El nacionalismo asturiano: historia de un movimiento político frustrado

Introducción

Se suele definir el concepto de nación por una serie de elementos objetivos y subjetivos[1]. A partir de ellos, se suele construir una tipología basada en la dicotomía entre los conceptos de nación y de nacionalismo: el concepto francés y el concepto alemán[2]. Es decir, según esta tipología el mundo de las naciones en que vivimos se divide, de forma antagónica, entre naciones cívico‐políticas y naciones étnico‐culturales. Asimismo, se aprecian diferencias en sus respectivos nacionalismos.

En España, el nacionalismo es más comúnmente utilizado para describir los movimientos en favor de las regiones dentro del Estado, que de sentimiento hacia el conjunto de España, por lo general marcado por un centrismo o españolismo. Por su parte, el concepto de regionalismo en el contexto español, se utiliza para referirse a una parte moderada del nacionalismo subestatal que no busca la independencia del Estado como su objetivo final, pero sí alguna versión de autogobierno.

Aquí, voy a utilizar el nacionalismo como un término general, que también me va a servir para describir cualquier grupo asturiano que haya buscado o propugnado, con mayor o menor grado, la independencia o autonomía de España.

En 1974 apareció por primera vez en Asturias un movimiento regionalista con el surgimiento del grupo de renacimiento cultural, Conceyu Bable y la formación del partido opositor al régimen franquista, Democracia Socialista Asturiana. Coincidiendo con los últimos años del régimen de Francisco Franco, y cuando la edad y la enfermedad del dictador eran de conocimiento público, era en España creciente el debate sobre la futura dirección del país.

El movimiento asturianista buscó entonces crear un espacio político en la región y hacerse un nombre propio dentro del Estado español. En esta etapa, los objetivos a corto plazo de los asturianistas se limitaron claramente a ganar más control sobre el proceso de transición en Asturias (1974-1983), en lugar de ceder el papel protagonista en las negociaciones a Madrid. Promovían una mayor autonomía política y económica de Asturias, y se centraban principalmente en el restablecimiento de la lengua asturiana[3] como clave para forjar una identidad regional. El resurgimiento del sentimiento regionalista durante la Transición proporciona un interesante ejemplo de la compleja lucha entre diversos grupos que compiten por una hegemonía política y cultural durante un período determinado.

El nuevo orden constitucional o el llamado “Estado de las Autonomías” se estableció en la Constitución de 1978 y los Estatutos individuales de autonomía aprobados en el transcurso de los siguientes cinco años. Respondía a una estructura federal asimétrica, que preveía altos niveles de autogobierno para las “nacionalidades históricas” de Euskadi (País Vasco), Catalunya y Galicia, relegando a las otras catorce nuevas “comunidades autónomas” a un estatus secundario con escasez de fondos para el autogobierno en un primer momento. Se establecieron dos vías para cada caso, la “vía rápida autonomía” Artículo 151 diseñado para aplicar a las tres regiones que había concedido estatutos de autonomía bajo la Segunda República (o estado de pre-autonomía, en el caso de Galicia). Por el contrario, la “vía lenta” del artículo de 143 limitaba específicamente la cantidad de autogobierno a disposición del resto de las autonomías durante los primeros cinco años.

Después de los logros políticos de finales de la década de los setenta, la influencia del movimiento asturianista ha menguado. El establecimiento de un vehículo de mayor autogobierno en el Estatuto de Autonomía, la reorganización de la nueva Comunidad Autónoma y la restauración del nombre tradicional, el “Principado de Asturias” (en sustitución de la antigua Provincia de Oviedo)[4], la creación de una Academia de la Lengua Asturiana financiado por el Estado (la Academia de la Llingua Asturiana), la introducción de clases de asturiano para primaria y secundaria en los planes de estudio y la protección jurídica explícita para el idioma, eran todas ellas demandas regionalistas, por lo que estos avances resultan impensables sin la presión abierta y la participación política de los asturianistas. Sin embargo, a principios de 1980 el movimiento asturianista sufrió una fragmentación de algunos de los primeros grupos nacionalistas y regionalistas, y no fue hasta finales de la década cuando el impulso de la Transición se recuperó con el establecimiento de partidos representando a ambas capas, moderados y marxistas, y con el surgimiento de una nueva generación de jóvenes escritores, poetas y dramaturgos en lengua asturiana. Este período coincidió también con la presidencia del Gobierno regional de Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos[5], y culminó en la exitosa campaña electoral de 1991, cuando la Coalición Asturiana, unificó y ganó el acceso al parlamento regional por primera vez, junto a varias concejalías en diferentes municipios.

