La larga marcha hacia el 26-J

ANTONIO GUTIÉRREZ | La vanguardia de los partidos políticos ya están abrillantando sus corazas para una nueva contienda en la que los líderes cargan con un desgaste ideológico y electoral de cuatro meses de conversaciones, acuerdos, traiciones y líneas rojas. El fracaso ante el encargo que el electorado hizo a los parlamentarios de la XI Legislatura ha resentido el espíritu de consenso que anidaba nuevamente y tan característico de la Transición.

La batalla que dejamos atrás no ha dejado ningún vencedor claro. Ninguno de los contendientes sale victorioso de un campo que, más que caracterizado por el talante y la altura de miras, ha venido caricaturizado por formas impropias de la distinción propia de la responsabilidad del servicio público, por escasos sacrificios en aras de un gobierno alternativo y por una “americanización” de la política hasta convertir las Cortes en un show.

Esta legislatura se despide con un partido mayoritario que no ha conseguido apoyos suficientes para revalidar el gobierno; más por su poca disposición a hacer concesiones o sacrificios. Y, por otro lado, por una oposición muy fragmentada que, pese a tener en sus manos el número suficiente de escaños como para formar ese “gobierno alternativo” que tanto aclamaban, ha sido incapaz de consensuar un gobierno que permitiera salir de una noche de tregua en mitad de una batalla de desgaste. El Partido Popular, consciente de que no contaba con los apoyos suficientes, no se planteó siquiera presentar a su candidato, Mariano Rajoy, a la confianza de la Cámara, cosa que sí hizo el PSOE, en un claro error desde mi punto de vista. Con esa acción Pedro Sánchez dejó en manos de la voluntad de las Cortes su futuro político, a sabiendas de que iba a caer sobre su cabeza el frío acero de perder dos investiduras. Esta acción, que parte de la ciudadanía encasilla como la obsesión de Sánchez por alcanzar el poder o hasta la insinuación de que el líder socialista ha vendido su alma al diablo por conseguir La Moncloa, y que él mismo justifica en la responsabilidad que el Jefe del Estado depositó en él ha frustrado su única opción de ser Presidente del Gobierno en esta ya acabada legislatura. Debería haber esperado pacientemente a que el PP, como partido vencedor de los comicios de diciembre, se desgastase ante su imposibilidad de formar gobierno ante la actitud férrea de no apartar a su candidato, pese a estar cuestionado por gran parte de la ciudadanía y único requisito que otras fuerzas pedían para consensuar con ellos. En ese panorama, en un último intento de formar gobierno y salir de la desconfianza que ya afectaba a los mercados, Pedro Sánchez hubiera visto reforzadas sus probabilidades de encabezar un gobierno.

Por otra parte, Podemos ha protagonizado un espectáculo que en ocasiones se ha calificado de “show”, “postureo” o, desde lo políticamente correcto, populista. Desde un primer momento, distintos miembros de su grupo han sido foco de atención por las irrespetuosas formas para con la alta magistratura que asumían, que más que “humanizar” la política como ellos escudaban, han vulgarizado más aún el descrédito de la Política española. Al igual que el Partido Popular y, pese a discrepancias internas (que han acabado en conflictos y dimisiones), han sido incapaces de ceder en sus “líneas rojas” que han supuesto el fracaso del proyecto del gobierno del cambio.

Ciudadanos, en su interiorización del espíritu de la UCD o, para los aficionados a las series televisivas, podrían relacionar con la serie de política danesa Borgen ha sido un protagonista principal junto con el Partido Socialista en este intento de formar gobierno, pero que sin duda no le va a salir barato. Al igual que su otro compañero de pacto, se ven en la tesitura de salir reforzados de un diálogo intenso que por un tiempo dibujó algún hálito de esperanza, a la vez que en esta nueva contienda se verá afectado por la marcha de votantes de su ala más liberal que no han aceptado el pacto alcanzado con el PSOE.

Sin duda, tanto Ciudadanos como el Partido Socialista Obrero Español, han asumido el riesgo de que su paso al frente a la hora de asumir la responsabilidad de formar gobierno, les pueda pasar factura entre sus votantes en los nuevos comicios.

En resumen, los aparatos de los partidos ya han enviado a afilar sus aceros y afinan su palabra para conseguir una posición fuerte desde la que el diálogo permita un consenso parlamentario que saque al país de un gobierno en funciones con una vida ya demasiado larga. Esperemos, que en esta nueva batalla, el dardo de la palabra sea más certero y España gane la batalla en esta larga marcha hacia la formación de un nuevo gobierno.

The following two tabs change content below.

Antonio Gutiérrez

Antonio Gutiérrez Guijarro (Baena, Córdoba) es estudiante de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Articulista y representante estudiantil. Europeísta, crítico y comprometido políticamente. En defensa de la democracia y la educación.

Latest posts by Antonio Gutiérrez (see all)

2 comentarios sobre “La larga marcha hacia el 26-J

Deja un comentario

¿Te gusta Debate21?

Queremos explicar la realidad de un modo distinto.

¿Nos sigues?