El camino del PSOE hasta aquí

JORGE MÉNDEZ MERA | Tras haber tenido dos convocatorias electorales recientemente, no cabe ninguna duda de la crisis institucional que vive nuestro país, en tanto no es nada fácil conseguir el apoyo mínimo de 176 diputados, como le ocurrió a Pedro Sánchez y actualmente a Mariano Rajoy para lograr la investidura. En el caso de Mariano Rajoy, tiene una situación bastante más favorable ya que ha subido 13 escaños en tan solo 6 meses, los que separan el 20D y el 26J, además de que él ya ha sido Presidente durante 4 años. En cambio, Pedro Sánchez tiene bastantes más problemas, que precisan un análisis profundo de la crisis que vive el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde el inicio de la crisis económica.

En primer lugar, la piedra angular de su crisis es que el PSOE tradicionalmente ha sido considerado como el partido de la “discrepancia” en el que puede haber díscolos en las propias filas que no siempre responden con actos de fe ni van a misa con lo que diga el líder de cada momento. En tiempos de Felipe González el liderazgo estaba más que consolidado, al igual que en los de José Luis Rodríguez Zapatero también lo estaba, aunque bastante menos que el primero. ¿A qué se debía este hiper-liderazgo? El principal motivo de esta cuestión es que ambos fueron Presidentes del Gobierno cumpliéndose esa premisa casi científica que confirma que el PSOE solo goza de tranquilidad cuando está en el Gobierno y en tiempos de dificultades y de oposición los díscolos se hacen oír más a través de la prensa, antes escrita y radiofónica, televisiva y ahora también digital.

Cuando se habla de crisis en el PSOE no cabe ninguna duda sobre los momentos a los que hay que referirse: Josep Borrell, Joaquín Almunia, Alfredo Pérez Rubalcaba y sin ninguna duda el actual Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez. Todos ellos tuvieron, y ahora Sánchez tiene, una dificultad muy grande porque tenían que demostrar en el seno de la Ejecutiva y del Comité Federal de su partido por qué debían seguir apoyándoles cuando la sociedad les había dado la espalda quedando detrás en escaños y en votos del Partido Popular.

En primer lugar, Josep Borrell consiguió ganar las elecciones primarias del PSOE el 24 de abril de 1998 para la elección de candidato a la Presidencia del Gobierno en las Elecciones Generales del año 2000. Consiguió el 55% de los votos y, por tanto, de forma ajustada derrotó a Joaquín Almunia. Su partido, por entonces en la oposición frente al primer Gobierno de José María Aznar hizo lo imposible para que esos resultados cambiaran y prueba de ello fue el anuncio del 14 de mayo de 1999 en el cual Josep Borrell anunciaba su renuncia dando su confianza a Joaquín Almunia quien tenía bastantes más apoyos silenciosos en la dirección federal, al tiempo que dos de los colaboradores de Borrell, cuando era Secretario de Estado de Hacienda, se encontraban en un escándalo, nada más y nada menos que de fraude fiscal. Esto último no le ayudó nada, como se pueden imaginar, a sostenerse en el PSOE como líder.

Por otro lado, el caso de Joaquín Almunia, su suerte no fue mucho mejor que la de su predecesor. No fue necesario tan siquiera cuestionar su liderazgo posterior a las Elecciones Generales del año 2000 porque presentó su dimisión la noche electoral tras sacar 7.918.752 votos (34.16%), los peores resultados del PSOE desde 1982, consiguiendo 125 diputados que dejaban a su partido en una situación dura, poniendo a debate así una larga hegemonía del PSOE como partido de la izquierda, que con Felipe González llegó a tener extraordinarios resultados como el de 1982 (202 escaños), 1986 (184 escaños), 1989 (175 escaños). Sin embargo, dimitió ante unos resultados que no ponían en cuestión el liderazgo del PSOE en el panorama de la izquierda ya que Francisco Frutos consiguió solo 8 escaños fruto de los 1.263.043 votantes de Izquierda Unida (5.45%) que representaron el mayor fracaso (hasta entonces) de la política practicada por Julio Anguita, su predecesor, que llegó a tener 18 escaños en 1996 y 21 escaños en el año 2000 y a pesar de intentar hacer la pinza a Felipe González en su momento junto con José María Aznar y después tratar de volver a ser el ético líder, solo consiguió el éxito para éste último y la caída de él mismo como mito “intelectual” y el de Felipe González como Presidente del Gobierno.