Aunque, esta coalición resultó ser de corta duración, fracturada poco después de las elecciones, el debilitamiento del poder político del Partido Socialista (PSOE), abrió una oportunidad para el resto de fuerzas políticas de la región. Posteriormente, la coalición Izquierda Unida se movió rápidamente para apoyar al movimiento asturianista, viéndolo como una forma de legitimar su propio proyecto político y suponiendo un intento de unificar de forma simbólica el discurso de la totalidad de la izquierda en Asturias. Así, a mediados de la década de los 90, los asturianistas se encontraron de repente en el centro de una amplia coalición popular, desafiando el control socialista sobre la política de la región y pidiendo una reforma importante del Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias, con mayor autogobierno y la autonomía cultural. Sin embargo, después de la reforma limitada del Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias, que incluyó una versión revisada del “Derecho de Uso y Promoción del Bable/Asturiano”, los socialistas fueron capaces de volver a reafirmar su poder en la región, y así el espacio político en el que surgió la coalición Asturianista de comienzos de la década de los noventa fue una vez más cerrado.

I. El nacionalismo asturiano en la transición política y en los años 80

El período entre la muerte del dictador y la consolidación del nuevo Estado de la Autonomías en la década de 1980 fue un período en el que el nacionalismo asturiano vio un rápido crecimiento de militancia, elevando su prominencia pública, siendo así capaz de insertar elementos de su agenda en los debates públicos sobre la naturaleza y estructura del nuevo Estado español. Esta influencia sobre la política regional de los militantes del Conceyu Bable, elementos del regionalista Partido Socialista Popular[6] (donde se había integrado Democracia Socialista Asturiana), el Movimiento Comunista d’Asturies[7] de extrema izquierda, y el partido nacionalista Conceyu Nacionalista Astur (CNA)[8], fue más significativo en el grado en el que los principales grupos políticos de la región intentaron presentarse con una perspectiva regionalista. Esto fue evidente en el relativamente rápido consenso entre la élite política, de que Asturias tendría que obtener un cierto grado de autonomía, aunque el grado en que se debía descentralizar el poder político estaba muy en cuestión.

Reivindicación de la enseñanza del asturiano/bable en las escuelas.
Reivindicación de la enseñanza del asturiano/bable en las escuelas.

El 14 de junio de 1976, Conceyu Bable[9] se constituyó formal y legalmente como asociación cultural. Los miembros del Conceyu Bable eran plenamente conscientes de que su proyecto era construir una nueva identidad asturiana. Uno sólo necesita mirar a los artículos publicados en Asturias Semanal[10] con nombres tales como “Hacer a un país” o “Nosotros estamos construyendo una región”, para darse cuenta de que eran totalmente conscientes de la naturaleza construida de esta identidad. Durante su etapa temprana, Conceyu Bable se había centrado casi exclusivamente en temas culturales (mitología, gramática, lingüística, poesía, literatura, y similares). La principal preocupación era entonces que la cultura asturiana (de ayer, de hoy y de mañana) obtuviera el reconocimiento social y la aceptación necesarias.

En 1977 Conceyu Bable sufre un giro radical, indicativo del cambio de clima político en Asturias durante el período entre la muerte de Franco y las primeras elecciones generales del 15 de junio de 1977. La radicalización de la postura política de Conceyu Bable era más evolutiva que revolucionaria, y muy acorde con las tendencias dentro de la izquierda española, con las excepciones de los prominentes partidos socialista y comunista. Fue en este momento que el primer partido nacionalista asturiano, el Conceyu Nacionalista Astur (CNA), surge a partir de un grupo de jóvenes miembros de Conceyu Bable. A finales del 1976, el partido comenzó a reclutar miembros dentro de un grupo de jóvenes militantes de Conceyu Bable. Pese a ello, nunca hubo ninguna conexión oficial entre la organización cultural y el partido político.

Al mismo tiempo, el Movimientu Comunista d’Asturies viró hacia una posición regionalista. A finales de 1976, el partido emitió un Manifiesto d’Autonomía, que mezclaba argumentos económicos y culturales a favor de una autonomía que sirviese a los intereses de los trabajadores, obreros, profesionales, pequeños y medianos propietarios de negocios, e intelectuales. Este documento conecta claramente con la creciente participación del MCA en el movimiento asturianista que reivindicaba el Bable en las escuelas y que supuso el comienzo de una gran campaña popular en favor de la autonomía.

En el invierno de 1976 a 1977,  tuvo lugar un cambio cualitativo en las demandas de los regionalistas y nacionalistas de izquierda en Asturias. La Transición avanzaba, y sus demandas se concretaron. Comenzaron a manifestarse a favor de un determinado tipo y grado de autogobierno autónomo, mientras poco después, surgía el Bloque de Izquierda, una coalición entre el MCA y dos partidos más pequeños, Reconstrucción Socialista y Oposición de Izquierda. Posteriormente iniciaban conversaciones preliminares sobre la creación de una coalición electoral, Unidad Regionalista para las elecciones generales de 1977 con los miembros de Conceyu Bable, Pedro de Silva y el Partido Socialista Popular, el sindicato cristiano Unión Sindical Obrera (USO), el abogado Antonio Masip Hidalgo[11], el Partido de los Trabajadores de España y los miembros independientes de la izquierda regionalista. Esto culminó el 15 de febrero 1977, en la firma de un manifiesto en el que los participantes (que se denominaron Comité de Gestión) proponían promover la formación de una candidatura de unidad regional.

