivel marcado por ésta pena de arriesgarse a una pérdida de cuota de mercado si dicho diferencial se mantiene a medio plazo. Ante esa tesitura, los gestores pueden optar por reducir el margen empresarial, sin embargo, si ello se prolonga en el tiempo puede desincentivar los procesos de inversión por falta de rentabilidad, lo que en última instancia puede poner en riesgo la propia supervivencia de la empresa. 

No todos los sectores son igual de sensibles al incremento en costes o a la competencia exterior, si la estructura productiva de un país está orientada hacia productos de demanda y contenido tecnológico medio o bajo, será más propenso a trasladar a precios cualquier alteración en su estructura de costes, dadas las dificultades para introducir innovaciones tecnológicas u organizativas que permitan mejoras en la productividad. En sentido contrario (moderando los precios) actuaría el que en un mercado tan globalizado como el actual haya muchos competidores para unos productos que requieren una tecnología asequible y que están en la fase de madurez de su ciclo de vida. En cambio, si los productos incorporan una alta tecnología, el precio pasará a un segundo plano dada la fuerte demanda de los mismos y, como no hay competidores (en un primer momento) al ofrecer un producto innovador, también se dispone del poder de mercado que da ser el único productor. No obstante, por sus propias características, demanda y destino exterior estos sectores no son causa de inflación, sino más bien todo lo contrario, dada su eficiencia, productividad y competitividad.

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Carolina García Hervás

Carolina García Hervás (Linares, Jaén, 1985). Jurista y mediadora. Actualmente cursa el Grado de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad de Burgos. Cuenta con experiencia laboral en países como Francia, Bélgica, Reino Unido y Estonia y ha participado en diversos programas europeos como la Beca Robert Schuman del Parlamento Europeo y el Servicio de Voluntariado Europeo. Actualmente dirige su propia Asociación sobre Derechos Humanos y redacta proyectos de cooperación internacional y desarrollo para diversas ONG's. Espera poder compartir con vosotros artículos de interés desde Debate 21.

Un comentario sobre “¿Cuáles son las causas de la inflación?

  • el 16 Abril, 2016 a las 4:33 pm
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    Enhorabuena por el artículo. Está muy bien explicado.

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