El rol de las nuevas tecnologías en la primavera árabe

ANNA-CLARA MARTÍNEZ | Muchos han visto en el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, especialmente en Internet, una gran oportunidad para mejorar o reivindicar los sistemas de representación y de gobierno en los estados modernos. Internet se ha erigido como una buena fuente de información para la formación de los participantes políticos, reivindicando en no pocas ocasiones la participación ciudadana en el marco de un gobierno participativo.

Uno de los ejemplos más ilustrativos del poder que puede llegar a tener Internet y las redes sociales ha sido la primavera árabe. La característica que unió a todas las revoluciones acontecidas en diversos de los países árabes en 2010 fue el papel importante desempeñado por las nuevas tecnologías. Es por ello que incluso se llegó a hablar de “Revolución Facebook” o de “Revolución Twitter”. Gracias a la circulación fluida y horizontal de la información entre miles de internautas, fracasaron todos los intentos de control del flujo de información. Además, los medios convencionales se hicieron eco de la cuestión, una vez se percataron de lo que estaba sucediendo en las Redes Sociales. Los movimientos se organizaron y estructuraron en el ciberespacio y, después, ello se plasmó en la calle; se tradujo en revolución.

Internet permitió a los ciudadanos encontrarse, intercambiar opiniones, saber si eran un grupo grande o se trataba sólo de unos cuantos, conocer hasta qué punto el resto de individuos estaba también comprometido. En definitiva, preparar lo que después sucedería en las calles: la Primavera Árabe.

De hecho, la inmolación del joven tunecino Mohamed Buazizi, vendedor ambulante de 27 años que el 17 de diciembre de 2010 se prendió fuego a lo bonzo y marcó el inicio de esta nueva etapa en los países árabes, conllevó todo un movimiento local de protesta convocado por la telefonía móvil y las redes sociales que poco tardó en expandirse rápidamente por los medios de comunicación de todo el país, alcanzando las principales ciudades y la capital (Vega Fernández, 2013:40). Ello da pie a que, de una acción individual, se susciten una serie de reivindicaciones políticas y que, a la postre, la cuestión local devenga nacional para, posteriormente, convertirse en internacional. Todo ello fue resultado claro los nuevos actores de la era de la globalización.

Asimismo, en este entorno, el Partido Pirata Internacional desempeñó un papel crucial durante la revolución árabe, sobre todo en Túnez, pues ayudó a fundar el Partido Pirata Tunecino en septiembre de 2010 y permitió que miles de internautas pudiesen liberarse de la vigilancia gubernamental a través de la distribución de programas que eliminaban la censura existente y protegían al internauta de un eventual pirateo.

Además, Internet se erigió como un canal de apertura al mundo para que ciudadanos de todos los países supiesen qué estaba ocurriendo en Túnez, en Egipto, en Libia, entre otros. Internet permitió que la información traspasara las fronteras nacionales y la voz internacional se hiciese eco de la cuestión. De lo contrario, probablemente los sucesos acontecidos hubiesen pasado más desapercibidos. En este contexto, tal y como apunta Óscar Hermán (2013:77), Internet brindó un espacio libre para el diálogo acerca de la necesidad del cambio político y la condena de la corrupción gubernamental, utilizando las nuevas tecnologías para realizar ataques a la imagen de los gobiernos existentes.

A día de hoy es muy difícil negar la relación existente entre las nuevas tecnologías y el estallido de las revueltas árabes. La expansión de la denominada “revolución 2.0.”, en palabras de Algora Weber (2014:170) se ha convertido en la forma que tienen las sociedades de ejercer su cuota de poder.

La utilización de las nuevas tecnologías ha influido también en la capacidad de movilización de determinados colectivos como los jóvenes o las mujeres; permitiendo así una mayor expresión que, en algunos casos, era prácticamente nula o inexistente. Un ejemplo claro lo pudimos constatar en los países del Golfo y la alta participación de las mujeres en Arabia Saudí, en Bahréin y las conocidas como “manifestaciones relámpago” o en Yemen y la gran movilización de jóvenes y también de las mujeres (López, 2014:14).

Es más, el rol que han desempeñado estos grupos minoritarios ha sido crucial. Por un lado, los movimientos juveniles han emergido como una nueva fuerza social a tener en consideración. Cobran así un acentuado protagonismo y se contraponen a las tradicionales formas de oposición política encarnadas en partidos, agrupaciones políticas, tribus o movimientos islamistas, tal y como expone Alou Forner (2014:24). Los desequilibrios en la formación educativa, la distribución social de la riqueza, los niveles de desempleo, de infraestructuras y de servicios entre las zonas rurales y las principales ciudades provocaron el surgimiento de estos movimientos sociales de mayoría juvenil, formados por jóvenes en situación de desempleo y por otros bien formados con deseos de cambios pro occidentales en la política (Victoria de Ayala, 2013:223).