Sin embargo, al principio de la campaña, el Partido Socialista Popular de Asturias comenzó a tener dudas acerca de si no podría ser mejor para ellos concurrir en solitario a las elecciones generales en Asturias. Finalmente, el PSPA decidió concurrir en solitario a las elecciones generales de 1977, cosechó más de 47.000 votos, pero no consiguió ninguno de los 10 escaños que se disputaban en Asturias. Por su parte, la Unidad Regionalista se quedó con tan solo 12.000 votos. Bien es cierto, que la suma de ambas fuerzas, hubiese dado para conseguir  un escaño. Tras ese primer fracaso estrepitoso del nacionalismo asturiano, Unidad Regionalista se disolvió y no prosiguió, pese a los intentos de varios sectores porque fuera de otra forma.

I. 1. – Adaptación al Estado de las Autonomías

Desde que Unidad Regionalista fracasara en conseguir el apoyo necesario en las elecciones para acceder a las Cortes, y por lo tanto, al Gobierno preautonómico que se designo, los asturianistas estaban forzados a fijar sus esperanzas de un nivel alto de autonomía en la política cultural y lingüística como forma indirecta de presión.

El contenido de la futura Constitución Española se clarificó en el curso de 1978 y después fue aprobado, durante ese mismo año, tanto en Cortes como en referéndum[12]. Esto tuvo el efecto de concentrar las demandas de los grupos nacionalistas y regionalistas, que rápidamente pasaron de reclamar autonomía a pedir la cuota máxima de autogobierno dentro de la estructura del nuevo Estado de las Autonomías. A finales de 1977, el hecho de que a Asturias se le fuera a conceder el Estatuto de Autonomía, era una cuestión en el aire.  Aun así, el borrador constitucional que se debatía en el Congreso ya apuntaba hacia una estructura federal asimétrica, que concedía niveles relativamente altos de autogobierno a las que constitucionalmente se definen como “nacionalidades históricas”. El artículo 151 CE, de autonomía “por la vía rápida”, estaba designado para aplicarse a las tres regiones que vieron aprobados sus Estatutos de Autonomías durante la Segunda República (o Estatuto preautonómico, en el caso de Galicia), y el artículo 143 CE, de autonomía “por la vía lenta” era, en teoría, para permitir a otras regiones alcanzar un nivel similar de autogobierno, pero en un proceso mucho más gradual. El grado futuro de autonomía para Asturias debían decidirlo con negociaciones en el nuevo Consejo Regional (ente preautonómico) entre los cuatro principales partidos según los escaños conseguidos en las primeras elecciones: los socialistas, UCD, los comunistas y AP. Los partidos minoritarios, como el Conceyu Nacionalista Astur, y las asociaciones culturales como Conceyu Bable, estuvieron prácticamente excluidas de las negociones de día a día, aunque hubo un periodo de revisión pública antes de que el borrador se remitiera a las Cortes Generales para ser aprobado como una nueva Ley Orgánica.

Conceyu Bable tuvo una incomprensión fundamental del proceso constitucional. Ya en febrero de 1977, la organización asturianista concebía la construcción del futuro Estatuto de Autonomía como una negociación entre Asturias y el Estado español. Primero, describía el Estatuto propuesto como marco negociador con las demás naciones del Estado y con el mismo Estado, más que como mecanismo mucho más limitado para el traspaso de poder que tuvo lugar y que no sería modificado significativamente hasta 1999[13]. Conceyu Bable siguió apelando a la constitución de una comisión negociadora para el mismo momento en que las demás naciones del Estado español comenzasen la negociación de sus respectivas autonomías.

Parece evidente entonces, que los asturianistas de Conceyu Bable veían la construcción de un nuevo Estado, como un proceso de abajo a arriba por el que cada nacionalidad periférica dentro del Estado español, negociaba su posición dentro del nuevo Estado democrático, descentralizado. Conceyu Bable parecía no darse cuenta de que, las negociaciones que determinarían el contenido estatutario no vendrían de la negociación entre naciones, sino más bien de la negociación entre los partidos políticos que constituyesen los gobiernos provisionales. Así, la autonomía asturiana iba a ser decidida localmente en Oviedo. Aunque parece clave el fracaso de los asturianistas en las elecciones de 1977 y, por tanto, quedarse fuera del proceso, lo es aún más el hecho de que no parecieron darse cuenta de la necesidad de adaptarse rápidamente al nuevo escenario político.

