Los puentes de Madison o el porqué las encuestas quizás no se equivocaban

JAIME RODRÍGUEZ | El votante español es como Meryl Streep en Los Puentes de Madison, su marido Mariano es un buen tipo, se conocieron de pequeños, no es el mejor esposo del mundo, pero tampoco es el peor, ella conoce sus defectos y le molestan, sobre todo cuando ve que muchas veces no hace todo lo posible por corregirlos, pero en el fondo le aporta seguridad y confort. Sabe que a su lado no va a tener una vida ideal, pero le asegura estabilidad. Hace poco llegó al pueblo un hombre que se llama Pablo, es profesor de la complutense, es joven, inteligente y conquista con la palabra, representa todo lo que ella ha soñado desde que era niña. Le promete una vida mejor a su lado y parece bastante creíble y convincente pero lo cierto es que es casi un desconocido ¿Qué hacer? ¿Lanzarse a los brazos del amor prohibido o apostar sobre seguro?

Aun a riesgo de spoilear a los que no hayan visto la película, leído el libro o visto los resultados del 26J les diré que para encontrar respuesta a la pregunta de Meryl se puede recurrir a las declaraciones que hizo hace unos años Arturo Perez Reverte en el programa Salvados. El escritor venía a decir que lo primero que harían muchos españoles si empieza la revolución sería mirar donde tienen aparcado el coche. La interpretación de los resultados electorales difícilmente tiene otra lectura ya que no se puede explicar desde un trasvase de votos lógico entre fuerzas de similar ideología y no es de extrañar que los análisis de los resultados electorales traigan de cabeza a los expertos en ciencias políticas de todos los partidos.

Tabla 1

La realidad es que muchos españoles apoyaban la revolución y estaban en la manifestación indignados y dispuestos a hacer cualquier cosa para cambiar el sistema, las empresas demoscópicas los contaron con una precisión probablemente mayor que la de cualquier delegación del gobierno, pero fue entonces cuando comenzaron a sonar las sirenas de la policía en forma de Brexit y sorpasso y muchos de los que gritaban empezaron a bajar la voz y salieron corriendo a buscar sus coches para aparcarlos en un lugar seguro.

Las sirenas sonaron y sonaron fuerte, quizás más fuerte de lo que ninguno llegásemos a suponer. Todos tenemos la sensación de que la irrupción en plena campaña electoral de los terribles atentados del 11M fue decisiva para que se produjese un vuelco electoral en las generales de 2004 y quizás no tengamos la sensación de que un hecho de similar importancia haya ocurrido el pasado 26J, pero lo cierto es que las diferencias entre los resultados que se estimaban y los definitivos no son tan diferentes.

Tabla 2

La sensación que sienten los revolucionarios al oír la sirena es similar a la que tiene el personaje de Meryl Streep cuando el de Clint Eastwood le pide que lo deje todo para marcharse con él y se llama miedo. El miedo es muchas veces irracional y las reacciones ante el mismo inesperadas e imprevisibles y por tanto imposibles de evaluar. Al intentar explicar lo irracional uno se siente como ante un problema de física cuántica, la lógica preestablecida deja de funcionar y nos movemos en un plano de realidad paralelo en el que las fuerzas que solían ordenarlo todo empiezan a difuminarse. Así nos encontramos aparentes intercambios de votos entre fuerzas antagónicas, grandes abstenciones en partidos aparentemente ganadores o votantes que acuden a las urnas cuando nadie los esperaba.

En definitiva, lo cierto es que ahora Pablo vaga triste y sin rumbo fijo mientras golpea su camioneta en medio de la tormenta frustrado por lo que pudo ser pero no fue mientras Mariano ha vuelto a casa y siente que su mujer le quiere más que antes. Mientras tanto la verdadera historia de los amores prohibidos del pueblo español ha quedado olvidada en un baúl para siempre en forma de encuesta.

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Jaime Rodríguez

Jaime Rodríguez (Trelles, Asturias, 1986), es Ingeniero Técnico en Obras Públicas por la Universidad de Cantabria, e Ingeniero de Caminos por la Universidade da Coruña, donde actualmente reside. Amante de la política desde joven, se considera enemigo de la demagogia y la falacia.

4 comentarios sobre “Los puentes de Madison o el porqué las encuestas quizás no se equivocaban

  • el 28 junio, 2016 a las 2:36 pm
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    No estoy de acuerdo con la reflexión, las encuestas para ser creíbles tienen que estar bien hechas, me explico:
    ¿Que valor tiene una encuesta que se hace por internet, cuando la mayoría de los votantes no usan la red?
    ¿Porqué acierta la del Gacetin de Madrid? ¿Porque eran entrevistas en la calle?
    ¿Con 1000 contestaciones se pueden extrapolar los datos de diputados para 50 circunscripciones? ¿ Que salen a 20 entrevistas por cada una?
    Pero la explicación es muy simple hacer las encuestas vía web es muy barato y rápido y el margen de negocio es grande ¿Cuantas personas se necesitan? ¿Cuanto tiempo lleva? Así se hacen todas las encuestas que sean necesarias y los beneficios son inmensos.
    Lo mejor de toda la historia es que en vez de reconocer que no estáis haciendo bien vuestro trabajo es culpar a los ciudadanos de vuestra incompetencia
    Para terminar una aportación para mejorar el negocio, hacer las encuestas lanzando un dado, sólo se necesita un dado en la tienda de todo a un euro compran muy baratos y no se necesita personal, una hoja que vale una reciclada del Alimerka para apuntar los resultados y un bolígrafo Bic, la calculadora del móvil y ¡a cobrar!

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    • el 28 junio, 2016 a las 3:47 pm
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      Lo primero como veo que utilizas la segunda persona del plurar para referirte a los encuestadores te diré que no tengo nada que ver con ese negocio.
      Para continuar te diré que tienes razón en un sentido, las encuestas preelectorales no están para describir la realidad en el momento de ser realizadas si no para estimar los resultados de las elecciones y en ese sentido si que han sido un tremendo fracaso. Ahora bien, todas las encuestas serias, no realizadas via web, coincidian en que la intención de voto directo a UP era muy alta, en alguna llegaba al 18% (UP obtuvo un 21,1). La intención de voto directo no es algo subjetivo y cuando coincide en absolutamente todas las encuestas es dificilmente negable que está describiendo una realidad que aunque no se cumplió existió. Al menos esa es mi opinión.

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  • el 9 julio, 2016 a las 3:23 am
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    Yo añadiría el voto de la vergüenza. O la vergüenza de Meryl Streep ante sus vecinos o la comunidad en la que vive a irse con su amante. Esa vergüenza explica que la gente mienta en las encuestas. Por supuesto, el miedo ha sido clave, y el Brexit también ha influido.

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