En los países del Golfo y Yemen, junto con Túnez y Egipto, es donde más se han podido constatar estos hechos. Por otra parte, y como ya adelantábamos en el párrafo anterior, el papel de las mujeres también es digno de destacar; tanto en países como Kuwait o Bahréin, donde ya existía una tradición reivindicativa y participativa de la mujer, como en países donde las restricciones de carácter político, religioso, social y cultural eran latentes (Arabia Saudí). Los nuevos medios de comunicación y las redes sociales tipo Facebook, YouTube o Twitter han sido empleadas como mecanismo por estos colectivos, empleando un lenguaje en las mismas que ha sobrepasado fronteras hasta entonces muy respetadas. No obstante, la inmediatez y el debate en tiempo real, así como la gran agilidad en la transmisión de la información, la amplificación e intensificación de los debates, han permitido efectuar una buena difusión de convocatorias de actos, manifestaciones, acampadas…: la plaza de la Perla en Bahréin y la plaza Tahrir en El Cairo son algunos de los ejemplos.

La respuesta de los gobiernos, sin embargo, no se hizo esperar. El endurecimiento de la legislación ha sido un hecho constatado. En palabras de Alou Forner, era fundamental la preservación del buen nombre de los gobernantes y una de las prioridades era evitar la difusión de mensajes que incitasen a la “división y al odio intersectario”, en referencia a las tensiones ya existentes entre la población suní y chií (2014:25).

A pesar de ello, los gobiernos también se han visto obligados a la cesión de determinadas prerrogativas ante la presión de los mencionados colectivos. Un ejemplo ilustrativo fue lo sucedido en Kwait, pues los jóvenes denunciaron las elecciones primarias celebradas por las tribus para llegar a acuerdos y así aumentar su representación en el Parlamento, o bien los jóvenes islamistas que reclamaron un rol más plural del Movimiento Islámico Constitucional.

Sin embargo, dichos procesos poco obedecían a factores yihadistas o ideologías extremistas, tal y como ha acabado sucediendo en algunos de los países de Oriente Medio y África del Norte como Siria o Libia. Factores de índole política, económica y social fueron los desencadenantes de las también denominadas “revoluciones 2.0”, alejados de la ola de tóxica de mensajes fundamentalistas que las tiñe a día de hoy (López, 2014:10). De hecho, algunos ya apuntaban, desde hace tiempo, al secuestro de los procesos por parte de poderes ocultos cuyo objetivo era aprovechar la debilidad de las prácticas democráticas en estos países e introducirse en el control de los gobiernos. De hecho, conviene traer a colación el contraste existente entre los grupos iniciales de manifestantes, la mayoría de los cuales eran jóvenes con anhelo de cambio político, y los beneficiados políticos en última instancia, los partidos políticos de propiedad islamista con cierta radicalidad o sin ella (Victoria de Ayala, 2013:224).

Aún así, sea cual sea la culminación y el final de todo el proceso no puede negarse, bajo ningún concepto, que las revueltas árabes han sido la primera revolución de mases de la sociedad del siglo XXI.

Así pues, hemos comprobado que la forma de tratar la política en los medios de comunicación ha ido evolucionando, hasta alcanzar lo que a día de hoy conocemos como política 2.0.

Gracias a Internet, hemos visto cómo miles de personas se han puesto de acuerdo para crear movimientos sociales que, o bien han acabado en revoluciones, como la Primavera Árabe, o bien se han consolidado en la creación de partidos políticos como Podemos.

La reducción de las distancias y la velocidad en la comunicación son algunos de los elementos que han permitido que la política también se haya instaurado en la red y que las noticias se expandan cada día a millones de internautas. La sociedad ha hallado en Internet un medio con el que reivindicarse, manifestarse y poder hacer llegar su voz más allá de las fronteras nacionales.

Bibliografía

ALGORA M. D. (2014): “Las transiciones de la “Primavera Árabe” en Marruecos, Argelia y Jordania”, en Evolución del mundo árabe: tendencias. Cuadernos de Estrategia 168. Ministerio de Defensa. Madrid.

ALOU G. (2014): “Tendencias en la península arábiga desde comienzos de la Primavera Árabe”, en Evolución del mundo árabe: tendencias. Cuadernos de Estrategia 168. Ministerio de Defensa. Madrid.

HERMÁN, O. y MARTÍ, J.J. (2013): Las sociedades ante el reto digital. Icono 14. Madrid.

LÓPEZ E. (2014): Evolución del mundo árabe: tendencias. Cuadernos de Estrategia 168. Ministerio de Defensa. Madrid.

MARGOLIS, M. y MORENO-RIAÑO, G. (2009): The prospect of Internet democracy. Ed. Farnham Asgate.

VEGA E. (2013): “Desarrollo de los procesos políticos en el Magreb”, en Monografías 133. Análisis y evaluación de la estabilidad del Magreb. Ministerio de Defensa. Madrid.

VICTORIA DE AYALA, C. (2013): Monografías 133. Análisis y evaluación de la estabilidad del Magreb. Ministerio de Defensa. Madrid.

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Anna-Clara Martínez Fernández

Licenciada en Derecho (Universidad Pompeu Fabra), licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, Máster en Abogacía (Universidad de Barcelona) y Máster en Política y Democracia (UNED). Actualmente, trabajando de abogada especializada en derecho administrativo y colaborando en distintas publicaciones. Tiene especial interés por los temas de comportamiento electoral y de educación.

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