Las organizaciones nacionalistas y regionalistas de Asturias mantuvieron una posición crítica con todos y cada uno de los partidos que debían determinar el contenido de la autonomía asturiana. Y esto pese al hecho de que comunistas y socialistas (estos en gran parte por la absorción del PSP que en la práctica era regionalista en Asturias) fue a favor de la autonomía por la vía rápida para Asturias. Esta visión simplista del proceso político  por parte de los asturianistas, evidencia de forma notable el fracaso de estos en la construcción del Estatuto de Autonomía.

La participación de Xuan Xosé Sánchez Vicente[14] en el nuevo Gobierno como representante del PSOE, fue la excepción más importante a la exclusión general de los asturianistas de la construcción del nuevo Estatuto. Justificando su decisión de quedar como una parte de un bloque regionalista minoritario dentro de un PSOE antirregionalista, antes que marcharse al nacionalista CNA, como hicieron algunos de sus antiguos compañeros del PSP, Sánchez Vicente fue nombrado presidente de la Comisión Cultural de la Diputación Provincial. Desde esta posición, fue capaz de negociar la inclusión de los derechos lingüísticos en el nuevo Estatuto de Autonomía, lo que supuso un factor decisivo para la posterior creación de la Academia de la Llingua Asturiana y, supervisó un presupuesto para subvenciones culturales. Xuan Xosé Sánchez Vicente y otros políticos regionalistas del PSOE formaron una minoría, y estos éxitos crearon a menudo una gran oposición dentro de su propio partido. Esto conllevó el abandono progresivo por parte de muchos de sus miembros regionalistas, como el propio Sánchez Vicente.

La incapacidad del PSOE y el PCE para llegar a un acuerdo acerca de la presidencia del Consejo Regional, llevó de nuevo a la UCD a ocuparla en 1978. Desde esta posición, la UCD ejerció un poder enorme sobre el desarrollo del proceso de autonomía asturiano y limitó la extensión de la misma a cuestiones mínimas.

Afortunadamente para los asturianistas y sus esperanzas de presionar al Gobierno preautonómico para asegurar la protección oficial y promoción de la cultura y la llingua asturiana en el nuevo Estatuto de Autonomía, la implicación del CNA en el ataque al Banco Herrero todavía no se conocería hasta que el Estatuto estuvo casi completado, y a menos de un mes antes de que el borrador final se remitiera a las Cortes Generales (21 de abril de 1980). Así, mientras las revelaciones del nacionalismo asturiano más extremista causaban el rechazo mayoritario de la población asturiana, no tuvieron efecto alguno en las negociaciones sobre el Estatuto o la posición de Asturias en el nuevo Estado, que dependió, como ya se ha apuntado, de la negociación entre los principales partidos (UCD, PSOE, PCE y AP).

La actitud de la UCD era de vital importancia, totalmente en contra de una autonomía expansiva para Asturias a través del artículo 151 CE. Esto, efectivamente, demoró el comienzo del proceso de autonomía, donde el acuerdo inicial en busca de un Estatuto de Autonomía no se produciría hasta el 11 de enero de 1979, cuando socialistas y comunistas cedieron y acordaron un gobierno de consenso y la autonomía por la vía lenta del artículo 143 de la Constitución. La redacción del documento fue firmada por la llamada Comisión Redactora del Anteproyecto del Estatuto de Autonomía, formada por 24 representantes, no por toda la asamblea en su conjunto. Los miembros salieron de los cuatro partidos políticos con representación parlamentaria en las Cortes Generales. Cada partido tuvo asignados seis asientos en la comisión.

Con Unidad Regionalista sin representación y Sánchez Vicente excluido de la Comisión, sólo Pedro de Silva figuraba con una posición regionalista entre los 24 miembros escogidos el 25 de junio de 1979. De todas formas no pertenecía a la Comisión Técnica, más pequeña (también llamada la “Comisión de los Ocho”) que estaba a cargo del borrador inicial del documento, y que no lo elaboró hasta el 3 de noviembre. Por su parte, el primer borrador de la Comisión de los Veinticuatro no se terminó hasta el 17 de diciembre de 1979, con los miembros de la Coalición Democrática (liderada por AP) votando contra el documento, pero con la aprobación de los otros tres partidos. Por un periodo de 27 días después de la aprobación del borrador (entre el 19 de diciembre de 1979 y el 13 de enero de 1980) el texto del Estatuto fue expuesto a revisión y comentarios públicos. Este periodo propició una oportunidad única para que los asturianistas realizasen sus postulados públicamente antes de la formación de un Gobierno autonómico. Se convirtió así en una oportunidad para que los que fueron excluidos del proceso de autonomía, aireasen sus quejas por la naturaleza cerrada del proceso, en comisiones designadas por los partidos con representación. Los que quedaron fuera tuvieron una crítica importante sobre el carácter no representativo de las comisiones de Veinticuatro y Ocho , que más bien que tener asientos en proporción con la representación de cada partidos en las Cortes, estaban divididos igualmente entre los cuatro partidos, amplificando así las influencia de comunistas y conservadores en el proceso de autonomía.