En tercer lugar, Alfredo Pérez Rubalcaba no tuvo ni mucho menos más fortuna que sus compañeros socialistas que le precedieron. Para empezar, tenía que cargar con los resultados electorales de las Elecciones Municipales y Autonómicas del año 2011 en los cuales el PSOE del que era líder José Luis Rodríguez Zapatero se podrá sentir poco orgulloso, puesto que ahí empezó su caída definitiva en lugares como Madrid, que les va a impedir gobernar tanto la Comunidad como la Capital hasta 2025 como mínimo. Rubalcaba todavía no era candidato, pero era casi evidente que iba a ser él la persona que hiciera de andamio para que la caída del PSOE no fuera aún mayor de la que fue el 20 de noviembre de 2011. Por tanto, Rubalcaba sufrió los malos resultados de la última etapa de Zapatero y los suyos propios, ambos asumidos desde el momento en el que aceptó ser candidato a la Presidencia del Gobierno frente a Mariano Rajoy, a pesar de que iba a perder claramente.

Llegado el día 20 de noviembre de 2011, Rubalcaba cosechó el peor resultado de la historia (hasta ese momento) del PSOE, sacando 7.003.511 votos (28.76%) que le daba 110 escaños frente a los 169 que consiguió Zapatero en 2008 a través de 11.289.335 votos (43.87%). Es decir, Rubalcaba fue el mártir de la gestión de la crisis del Gobierno de Zapatero, entre otras cosas, porque estaba en el Consejo de Ministros y la estrategia seguida por otros partidos era que no podía mejorar España quien había estado en ese Gobierno. Después de este fracaso electoral sin paliativos se presentó al Congreso Federal del PSOE contra Carme Chacón y ganó de forma muy ajustada, sabiendo perfectamente que su cargo de Secretario General del PSOE era de transición y que él ya no tenía más futuro en la política, salvo intentar solventar un PSOE en el que rugían nuevas voces sin experiencia que gozaban de poca sensatez, por no decir ninguna.

Durante los dos siguientes años recibió críticas muy duras desde Federaciones bastante poderosas como la de Madrid, a través del entonces Secretario General del PSOE madrileño (PSM), Tomás Gómez, quien dijo abiertamente en muchas ocasiones que debía echarse a un lado. Finalmente, tras muchos errores Rubalcaba cometió el último como Secretario General: avalar como cabeza de cartel a las Elecciones Europeas de 2014 a Elena Valenciano, quien fracasaría con 3.614.232 votos (23.01%) consiguiendo 14 escaños de 54 que le pertenecían a España. Su predecesor Juan Fernando López Aguilar había conseguido 5 años antes 6.141.784 votos (38.78%) y por tanto se confirman dos hechos con estos datos: el PSOE había cambiado y la abstención en las Europeas siempre ha sido bastante alta.

Estos resultados vinieron a confirmar aquello que Alfredo Pérez Rubalcaba tenía en mente: dimitir. Así fue. Semanas después un desconocido Pedro Sánchez vencía a Eduardo Madina y a José Antonio Pérez Tapias,  y comenzaba un nuevo liderazgo que iba a ser diferente al de sus antecesores.

