La igualdad del voto: el posible encaje del modelo electoral alemán en España

ANNA-CLARA MARTÍNEZ | Nuevamente estamos en campaña, momento en que casi todos los partidos aprovechan para efectuar promesas y más promesas. Algunas –las que menos-, se cumplirán, otras quedarán guardadas en el baúl de los recuerdos para ser rescatadas en los próximos comicios.

Entre aquellas propuestas que llevan años reivindicándose, sobre todo por los partidos minoritarios, y que todavía no han podido llevarse a cabo, destaca el debate que gira en torno a la modificación de Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (en adelante, LOREG) y más concretamente en relación al replanteamiento del sistema electoral regulado en el Capítulo III de la precitada ley.

Izquierda Unida y UPyD, por razones evidentes, han sido los dos partidos que más han reivindicado la igualdad del voto, así como el cambio de sistema electoral. A ellos, ahora se suman las dos fuerzas emergentes: Podemos y Ciudadanos. Lograr una igualdad del voto se aviene algo complejo, pues nos encontramos ante un tema clasificable como de “red abierta”, esto es, que se caracteriza por la participación de una amplia pluralidad de actores que, por consiguiente, acarrea un difícil consenso.

Aun así, los dos ejes vertebradores del eventual nuevo sistema electoral son claros: debe garantizar la máxima proporcionalidad y representatividad posible. Así pues, un acercamiento hacia el modelo electoral alemán sería, a priori, el mejor camino a seguir. Sin embargo, la aplicación de dicho sistema en España presenta también varios puntos débiles. Analicémoslos.

El sistema electoral alemán es de carácter mixto; combinando la elección parlamentaria con la elección proporcional, de modo que, al tiempo que asegura una representatividad territorial, asegura también una proporcionalidad.

El Parlamento Federal Alemán –Bundestag– lo conforman un mínimo de 598 diputados. La mitad de los diputados (299) son elegidos a través de elecciones directas uninominales, donde queda representada cada circunscripción electoral en el Bundestag. Es justo en esta votación donde los grandes partidos son los que tienen más posibilidades de ser elegidos; en detrimento de aquellos partidos minoritarios.

En cuanto a la otra mitad de los diputados, estos se escogen mediante elecciones proporcionales en listas nacionales cerradas. Aquí, los pequeños partidos cogen fuerza y aseguran su representación en el Bundestag, pese a que sea necesario superar la barrera del 5% del total de los votos o haber obtenido un mínimo de tres circunscripciones en las elecciones directas. Este voto es el que marca la representación de los partidos dentro del Bundestag.

Llegados a este punto, el sistema electoral alemán parece sencillo, pero es en el momento de contabilizar los resultados, mediante la combinación de ambas votaciones, donde surgen las complicaciones y su dificultad queda de manifiesto. En función de los resultados obtenidos, se produce un ajustamiento de la futura representación de cada partido en el Bundestag:

  • Si un partido político obtiene más escaños en representación proporcional que directa, conserva siempre los resultados obtenidos en la primera votación, en la directa. Además, los resultados obtenidos en la proporcional se restan a los directos y la diferencia se suma al total de escaños obtenidos en la votación directa; siendo completados los candidatos por el orden establecido en las listas cerradas que habían sido confeccionadas para las elecciones proporcionales.
  • Si un partido político, por el contrario, obtiene más escaños en representación directa que en proporcional, el nombre de diputados en el Bundestag viene determinado por los obtenidos en la votación directa. En este caso, no se realiza ninguna corrección. No obstante, aquí es cuando entran en juego los denominados escaños “excedentes” –Überhangmandate- y el nombre de diputados mínimos del Bundestag, 598, puede aumentar.
  • En caso de obtener el mismo número de diputados en la votación directa y en la proporcional, tampoco se efectúan correcciones.

De esta manera, podemos comprobar cómo, efectivamente, este sistema electoral prima la proporcionalidad y la representatividad. No obstante, han surgido conflictos en torno a los Überhangmandate puesto que cada vez son más los escaños que se le añaden al Bundestag y ello puede acarrear el ejercicio de una serie de estrategias electorales por parte de los grandes partidos para asegurar más representatividad en el Bundestag; de manera que se produzca una corruptela en el sistema. De hecho, el año 2008, el Tribunal Constitucional alemán –Bundesverfassungsgericht- falló en pro de la corrección de esta anomalía del sistema, pero debido a la falta de consenso en el Bundestag, la reforma del sistema electoral todavía no ha sido aprobada.

El sistema electoral alemán es catalogado como el sistema más proporcional que existe en Europa. Es capaz de luchar contra el bipartidismo y lograr una cámara en la que los partidos minoritarios tengan cabida, pero sin que ésta esté muy fragmentada (cabe recordar aquí el umbral del 5% exigido).

Asimismo, los restos no se pierden; únicamente aquellos de los partidos que no consiguen sobrepasar la barrera del 5%. El resto, se computan como votos útiles.

Además, ello favorece la creación de coaliciones gubernamentales, pues los partidos minoritarios consiguen ser decisivos en la formación de las mismas.

Verdaderamente, podríamos adoptar este modelo en España. Ahora bien, sería complicado efectuar un buen encaje del mismo en nuestra sociedad, pues la cultura política española dista mucho de la alemana, es decir, al producirse un giro del sistema electoral tan brusco, probablemente se acabaría provocando una desafección en relación al mismo.

Otro problema, lo hallamos en las listas electorales que deberían confeccionarse para las votaciones proporcionales. ¿Listas cerradas, abiertas o desbloqueadas?

Si la finalidad es combatir la desafección y dirimir las distancias entre la clase política y la ciudadanía que provocan las listas cerradas, a la vez que combatir el populismo que podrían generar las elecciones abiertas, parecer ser que la mejor solución es abogar por unas listas desbloqueadas. Ahora bien, aspectos como la paridad y la igualdad de género no quedan tampoco resueltos con este tipo de listas.

Finalmente, muchos de los votos acabarían por convertirse en tácticos o votos útiles para los partidos minoritarios, que enfocarían su campaña electoral únicamente en las segundas elecciones, las proporcionales.

Y, así como se ha mencionado la ruptura del bipartidismo como aspecto positivo, en caso de una excesiva fragmentación de la cámara, o de una poca entente para formar coaliciones, la estabilidad parlamentaria y de gobierno se vería claramente afectada.

Por tanto, la aplicación en bloque del sistema electoral alemán no es viable en España. No obstante, sí que se pueden extraer los valores que prioriza: la proporcionalidad y la representatividad.

The following two tabs change content below.

Anna-Clara Martínez Fernández

Licenciada en Derecho (Universidad Pompeu Fabra), licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, Máster en Abogacía (Universidad de Barcelona) y Máster en Política y Democracia (UNED). Actualmente, trabajando de abogada especializada en derecho administrativo y colaborando en distintas publicaciones. Tiene especial interés por los temas de comportamiento electoral y de educación.

Deja un comentario

¿Te gusta Debate21?

Queremos explicar la realidad de un modo distinto.

¿Nos sigues?