La mayoría de grupos asturianistas, por otra parte, aceptaron el hecho consumado de la autonomía por la vía lenta, aunque si fue criticada por ellos como la más ruinosa de las posibilidades.

Una cuestión que en el periodo de revisión pública tuvo presencia constante en el debate del Estatuto fue la cuestión del asturiano. Finalmente la llingua asturiana fue incluida como parte de los símbolos principales de identidad asturiana en el Estatuto. El borrador original solo mencionaba el asturiano, al afirmar en el artículo 7, punto 4 del mismo, que Asturias tenía peculiaridades lingüisticas.

II. El nacionalismo asturiano en los años 90

Pese al inicial fracaso en términos electorales, tanto de Unidad Regionalista como del PSPA, y la desaparición de la primera, con la disgregación que esto ocasionó al movimiento asturianista, los años siguientes tuvieron especial trascendencia para el asturianismo a través de la cultura y el asturiano, ámbitos en los que se siguió creciendo, hasta llegar a tener en 1991 representación institucional a través de la Coalición Asturiana.

Manifestación de grupos nacionalistas asturianos de izquierdas.

Coalición Asturiana fue una coalición electoral entre los partidos políticos Unidá Nacionalista Asturiana[15] (UNA) y Partíu Asturianista[16] (PAS) para participar en las elecciones autonómicas de Asturias de mayo de 1991. El cabeza de la lista fue Xuan Xosé Sánchez Vicente, presidente del PAS, que fue elegido diputado autonómico con 14.500 votos, siendo número dos  José Suárez “Felechosa”, de la UNA. Un año después del comienzo de legislatura, y tras una frustrada negociación de fusión entre ambas organizaciones, se rompió la Coalición Asturiana con un cruce dialéctico entre los líderes de ambas, José Suárez “Felechosa” de la UNA y Xuan Xosé Sánchez Vicente del PAS, llegando a pedir a Sánchez Vicente la renuncia al acta de diputado, y disolviéndose la UNA al poco tiempo. En las siguientes elecciones el PAS se presentó en solitario en 1995 y Sánchez Vicente conservó el escaño.

La ruptura de la Coalición Asturiana dio lugar a un sentimiento general de frustración y desilusión que impregnó el nacionalismo asturiano de izquierdas durante la década de 1990. Esto era en gran parte resultado de la forma en que Unidá Nacionalista Asturiana se desintegró de forma efectiva después de las elecciones de 1991 y sirvió como un punto importante de inflexión en el interior de la historia del asturianismo político. Esta fragmentación de aproximadamente la mitad del asturianismo en una serie de partidos más pequeños invirtió la tendencia hacia la consolidación de un movimiento y estableció un ciclo de división política y reestructuración que caracterizaría el nacionalismo asturiano durante los siguientes años.

Conclusiones

El tema fundamental en la historia del movimiento nacionalista asturiano ha sido la reivindicación de los derechos de las minorías en los sistemas democráticos basados en el principio de mayoría. Ahora bien, ¿cómo deben los grupos minoritarios (lingüística, étnica, política, sexual, racial, cultural, o cualquier otra variedad) interactuar con los Estados en los que residen? ¿Hasta qué punto deben los sistemas de derecho y el gobierno  proteger explícitamente tales diferencias? España ha luchado desde la Transición con la pregunta de si un Estado heterogéneo es más democrático.

El nacionalismo asturiano (como todos los movimientos) articula una serie de aparentes contradicciones. Esto, en parte, permite que muchos de sus objetivos sean vagos, quizá una característica necesaria de este tipo de movimientos subestatales que tienen que apelar a un sector de la población lo más amplio posible. Es un movimiento que tiene, abarcado un movimiento cultural celta, pero al mismo tiempo centrado en sí mismo en el renacimiento de una lengua romance. Es un movimiento que ha tratado al mismo tiempo de ser tradicionalista y ultra-moderno.

Los Asturianistas son parte de un movimiento nacionalista que vive en la nostalgia de un pasado idealizado, llamando a la recuperación y protección de sus especificidades locales con la intención de frenar las fuerzas de la globalización cultural y económica y del estado-nación moderno.