En primer lugar, Podemos había conseguido unos resultados que jamás habría podido imaginar Izquierda Unida y al tiempo que subían como la espuma en las encuestas decían que querían destruir al PSOE y por ello Pedro Sánchez tenía un problema muy serio, al tener que confrontar con el PP y con Podemos. Tras un caluroso verano de 2014 y sin vacaciones comenzó el nuevo curso político alejado de la finura previa, en el cual Podemos se hizo un hueco en los medios de comunicación y arremetió gravemente contra el PSOE y su nuevo líder. Éste en lugar de plantar cara, como habrían hecho Felipe González, Alfonso Guerra o Alfredo Pérez Rubalcaba ignoró ese movimiento y eso sería su primer error como Secretario General, al tiempo que Susana Díaz comenzaba a ser crítica con su gestión del partido. Sin embargo, 2015 no sería más fácil para él. En febrero de ese año fulminó a Tomás Gómez, bastante nombrado en la prensa, por las presuntas irregularidades del Tranvía de Parla y por la “descomposición orgánica” del Partido en Madrid que les llevaba a unos resultados “desastrosos” en Madrid. Esto dejaba al PSOE en una situación crítica a un mes de las Elecciones Andaluzas anticipadas en las que Susana Díaz ganó abiertamente y a 100 días de las Elecciones Autonómicas y Municipales de mayo de 2015, en las cuales se sostuvieron, pero perdieron votos nuevamente. Se conformó con seguir siendo el 2º a nivel nacional, aunque sus tacticismos en Madrid, por poner un ejemplo de sus errores, le hicieran a Antonio Miguel Carmona quedar el 3º tras haber sido ignorado su partido en campaña electoral por no haber compartido la decisión de Pedro Sánchez de montar una Gestora en Madrid tras la destitución de Tomás Gómez, cuyo sustituto, Ángel Gabilondo también perdió las elecciones a pesar de ser el gran as que tenía en la manga para ganar en Madrid.

Una vez que llegó al 20D, el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, sacó su peor resultado, obteniendo 90 escaños procedentes de 5.530.693 votos (22.01%). Pedro Sánchez supo que lo que le aguardaba si no conseguía gobernar en coalición era la salida de la Secretaría General y por ello buscó el apoyo de Ciudadanos y otras fuerzas para conseguir ser Presidente en minoría y conservar su liderazgo como lo hicieron González y Zapatero siendo Presidentes sin que se les cuestionara a viva voz. Para su desgracia fracasó en la investidura y volvimos a votar el 26J donde sacó 85 escaños y 5.424.709 votos, aunque el porcentaje de voto fue superior al del 20D (22.67%). Dado que ahora ya no tiene ninguna posibilidad de presidir el Gobierno de España tiene un problema muy serio en tanto, si vamos a terceras elecciones o si Rajoy consigue formar Gobierno, Pedro Sánchez tiene los días contados como Secretario General, salvo que consiga en unas hipotéticas terceras Elecciones Generales arrastrar a votantes de Podemos y Ciudadanos concienciando del voto útil para que haya un partido que realmente sea una alternativa al PP.

Por todo ello, el PSOE está como está. Si no se sostienen Gobiernos llueven las críticas e internamente no se respetan ni entre ellos, lo cual indica que deben reflexionar sobre su planteamiento como partido y renovar el discurso hacia la militancia y hacia la ciudadanía. En caso contrario no volverán a ser un partido de 11 millones de votantes.

The following two tabs change content below.

Jorge Méndez Mera

Estudiante de Derecho y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid (Getafe). Participación en numerosos Torneos Escolares de Debate (TED). Ex-formador de debates en el Colegio Obispo Perelló. Miembro de la Sociedad de debates de la Universidad Carlos III y Juez de debates acreditado por Anexa. Interesado en análisis político, ideologías, partidos políticos, Historia, Economía, Sociología y Educación

Latest posts by Jorge Méndez Mera (see all)

Un comentario sobre “El camino del PSOE hasta aquí

  • el 9 Agosto, 2016 a las 4:33 pm
    Permalink

    Un artículo muy interesante. Efectivamente, en el PSOE tienen que reflexionar. Deberían haberlo hecho ya hace tiempo. Lo peor es que su crisis interna repercute en la vida de personas que no son del PSOE. A ver si te leen, se enteran y actúan bien.

    Respuesta

Deja un comentario

¿Te gusta Debate21?

Queremos explicar la realidad de un modo distinto.

¿Nos sigues?