La credibilidad en política

MIGUEL ÁNGEL PÉREZ | El ejercicio de la política requiere una serie de actitudes para poderla desempeñar. La credibilidad es una de las más importantes porque la política es abiertamente pública.

Las virtudes que son necesarias para la política como la coherencia o la comunicación, así como la parte ética que se exige como la integridad y la honorabilidad, conjugadas constituyen la credibilidad. Esta es por tanto el conjunto de valores, posiciones y trayectoria de un político que le hacen aparecer verídico ante la gente.

La credibilidad es imprescindible en cualquier político, va unida a él siempre y le permite que tanto el electorado como la sociedad lo consideren un político válido. Podrán estar en su contra sus adversarios y los que no compartan su ideología pero será un político viable.

Perder la credibilidad es incluso más fácil que perder prestigio. Basta una contradicción evidente, una mentira que sale a la luz o una mala acción. Resulta casi imposible recuperarla porque confiar de nuevo en alguien que te defrauda y que lo tenias como ejemplo es muy difícil. Una vez perdida es el principio del fin de un político y muchas veces directamente supone el final de una carrera política.

Los políticos sin credibilidad no van a ninguna parte. Nadie los toma en serio, sus posiciones no cuentan con apoyos firmes, no se les presta atención y sus trayectorias dejan de avalarles.

En nuestro momento presente se vive un gran flujo de información. La conexión es altísima entre la gente y la información, se generan más noticias, las actualizaciones y la salida a la luz de cosas es mucho más probable,…Los políticos están por ello más expuestos y deben tener más preocupación por mantener su credibilidad. Tienen que reaccionar a las nuevas informaciones consiguiendo mantener una línea coherente con sus posicionamientos llevados hasta la fecha y no ser pillados en contradicciones.

Mantener la credibilidad no sólo se consigue con virtudes y reaccionando coherentemente a la actualidad informativa, sino también creando un vínculo de confianza con la gente que le permitirá cierto margen de maniobra en caso de tener un pequeño traspiés. La evolución de la credibilidad es la confianza y gracias a ella el político puede desarrollar más posiciones teniendo más apoyos y mayores opciones de victoria.

Los partidos políticos también necesitan credibilidad pero afortunadamente para ellos tienen grandes ventajas sobre los políticos; Representan la ideología de un sector del electorado y pueden renovarse, además les es más difícil perder la credibilidad. En cambio el político dentro de un escenario de partidos políticos lo tiene más complicado porque es fácilmente prescindible, pues del partido saldrá otro político que represente ideológicamente al electorado y con una trayectoria aceptable que lo sustituya.

Evidentemente cuanto más arraigo, historia, votantes, cuadros y organización tenga un partido más fuertemente será pudiendo ser más resistente a pérdidas puntuales de credibilidad así como a la caída en desgracia de sus políticos. Se concluye por tanto que la política es un escenario que exige pureza de credibilidad, eliminando al político y manchando a los partidos si no logran mantener el nivel de pureza.

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Miguel Ángel Pérez

Estudiante de Relaciones Internacionales y colaborador en Baab al Shams (centro de estudios de la región MENA) así como en diversos medios, además tiene un blog donde analiza principalmente cuestiones internacionales; www.bitacoramap.weebly.com

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Un comentario sobre “La credibilidad en política

  • el 24 Abril, 2016 a las 6:30 pm
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    Para el ejercicio de la política, más que la actitud, lo que se requiere es aptitud: la capacidad e idoneidad que posee un individuo para ejercer un cargo. Sin embargo la actitud: es la voluntad o disposición que posee un individuo para realizar una determinada actividad.
    El político carece de cualidades morales, al contrario, se sitúa justamente en el lado opuesto: el vicio. También carecen de lealtad, honor y por lo tanto no son creíbles. No son creíbles, porque se han puesto al servicio de los partidos políticos y han vulnerado la voluntad popular. Se rigen por la ética dictada por los partidos lo que les lleva a perder sus valores, principios e ideales; se pierde la confianza, la ética no es exigible a nadie. En ocasiones ha sido cooperador necesario para la comisión de actos contra la población civil, que podrían ser constitutivos de Delitos Económicos de Lesa Humanidad.
    Los partidos políticos no cumplen lo que la Constitución exige: son instrumento de la voluntad del pueblo, al contrario, son instrumento de los poderes facticos. Se amparan en la legitimidad de las urnas con el propósito de ocultar sus actividades y buscar su impunidad. Lo único que se les puede acreditar es la inscripción en el registro de partidos.

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