El movimiento legitima sus reclamos basándose en los derechos culturales, en parte, con la edad de la lengua. Por otra parte, el nacionalismo asturiano es un movimiento basado en las diferencias étnicas y culturales que históricamente se han identificado con toda su militancia de izquierdas, con la larga tradición de internacionalismo. Al mismo tiempo, esta asociación de los años de la oposición anti-franquista ha persistido, con varios grupos asturianistas e incluso elementos dentro del propio Partido Comunista (en la década de 1990) en adaptar el modelo marxista de la lucha de clases y su aplicación a una lucha entre naciones, lenguas y culturas. Así, en esta construcción ideológica, los asturianos suponen el papel del proletariado como protagonistas, con el Estado español como opresivo y hegemónico gobernante del bloque capitalista. Resumiendo, esto a menudo se presenta como un conflicto, no como un concurso entre personas o grupos de personas, sino entre las lenguas.

En el caso asturiano destaca la lucha entre un grupo minoritario como un colectivo argumentando a favor de sus derechos comunales y un Estado capitalista avanzado que quiere gobernar a través de sus relaciones entre los ciudadanos individuales. Los Estados modernos, casi por definición, tratan de monopolizar los lazos comunes de sus ciudadanos; un tipo ideal de un estado-nación sería la única comunidad política a la que un miembro sentiría como suya. Las diferencias étnicas y lingüísticas son potencialmente problemáticas a cualquier Estado-nación, y tienen empleado históricamente diferencias estrategias para hacer frente a la variación interna.

El movimiento de renovación cultural y lingüística asturianista nunca se convirtió en una fuerza constante en la política nacional o regional, pero esto no fue a causa de un sólo factor predominante (ya sea estructural o estratégico). Más bien, una serie de tendencias que han mantenido a el nacionalismo asturiano desde siempre realmente en un movimiento cultural y lingüística relativamente marginados. Si la identidad alternativa ofrecida por los asturianistas nunca convenció a un gran número de asturianos a participar activamente en la política nacionalista, tampoco estuvo totalmente sin espacio dentro de la sociedad asturiana. Así, el movimiento nacionalista en Asturias ha sido débil, pero tiene un lenguaje y un marco ideológico que diferentes grupos han utilizado para legitimar sus demandas en los recursos y los empleos de la región.

El asturianismo ha demostrado periódicamente la capacidad de atraer a relativamente amplios sectores de la sociedad asturiana, y aplicar una presión significativa sobre los partidos mayoritarios del Estado español, causando, al menos, reajustes menores de la estructura del Estado de las Autonomías. Lo más destacable ocurrió durante finales de la década de los 70 y mediados de la de los 90. Sin embargo, el movimiento asturianista ha sido incapaz de mantener sistemáticamente esta presión política, por razones tanto internas del asturianismo, como otras que escapan a su control.

En la transición, la política cultural asturianista se aprovechó de una estructura política en cambio. La historia de la oposición antifranquista asoció conceptos ampliamente populares como democracia y libertad con regionalismo, recuperación cultural y modelo político descentralizado en los años que siguieron la muerte de Franco. Este contexto político ayudó a Conceyu Bable en su campaña por una mayor autonomía para Asturias y un mayor reconocimiento lingüístico para el asturiano, especialmente en la enseñanza.

Por su parte, el Partido Socialista se apropió de casi todo el espacio electoral existente que mediaba entre el PCE y la UCD. Incluso más que en el resto de España, la Federación Socialista Asturiana (FSA) fue capaz de captar el voto moderado junto al voto de los sindicatos socialistas, resultando clave la hegemonía que el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA) tuvo en la industria asturiana.

La unidad y disciplina del PSOE contrastó con la fragmentación del movimiento asturianista. No era casualidad que dos de los periodos de mayor influencia y potencial político de asturianismo fueran momentos de relativa unidad política bajo la coalición electoral Unidad Regionalista en 1977 y el gran movimiento ciudadanos construido alrededor de Izquierda Unida de mediados a finales de los 90. Buena parte de la historia del nacionalismo asturiano se caracterizar por la existencia de una amalgama de partidos, grupos ya iniciales, muchos de los cuales echaron bien de tiempo luchando unos contra otros. La consecuencia de dividir el voto lingüístico en cada elección, las campañas y lobbies políticos, fue la pérdida de efectividad y la ignorancia por parte de los estamentos políticos de sus demandas. Cualquiera que estuviera a favor de un mayor control local de impuestos o de un bilingüismo en Asturias, encontraba durante el periodo de 1977 a 1999 una cantidad inmensa de partidos que decía defender el interés del pueblo asturiano:  CNA, Unidad Regionalista,  ENA, XNA, PAS, UNA, Coalición Asturiana, AA, IAS, Lliga Asturiana, INA, BIA, URAS, BA y la nueva UNA (Zimmerman, 2011: 373).

En los últimos años, existieron intentos persistentes entre un sector de la izquierda lingüística de unificar el movimiento, lo que tuvo como resultado la creación de Unidá, una coalición entre Izquierda Asturiana (IA) y una facción de Andecha Astur (AA) (denominada Andecha Nacionaliega tras un litigio por el nombre del partido), y posteriormente la recuperación del nombre del partido histórico de Unidá Nacionalista Astur (UNA), después de que los grupos se fusionasen en 2008 dentro de una federación de partidos. También participaría en ambos procesos Asturianistes por Nava (ApN), que a su vez eran un partido surgido de una escisión del PAS en 1999.

El nuevo partido entró a su vez en una coalición con el Bloque por Asturies (BA) que había renunciado en 2010 a su coalición con Izquierda Unida. Esta coalición entre UNA-BA conseguiría cinco concejales en las elecciones municipales de 2011 y en las autonómicas obtendría el mayor número de votos de la historia para una coalición electoral nacionalista asturiana de izquierdas, con 6.337 votos (1,05% de los votos válidos totales). Esta coalición desembocaría en la formación de Compromisu por Asturies en 2012, de la que Izquierda Asturiana se descolgaría, en un nuevo caso de fragmentación política, para finalmente coaligarse con IU de cara a las elecciones municipales y autonómicas de 2015, y posteriormente junto a esta, formaría parte de Unidos Podemos en las elecciones generales del 26 de junio de 2016. Precisamente, con el surgimiento de Podemos a nivel nacional, Compromisu decidió integrarse en el partido liderado por Pablo Iglesias. Por lo tanto, y a excepción de grupos testimoniales, en términos electorales, el nacionalismo asturiano carece a día de hoy de un proyecto político propio.


Notas

[1] “Las definiciones de nación van desde las que se centran en factores ‘objetivos’ como el lenguaje, la religión y las costumbres, el territorio y las instituciones, hasta aquellas que simplemente enfatizan los factores ‘subjetivos’, tales como las actitudes, las percepciones y los sentimientos.” Cf. SMITH, A. D., Nacionalismo: teoría, ideología, historia. Madrid, Alianza Editorial, 2004, p. 25.

[2] El concepto francés de nación y de nacionalismo está comúnmente relacionado con la nación electiva de Ernest Renan. A su vez, el concepto alemán de nación y de nacionalismo cultural se relaciona con los postulados de Johann Gottfried Herder y de Johann Gotlieb Fichte.

[3] Aunque a menudo se emplea indistintamente, el término asturiano o bable, considerase este último en la actualidad como despectivo (aunque no era el caso en los años 70). Desde mediados de los 80, casi nadie de dentro de los movimientos de recuperación cultural o nacionalista se refiere a la llingua asturiana como bable, y casi invariablemente se opta por asturianu, asturiano, llingua asturiana o simplemente la llingua. Los medios de comunicación, así como los políticos alejados del asturianismo fueron reacios al cambio, pero este cambio de nomenclatura es palpable desde los 90.

[4] A lo largo de las diferentes fases (borrador, anteproyecto, proyecto), resultó esta una cuestión muy debatida, en la que se propusieron otras denominaciones como Consejo Regional de Asturias, Junta General del Principado, Asturias, que, incidiendo en aspectos institucionales o geográfico, no llegaron a fructificar, sobre todo, porque podían dar lugar a confusiones.

[5] Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, abogado, político y escritor. Fundador y líder de Democracia Socialista Asturiana (DSA), miembro del Partido Socialista Popular de Asturias (PSPA), miembro del PSOE, diputado en el Congreso de los Diputados (1979-1983). Presidente de Asturias (1983-1991).

[6] El Partido Socialista Popular (PSP) fue un partido político español. Fue fundado en ambientes universitarios en 1968 con el nombre de Partido Socialista del Interior (PSI), adoptó su nombre definitivo en 1974. Su presidente era el profesor universitario Enrique Tierno Galván. En 1978 se integró en el PSOE. Se definía como marxista y se presentó a las elecciones generales del 15 de junio de 1977 en coalición con varios partidos integrantes de la Federación de Partidos Socialistas bajo la denominación Unidad Socialista.

[7] El Movimiento Comunista (MC) fue un partido político español activo desde principios de los años setenta hasta 1991, año en que se unió a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). La organización unificada duró un año y medio. Desde el comienzo se definió como un partido revolucionario con el objetivo último de alcanzar una sociedad comunista. Inicialmente, se identificó con las ideas de Marx y de Lenin, y en la década de 1970, especialmente en la primera mitad, se adhirió al maoísmo. A partir de la segunda mitad de los años ochenta fue reconsiderando críticamente el valor de la ideología marxista y se mantuvo independiente de las distintas corrientes comunistas internacionales.

[8] Conceyu Nacionalista Astur (CNA, Concejo Nacionalista Asturiano) fue el primer partido político nacionalista asturiano, con actividad entre 1976 y 1981. Lo crearon jóvenes nacionalistas asturianos decididos a romper con la tradición política asturiana y a ofrecer una alternativa nacionalista asturiana y rupturista al proceso de reconstrucción estatal durante la transición, reclamando para Asturias un tratamiento similar al dado a Cataluña o al País Vasco. Entre los fundadores estaban Xosé Lluis Carmona, Enrique Cuenca, el cantante Carlos Rubiera, Dubardu Puente, Pepe Fernández Alonso, Xesús Cañedo Valle, miembros del Conceyu Bable y David Rivas. Su secretario general fue Anxelu Zapico.

Durante su existencia no logró ningún éxito electoral, e incluso algunos militantes serían detenidos bajo acusación de colaborar con ETA político-militar en el asalto al Banco Herrero de Oviedo aunque el partido emitió un comunicado poniendo de relieve que en ningún momento supo que las personas detenidas en Asturias hubieran tenido participación en los hechos que se les imputaban y eludiendo como partido político toda responsabilidad. En 1981 se disolvió. De sus cenizas surgieron otras organizaciones nacionalistas, como Unidá Nacionalista Asturiana.

[9] Conceyu Bable fue una asociación asturiana que tenía como objetivo la recuperación y dignificación del idioma asturiano.

[10] Asturias Semanal. Revista fundada en 1969 que se asociaba con la oposición democrática.

[11] Masip Hidalgo, Antonio. Abogado. Miembro del Frente de Liberación Popular (FELIPE) y del Movimiento Comunista de Asturias. Candidato número dos por Unidad Regionalista en las elecciones de 1977. Se unió al PSOE y fue Consejero de Educación, Cultura y Deportes (1982-1983) en el gobierno preautonómico. Alcalde de Oviedo (1983-1991). Diputado en la Junta General (1983-1987). Eurodiputado (2004-2014).

[12] Aprobada en las Cortes el 31 de octubre de 1978, por referéndum público el 6 de diciembre y firmado por el Rey Juan Carlos I el 27 de diciembre. Entró en vigencia con su publicación en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre de 1978.

[13] Ley Orgánica 1/1999, de 5 de enero, de reforma de la Ley Orgánica 7/1981, de Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias.

[14] Sánchez Vicente, Xuan Xosé. Político y escritor. Fundador de Conceyu Bable, miembro de la Academia de la Llingua Asturiana. Miembro de Democracia Socialista Asturiana, el PSPA, el PSOE y jefe de la Comisión de Cultura del Gobierno Preautonómico (1979-1981). Fundador y presidente del Partido Asturianista (PAS). Parlamentario en la Junta General del Principado de Asturias por el PAS (1991-1999).

[15] Unidá Nacionalista Asturiana fue un partido político  asturiano que surgió de la unión, en 1989, de dos organizaciones nacionalistas de izquierda: Ensame Nacionalista Astur (ENA) y Xunta Nacionalista Asturiana.

[16] El Partíu Asturianista (PAS) es un partido político de Asturias de carácter “asturianista y de progreso” según sus propios estatutos. Fue fundado en 1985 por Xuan Xosé Sánchez Vicente, Xabel Tuñón, Xesús Cañedo, Carlos Rubiera y otros.


Bibliografía

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-García Cárcel, R. La herencia del pasado. Las memorias históricas de España. Madrid: Galaxia Gutenberg. 2011.

-Llera Ramo, Francisco José. Los asturianos y la lengua asturiana: estudio sociolingüístico para Asturias 1991. Oviedo, Principado de Asturias. Servicio Central de Publicaciones, 1994.

-Llera Ramo, Francisco, and Pablo San Martín. II estudio sociolingüístico de Asturias 2002. Oviedo, Academia de la Llingua Asturiana, 2003.

-Núñez Seixas, Xosé Manoel. Los nacionalismos en la España contemporánea (Siglos XIX y XX). Barcelona, Hipotesí, 1999.

-San Martín Antuña, Pablo. La nación (im)posible: reflexiones sobre la ideología nacionalista asturiana. Oviedo, Trabe, 2006.

-Sánchez Vicente, Xuan Xosé. Crónica del Surdimientu (1975-1990). Oviedo, Barnabooth, Editores, 1991.

-Viejo Fernández, Xulio. La formación histórica de la llingua asturiana. Oviedo, Ediciones Trabe, 2003.

-Vilareyo y Villamil, Xaviel. Los ámbitos de la Nación Asturiana. Gijón, Espublizastur, 2008.

-Zimmerman, Patrick, “Faer Asturies: Linguistic Politics and the Frustrated Construction of Asturian Nationalism, 1974-1999”. Carnegie Mellon University, 2011.


*Actualizado en julio de 2016.

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Eduardo Bayón (Gijón, 1986), es politólogo y abogado. Graduado en Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la UNED; Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, así como Experto Universitario en Relaciones Institucionales y Protocolo. Especializado en comunicación política, sistemas políticos, partidos y asuntos electorales. Es además colaborador habitual en diferentes medios de comunicación, escritos y radiofónicos.

2 comentarios sobre “El nacionalismo asturiano: historia de un movimiento político frustrado

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